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miércoles, 5 de agosto de 2009

¡Más madera!

Houston, tenemos un problema. Y bien gordo, además. El fin de semana pasado, como ya anunciaba en alguno de los comentarios, Azote ortográfico y yo anduvimos por Valencia porque ella trabajaba en unos asuntos relacionados con la celebración en esta mediterránea ciudad de la Campus Party 2009. Decidiendo optimizar al máximo el escaso tiempo que pasaríamos en la ciudad, y ya que conocía las librerías París-Valencia con anterioridad (gracias a ellas me hice con las Segundas Crónicas de Thomas Covenant a través de Internet), nos pusimos a hurgar en su fondo bibliográfico encontrándonos con alguna que otra grata sorpresa. Así, antes de partir ya teníamos encargada una buena remesa de libros, y aprovechando la mañana del sábado, durante la cual los participantes de la Campus dormían el sueño de los justos (como antítesis del desvelo de la SGAE), aprovechamos para hacer una escapada y conocer la librería en la que debíamos recoger el pedido.

La librería París-Valencia (al menos la que pudimos ver, sita en la calle Pelayo) me recordó a la ya finada librería Urbano de Ocasión de Granada. Estantes hasta el techo, rebosantes de libros en ediciones de saldo, que parecían cerrarse en un laberinto del que con gusto no habría salido en todo el día, el olor a papel cansado, de libros con muchos años a sus lomos, coexistiendo con alguna que otra novedad editorial, un caballero que nos atendió con esmero y trato agradable, una librería magnífica, sin duda alguna.

De la excursión trajimos unos pocos libros. De ahí lo de Houston y la referencia al problema. Y es que aunque pensaba que con mi flamante Papyre iba a conseguir limitar el número de libros que venía comprando al mes, la verdad es que de lo único que he sido capaz ha sido de redirigirme hacia otro sector editorial, obviando un poco las novedades –al menos hasta que se hacen merecedoras de crédito-, y tirando mucho más de librería de saldo o de títulos que me llaman especialmente la atención (fundamentalmente relacionados con la Historia y la Biología).

En cuanto a la “caza” en sí misma, por un lado Azote, que sigue con su afán de aprender catalán, se hizo con una serie de libros de texto de la añorada EGB (Català amb els clàssics) que parecen ofrecer un curioso acercamiento a esta lengua desde la revisión de textos de autores clásicos. También consiguió el libro Contes per Vells Adolescents, de Miquel de Palol, y una hermosísima edición bilingüe (inglés-catalán) en dos volúmenes de una selección de poemas de Ausiàs March, con su estuche grabado y todo.

Por mi parte, me hice con títulos de todo tipo. Desde un ejemplar de El caballero del puente, de Wiliam Watson, hasta la tetralogía de las Nieblas de Avalon, de Marion Zimmer Bradley, pasando por la divertidísima novela de ciencia ficción Estado crepuscular, de Javier Negrete, las experiencias ornitológicas que comparte Tito Narosky en Entre hombres y pájaros, la fascinación por los océanos que plasma Rachel L. Carson (la conocidísima autora de La primavera silenciosa) en El mar que nos rodea, un libro de texto universitario sobre Paleoecología y, por último, la obra teatral A mitad de camino, de Peter Ustinov (exacto, el famoso actor que interpretara de forma extremadamente personal al Hércules Poirot de Agatha Christie, a Nerón en Quo Vadis?, y dirigiera a Sofía Loren y a Paul Newman en una de las últimas superproducciones de Hollywood: la adaptación de la novela de Romain Gary, Lady L).

En resumen, un buen surtido de títulos por poquitos euros, una librería que os recomiendo descubrir, y mucha lectura por delante.

¿Leemos? ¡Adelante!