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jueves, 17 de mayo de 2012

Antichrista

En ocasiones abrir las páginas de un libro supone asomarse al precipicio, dejar entrar el horror y permitirnos el lujo de deleitarnos con ello. Algo así es lo que ocurre cuando comenzamos a leer Antichrista de Amélie Nothomb, uno de los últimos libros que he terminado. Como me ocurrió con Diario de Golondrina y, tal y como parece ser la tónica general de las obras de esta autora, el libro es muy breve. Su escritura fluida nos mete de lleno en la historia que nos narra hasta hacer que disfrutemos de su lectura como si de un relato se tratase: de una sentada y sin despegar las pestañas de las hojas que tenemos ante nosotros.

Antichrista es la pesadilla de cualquier adolescente, al menos de los que sean como Blanche, la jovencita de 16 años, tímida, apocada, aficionada a la lectura y con escaso don de gentes, que comprueba a su pesar el resultado que obtendrán sus  intentos por entablar amistad con Christa, una chica de su edad que también comienza ese año sus estudios universitarios y que es su antítesis; atractiva, atrevida hasta llegar prácticamente al descaro, Christa es el centro de atención de sus compañeros y pronto lo será de los padres de Blanche. En cuanto esta última la invite a pasar la noche en casa, deseando evitarle el pesado trayecto en tren que la lleva cada mañana desde su pueblo hasta la ciudad donde cursa los estudios de políticas, descubrirá cuán fácil es quedar atrapada en una vorágine de autodestrucción. Christa desplazará a Blanche hasta robarle el cariño de los autores de sus días, tornándola en invisible —más aún de lo que ya era— a ojos de sus compañeros, familiares y amigos. Además, no desperdiciará en ningún momento la oportunidad de recordarle cuánto le debe y lo desagradecida que es ante sus “atenciones”.

En cierto modo, la historia me ha recordado la figura del famoso cuco. Los cucos depositan sus huevos en las nidadas de otros pajarillos que se encargarán de criar a su pollo en detrimento de los propios, bien porque nazca antes y arroje los huevos aún sin eclosionar de las avecillas parasitadas, bien porque por su tamaño y el irresistible encanto de su colorido pico se vean obligados a cebar sin límite al parásito, hasta dejar morir de hambre incluso a sus propios pollos. Christa es así, ofrece su mejor imagen ante quienes desea controlar y descubre su lado oscuro únicamente a aquellos que son más débiles y que nada pueden hacer para arrebatarle el control. Desgraciadamente, me temo, hay muchas Christas en la vida real, y si bien en esta novela la autora peca a mi parecer de cargar las tintas de maniqueísmo, lo cierto es que no deja de resultar entretenida y deja la puerta abierta a la reflexión.

Más que recomendable, pues, tal y como nos dijeron tiempo atrás Carol o Isi en sus blogs.

¡Feliz lectura!

jueves, 19 de abril de 2012

Diario de Golondrina

Uno nunca es tan feliz como cuando encuentra el medio de perderse.
Últimamente me encuentro bastante disperso; entre el trabajo, la carrera y otras obligaciones autoimpuestas en aras de no convertirme en “basura tecnológica”, lo cierto es que tengo poco tiempo para nada. Eso redunda en un descenso terrible en las entradas de los blogs y en poco tiempo para leer, tal vez lo que más eche en falta. Mi ritmo de lectura ha descendido tanto o más que mi capacidad de concentración, y lo único que ha aumentado es mi insatisfacción hacia lo que escribo. Últimamente todo lo que sale de mis dedos me parece carente de inspiración, inane, sin chispa. De ahí que, aunque tengo varias entradas en la recámara, no me decido a dispararlas. También es el motivo por el cual últimamente estoy intentando leer libros breves, de cien o doscientas páginas, y estoy acariciando la idea de volver a los relatos, a esos cuentos escritos por verdaderos maestros y que tantas satisfacciones me dieron en el pasado.

El último libro que he leído (ayer mismo, en el trayecto de ida y vuelta al trabajo en transporte público) ha sido Diario de Golondrina, de Amélie Nothomb. Había oído hablar mucho y bueno de esta autora francojaponesa, hace tiempo a un gran amigo de cuyo criterio me fio ciegamente y algo después a algunos de quienes este blog frecuentáis. En particular, por las reseñas que ha ido publicando Isi siempre se me antojaron libros interesantes, y cuando fue la autora elegida para leer en Bibliolandia pude al menor conocer vuestras impresiones. Azote tiene algunos de ellos en francés, pero no fue hasta que el otro día, cuando encontré este libro en la biblioteca pública que, finalmente, me hice con algo suyo.


Estamos ante un libro breve, muy breve, aunque esta parece ser la tónica de la autora a la hora de escribir sus novelas; lo hace en cuadernos, siendo esta novela uno de ellos. Si es el caso, lleva a cabo un juego metaliterario más que evidente, del tipo que le gusta a Paul Auster, donde en la autoría de la historia se dan la mano la autora y el protagonista principal. Diario de Golondrina nos acerca a la figura de Urbano, un repartidor de nombre antes desconocido, que tras un desengaño amoroso y una pérdida total de la capacidad de sentir emociones, se convierte en asesino a sueldo que adopta ese nombre.

Nothomb describe la desazón de un personaje que, desahuciado del mundo de los sentimientos, solo encuentra placer en lo extraño, en aquello que le resulta nuevo y desconocido. Siendo así, no es de extrañar que en su afán por encontrar algo que le estimule llegue a aceptar el trabajo de asesino a sueldo. Cuando descubra cuánto le excita arrebatarle la vida a seres desconocidos se habrá convertido en el más despiadado de cuantos asesinos contrata el ruso Yuri, que ejerce de intermediario entre estos y su desconocido mas omnipresente jefe.

Lo cierto es que el libro me ha gustado, tal vez porque la autora hace gala de su buen oficio con la pluma, aunque la historia parece poco creíble, un poco traída por los pelos, y el final de la novela resulta abrupto, demasiado abierto y con un desenlace previsible. También he leído que Amélie Nothomb suele ser mucho más caustica, más irónica en otros libros. Este, por lo pronto, me ha animado a leer más obras suyas, así que ya os iré contando.

¿Y a vosotros? ¿Qué os parece Nothomb? ¿Y esta obra suya? Contad, contad…