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jueves, 20 de octubre de 2011

Sesión doble de misterio

El verano me llevó de relectura en lectura y, aunque no es mi intención llevaros hasta el hartazgo literario a lo largo de estas entradas otoñales, lo cierto es que sí que quería reseñar algunos de los libros que leí, al menos los más significativos y los que creo que pueden interesar más a los lectores del blog.

Cuando recuperé a Verne quise hacer lo propio con Agatha Christie así que, aprovechando una tarde algo más relajada de lo habitual, estuve releyendo La ratonera (Tres ratones ciegos), la obrita que fuese llevada al teatro hace algo más de 60 años en Londres y cuya representación en España durante este pasado año me perdí lamentablemente en repetidas ocasiones. 


La estaban representando en Madrid durante un viaje que hice a la capital, pero no pude ir al teatro, se me pasó la fecha en Málaga y cuando descubrí que la representaban en Granada tenía adquiridos otros compromisos, así que no me quedó otra opción que recurrir de nuevo al libro para recordar la singular historia de la casa de huéspedes de Mollie y Giles Ralston, Monkswell Manor, y cómo quedaron atrapados durante una tormenta invernal junto a algunos de sus huéspedes.

El mismo día en que inauguran la casa de huéspedes, Mollie y Giles reciben a sus cinco primeros huéspedes, uno de ellos llegado de improviso. Al día siguiente, en plena tormenta, el sargento Trotter de la policía llega a la casa y les indica que entre ellos puede encontrarse el culpable del asesinato de una mujer en Londres. Las sospechas despertarán una desconfianza mutua entre los ocupantes de la casa, atrapados además en un ambiente cerrado y cada vez más claustrofóbico. Conforme se vayan desarrollando los acontecimientos y conociéndose la historia sabrán que entre ellos, además del asesino, puede haber una próxima víctima. ¿Podrá Trotter encontrarla antes que el asesino?

La Dama del Misterio nos deleita con este relato con ínfulas de novela corta, con una historia que se lee en apenas una tarde y que nos descubre la sutileza con la que siempre supo tratar los argumentos de sus historias.

Otra de mis novelas de lectura estival fue El libro de las hojas color naranja. Mi segunda aproximación a la obra de Harry Stephen Keeler no pudo ser más fructífera. Me encantó leer esas aventuras disparatadas a la par que curiosas, capaces de mantenerme enganchado durante una tarde tras otra hasta terminar con el libro.


La historia comienza con la aparición de Stefan Czeszcziczki, rápido calculador matemático de origen polaco, que ofrece sus servicios de cálculo buscando obtener algunos beneficios que le permitan pagar la operación que podría salvar la vida de su mujer, que sufre una grave enfermedad. Como es habitual en Stephen Keeler, y así lo voy descubriendo conforme leo más sobre él y más obras suyas, la historia pasa pronto a mostrarnos otro protagonista; Isberian Jones, reportero fotográfico del Ocean City Evening News, al que se le encarga una misión cuasi imposible. Isberian deberá fotografiar un huevo invisible que permanece expuesto en el escaparate de una vieja tienda, so pena de ser despedido si no lleva la pertinente fotografía a su jefe.

Entretanto hará acto de presencia un curioso libro de hojas de color naranja que aparece partido por la mitad. El libro contiene diversos aforismos orientales que parecen tener poder de adivinación y salvarán de más de un apuro a nuestros protagonistas hasta que, como siempre ocurre en los libros de Keeler, el final llegue a sorprendernos gratamente.

Un par de lecturas repletas de misterio desde dos perspectivas realmente dispares pero igualmente recomendables.

¡Feliz lectura!

lunes, 4 de julio de 2011

Hallad el reloj

Descubrí a Harry Stephen Keeler gracias a la entrada que Enrique Altés dedicó al autor en su interesantísimo blog “Acotaciones de un lector de folletines”. Keeler, autor de pulps, novelas detectivescas llevadas al desenfreno por mor de hilarantes situaciones y tramas imposibles, llamó mi atención de inmediato. Por un lado, su vida no pudo ser más afín a las historias que inventaba: internado en un manicomio durante un año por su madre cuando cumplió los veinte, a la salida del mismo estudió electricidad y empezó a trabajar en una fundición de acero, dedicando todo su tiempo libre a escribir. Llegaría a publicar 37 novelas en apenas 15 años, y muchas de ellas no llegarían a publicarse en inglés pero sí en castellano gracias a la amistad que le unía a su editor español, Reus.

