Últimamente siempre llego tarde. Tarde, como el conejo blanco de Alicia, como los “buenos” en la vida real o como las medidas contra la crisis. Comento tarde vuestras entradas, demoro las mías y respondo cuando puedo a los comentarios. No es algo buscado, ciertamente, aunque la verdad es que todo parece alinearse de forma tal que dificulta que pueda sentarme a escribir unas líneas con tranquilidad. La última sorpresa ha sido el “fallecimiento” de mi ordenador. Un portátil con sus seis añitos de edad que, a pesar de su sufrida existencia (la de horas continuadas de trabajo que habrá vivido el pobre), debería haber durado unos añitos más. Así me hallo, sin ordenador, de prestado, pergeñando a vuelapluma una entrada que saque del hastío al blog –y, por qué no, también a mí mismo- y vuelva a estar operativo después de esta prolongada ausencia.
Lo cierto es que en los últimos meses he leído mucho y poco a un tiempo. Como bastantes de vosotros, imagino, por otro lado. Con los exámenes a la vuelta de la esquina no había otra opción que devorar apuntes y libros de texto y dejar un poco de lado los que nos hacen soñar, aunque sea de otro modo (a pesar de que algunos de aquellos, no estrictamente de texto, sí que querría traerlos al blog en algún momento). Sin embargo, algún libro que otro ha caído y, de unos pocos, no quería dejar pasar la oportunidad de decir algo sobre ellos.
De su último viaje a tierras capitalinas, Azote vino con un libro bajo el brazo. Se trataba del último de Labordeta, que aún figuraba como "preventa" en algunas librerías con presencia en Internet. Ya sabéis por alguna anterior entrada de mi buena disposición respecto a las palabras de este multidisciplinar autor. En Regular, gracias a Dios, hace un recorrido autobiográfico desde su infancia hasta la actualidad, cuando se encuentra luchando contra un cáncer que poco a poco le va minando la salud, e incluso las ganas de vivir en una batalla que arrostra con ánimo preñado de algo de resignación. El libro me gustó mucho, y en cierto modo me recuerda a los diarios de Lorenzo, el personaje de Delibes que nos deleitó como cazador, emigrante y jubilado, aunque en este caso se trate de la vida del propio autor y su prosa, aunque ágil y emotiva, quede algo lejos de la llana elegancia del vallisoletano. Un libro, en cualquier caso, recomendable para quienes gusten de conocer un poco más a fondo a Labordeta y, por qué no, para disfrutar reconociendo o aprendiendo sobre la visión que de España y Aragón tiene este hombre comprometido.
Del blog de Alienor salí, como suele ocurrirme cuando visito la mayor parte de vuestros blogs, con la lista del Plan Infinito engrosada en unos cuantos títulos. Uno de los últimos se adelantó a buena parte de mis lecturas ya que los temas que trata me apasionan y justamente acababa de examinarme de una asignatura muy relacionada con aquellos (Medio Ambiente y Sociedad). Estoy hablando de El desajuste del Mundo, de Amin Maalouf, un libro “muy yo”, como acertadamente afirmaba Alienor en los comentarios a su entrada (¿tanto de mí dejo traslucir por aquí, o soy un pesadísimo contertulio? Je, je, je…). Con un estilo claro, muy didáctico y ameno, Maalouf analiza el “choque de civilizaciones” que se ha producido con más fuerza que nunca en las últimas décadas y el abismo que se abre entre oriente y occidente en nuestros días. Las heridas no sanadas del “socialismo real” y un capitalismo que ha permitido crecer a Europa y EEUU casi sin límite (no más que el de una crisis que con cordura se podría haber evitado) y que empieza a ser el motor de una naciente y, a todas luces, imparable China, nos han alejado de un mundo distinto, que tuvo su momento de gloria pero que ha quedado lastrado por los tabúes, los extremismos y la falta de referencias: el del islamismo. Maalouf nos presenta un panorama estremecedor, donde todos podríamos aprender los unos de los otros ya que, en conjunto, nos complementamos a la perfección pero que, en un ejercicio de alarde de escasa visión, nos empeñamos en agravar con nuestras insalvables diferencias. El desajuste del mundo (Cuando nuestras civilizaciones se agotan) es un ensayo imprescindible, que me ha encantado y cuya lectura recomendaría junto a Colapso, de Jared Diamod, como ejercicio de reflexión sobre el estado de nuestras civilizaciones.
Quienes conviven con un felino saben de sus particulares costumbres, de sus filias y fobias y cómo, a pesar de los pesares, terminan haciéndose con un hueco en nuestro corazón comparable únicamente a lo marcado de su personalidad. Muchos de sus hábitos son heredados, instintivos, y bastante alejados de la percepción que, como humanos (tendentes, además, a humanizar también a nuestras mascotas) tenemos de ellos. ¿Por qué se roza nuestro gato con la pierna cuando llegamos a casa, qué le hace rodar sobre sí mismo y mostrarnos su vulnerable barriga o cuál es el motivo de que “amase” nuestra pierna mientras ronronea y de dispone a tumbarse? Las respuestas a estas y otras muchas preguntas que pueden surgirnos cuando vemos a nuestros mininos nos las ofrece Desmond Morris, el zoólogo, en su libro Observe a su gato, un divertido tratado etológico (absolutamente divulgativo, que no os asuste el calificativo) sobre el gato doméstico.
Quienes conviven con un felino saben de sus particulares costumbres, de sus filias y fobias y cómo, a pesar de los pesares, terminan haciéndose con un hueco en nuestro corazón comparable únicamente a lo marcado de su personalidad. Muchos de sus hábitos son heredados, instintivos, y bastante alejados de la percepción que, como humanos (tendentes, además, a humanizar también a nuestras mascotas) tenemos de ellos. ¿Por qué se roza nuestro gato con la pierna cuando llegamos a casa, qué le hace rodar sobre sí mismo y mostrarnos su vulnerable barriga o cuál es el motivo de que “amase” nuestra pierna mientras ronronea y de dispone a tumbarse? Las respuestas a estas y otras muchas preguntas que pueden surgirnos cuando vemos a nuestros mininos nos las ofrece Desmond Morris, el zoólogo, en su libro Observe a su gato, un divertido tratado etológico (absolutamente divulgativo, que no os asuste el calificativo) sobre el gato doméstico.
Y ahora, os dejo, pendiente de localizar una próxima lectura y con la esperanza de ponerme al día con las entradas (propias y ajenas).
¡Feliz lectura!