Con semejante currículum (os invito a disfrutar, además de la entrada de Altés, con el artículo que le dedicaron en el Heraldo de Aragón, “Harry S. Keeler, el escritor más bizarro del mundo”) y mi manifiesta afición por la novela popular, pulp, bolsilibresca o paraliteraria, no es de extrañar que me pusiese manos a la obra a fin de encontrar alguna de sus ídems.

Aparte de Noches en Sing-Sing, que ha sido reeditada, el resto de sus libros hay que buscarlos en el mercado de segunda mano. Como resultado de mis pesquisas conseguí hacerme con Hallad el reloj, título que presentaba hace unos días en mi último IMM y que acabé de leer la pasada semana con gran satisfacción. Su argumento en forma de telaraña (el proceso narrativo que el autor definiese como webwork plot) no resulta demasiado enmarañado salvo durante el desenlace, y tendré que leer otros de sus libros para encontrarme con algo similar a la madeja que muestra en La voz de los siete gorriones, por ejemplo.

Hallad el reloj parte de la extraña propuesta del profesor Victor Landrau a Lily, “el lirio de Manchester”, de asumir la personalidad ficticia de la joven Diana St. John y frecuentar el círculo social de cierto hombre. Gracias a ello podrá hacerse con una cuantiosa suma de dinero.

Entretanto, el periodista especializado en sucesos Jeff Darrell, es desplazado de su puesto por la nueva estrella del Call, el diario donde trabaja. Se trata de Marvin Feldock, un insufrible reportero con ínfulas de grandeza que trata despóticamente a sus subordinados. En tanto Feldock conoce la ciudad y establece su red de contactos habrá de ser Darrell, obligado por el draconiano contrato que le vincula al Call, el que tendrá que buscar información sobre los sucesos que acontezcan en la ciudad y redacte la información que será firmada por Feldock.

Será buscando la noticia en el barrio chino cuando llegue a las manos de Darrell un extraño mensaje escrito en un pañuelo depositado junto a un hato de ropa sucia en la lavandería de Foy Yi, más conocido como Napoleón Foy. En el mensaje se explicita que quien lo ponga en manos de Rita Thorne, actualmente en la ciudad, será recompensado con 50 $. Darrell se encarga de hacerlo, intrigado por el mensaje, indicando a la señorita Thorne que sea Foy Yi quien reciba la cantidad señalada. Sin embargo, esta encargará a Darrell que busque cierto reloj mencionado en el texto del pañuelo, perteneciente a un familiar. Y aquí comenzará la aventura para Darrell, una aventura de peligrosas e inciertas consecuencias.

Los elementos que componen Hallad el reloj no pueden ser más sencillos ni tampoco más efectivos cuando se mezclan con sabiduría o cierto toque de locura: el afán de búsqueda de la noticia periodística, los barrios bajos chinos de Chicago, un nazi huido de la justicia, una bella dama en apuros… Mi bautismo en la obra Keeleriana no pudo ser más divertida y, aunque fue llamado el Ed Wood de las novelas de misterio, lo cierto es que algunos de sus recursos narrativos, como los relatos dentro del relato (cual si de una matrioska literaria se tratase) se dan con bastante frecuencia en el cine de hoy día.

Y ya que hago mención al séptimo arte, antes de despedirme señalaré que también la obra de Keeler fue llevada al celuloide. Mientras leía Hallad el reloj vi también la película protagonizada por Bela Lugosi “El misterioso Mr. Wong”, basada en el relato “The Twelve Coins of Confucius”. De bajo presupuesto, discreta en sus pretensiones, resulta, no obstante, entretenida.

En resumen, Harry Stephen Keeler resulta un autor más que recomendable si queremos enfrentarnos a novelas de misterio poco al uso, sin otro objetivo que entretener al lector y ofrecerle un buen rato de diversión. Definitivamente, la lectura ideal para las tórridas tardes de verano.

Notas: