Mostrando entradas con la etiqueta ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ensayo. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de marzo de 2013

Ese desconocido

Se cumplen hoy ciento ocho años del fallecimiento de Verne (Julio, en mis años mozos, y actualmente Jules, de un modo más acertado) y, aunque no siempre menciono en el blog este tipo de efemérides, sí que he considerado necesario recordar al ilustre francés en el día de hoy, cuando coinciden en el tiempo este aniversario y una de las lecturas que tengo entre manos actualmente: La isla de Bowen, un sentido homenaje a las novelas clásicas de aventuras, y muy especialmente a las de Jules Verne. 

“Soy el más desconocido de los hombres”. Así se definía Verne a sí mismo en sus últimos días, de un modo tan acertado como triste. A pesar de la relevancia mundial de su obra y del reconocimiento público a su figura, Verne se sentía un incomprendido, atrapado como estaba por una vida personal con la que no terminaba de estar satisfecho y preso de una vida profesional en la que, a su pesar, no había alcanzado algunas de las metas que había deseado con más vehemencia. Todavía hoy el escritor francés es víctima de los prejuicios y estereotipos que se construyeron en torno a él y, así, resulta frecuente encontrar su obra entre la literatura infantil y juvenil, y no tanto entre la de adulto. Si bien es cierto que el público hacia el que dirigió su editor Hetzel la colección «Viajes Extraordinarios» fue el juvenil, no lo es menos que la obra de Verne se lee con deleite de adulto y con una profundidad que escapa, en muchos casos, a esas primeras lecturas que tantos hemos disfrutado de jóvenes. 

Hay un par de libros que me gustaría recomendaros hoy. El primero de ellos lo leí hace más de veinte años y me fascinó. Me hice con él un Día del Libro, en un puesto que instalaron en el instituto, y su lectura me ofreció una visión mucho más amplia de un autor cuya vida ya había vislumbrado en las biografías que acompañaban, por ejemplo, a los títulos de la colección «Tus libros» de Anaya, todo un referente de buen hacer en aquella época. Estoy hablando de Julio Verne, ese desconocido, de Miguel Salabert, el que fuera traductor de tantas de sus obras al español. En esta obra, Salabert recorre la vida de Verne y gracias a él conoceremos la difícil relación con su estricto padre, Pierre, y su descocado hijo, Michel; su relación con el mar y la navegación, que después estaría presente siempre en su obra; sus inicios teatrales y el despertar de una vocación literaria que terminaría por constituir su modo de vida. Todo ello aderezado con referencias a sus obras, fragmentos de las mismas y reflexiones en torno a las decisiones que tomó Verne (o le fueron impuestas) a lo largo de su vida. 

El segundo título es Sueños de ciencia. Un viaje al centro de Jules Verne, de Jesús Navarro. Este libro fue publicado recientemente, con motivo del centenario de su muerte, y ofrece un merecido acercamiento a la obra del que podemos considerar uno de los mayores divulgadores de ciencia que hayan existido. Porque Verne, en gran parte gracias a las exigencias de su editor, ofreció a los lectores de su época unas obras repletas de vastas descripciones científicas: por sus libros se pasean, como una protagonista más, la física, la química, las matemáticas y, sobre todo, la geografía, la ciencia de moda del siglo XIX. Y aunque algunas de sus argumentaciones hayan podido quedar obsoletas con el paso del tiempo, lo cierto es que en su mayoría estuvieron tan bien fundamentadas que se llegarían a considerar premonitorias, dotando a Verne de un halo de visionario que, en ocasiones, le ha hecho más mal que bien. 

Personalmente, creo que aprovecharé el tirón de La isla de Bowen para releer algunas de las obras de Verne, leer alguna de sus obras menores que tenga pendientes, así como este par de interesantes ensayos sobre su vida y obra, una vez más. Lo último que leí suyo fue, por enésima vez, su obra más magnífica: La isla misteriosa. Una novela que me marcó poderosamente en mi infancia (la leí cuando tenía diez u once años, no más) y que he releído en varias ocasiones desde entonces sin que me deje indiferente en ninguna de ellas. 

Os invito, pues, a recuperar a Verne de la estantería. A acercaros a él con la mente abierta y dispuestos a asombraros una vez más con las aventuras de sus personajes y con la lírica de la ciencia. Porque no hay viaje más extraordinario que el propulsado por nuestra increíble mente, por su poderosa imaginación y por el afán de descubrimiento que nos caracteriza como especie. 

Por último, me gustaría compartir aquí un par de documentales producidos por la UNED: Julio Verne. Por los abismos de la imaginación y Julio Verne. La fascinación de la aventura.

¡Feliz lectura verniana!

martes, 22 de enero de 2013

Biografía de Thoreau


Uno de los últimos libros que leí antes de que acabase 2012 fue la biografía de Thoreau escrita por Antonio Casado da Rocha y que, editada por Acuarela Libros, está disponible para su descarga gratuita ya que ha sido publicada según los términos de la licencia libre Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.0. 
All good things are wild and free.
Afirmar que leí con gusto el libro sería quedarme corto en la descripción de lo que resultó ser un apasionante recorrido por la vida de este personaje tan singular y querido por mí. El que fuera inspirador de figuras de renombre como Gandhi o Martin Luther King se nos ofrece aquí sin ambages, tal cual fue, y así es como descubrimos al Thoreau enamorado, al joven rebelde que estudiara en Harvard y que se permitió el gusto de rechazar el diploma de Master of Arts que concediera la Universidad a los bachilleres pero que asistió a la ceremonia de graduación donde leyó un discurso en el que llegaría a afirmar: 
Que los hombres sigan con autenticidad el camino que les indica su naturaleza y cultiven los sentimientos morales, viviendo vidas independientes y virtuosas; que hagan de las riquezas medios para la existencia, nunca fines, y no volveremos a escuchar una palabra sobre el espíritu comercial. El mar no va a detener su movimiento; la tierra seguirá siendo tan verde y el aire tan puro como siempre. Este curioso mundo que habitamos es más maravilloso que conveniente, más hermoso que útil; está más para ser admirado y disfrutado que para ser utilizado. El orden social de las cosas debería invertirse en cierto modo: el séptimo debería ser el día de labor en que el hombre se gane el pan con el sudor de su frente; los otros seis, su descanso dominical para el alma y los sentidos, para poder recorrer este amplio jardín y beber de los sutiles influjos y las sublimes revelaciones de la naturaleza. 
Durante un par de tardes de un fin de semana invernal pude recorrer imaginariamente las aguas de los ríos Musketaquid y Merrimack embarcado con Henry David y su hermano, pasear a su lado en compañía de Emerson y  Hawthorne, así como sufrir estoicamente una noche en prisión junto a él porque se negó a pagar un impuesto que consideraba injusto; no porque no pudiera afrontar el pago o porque quisiera una reducción de su importe, como le sugirió el alguacil que habría podido solicitar, sino por (simples, claros y habitualmente escasos) principios. Esta vida suya, regida por estos y el que resultara ser el germen de la desobediencia civil, constituyó la forma de entender el mundo de Thoreau y le llevó a alejarse de la sociedad para instalarse durante un par de años en su famosa cabaña junto al lago Walden. 


Las obras sobre Thoreau, desgraciadamente, escasean en nuestro idioma. Por tanto, la oportunidad de poder acceder libremente a esta más que interesante biografía constituye una loable iniciativa por parte del autor y de la editorial del libro, y os animaría a disfrutar con la lectura de un texto que resulta tremendamente ameno y que acerca al lector del siglo XXI un personaje histórico que conviene (hoy más que nunca) tener presente.
Pues sólo amanece el día que nos encuentra despiertos. Y quedan muchos aún por alborear. El sol no es sino la estrella de la mañana.
Podéis encontrar el libro en formato electrónico en el blog de Acuarela Libros e impreso en su catálogo.

¡Feliz lectura!

miércoles, 9 de enero de 2013

Los años del miedo

Hay que afrontar el mal tiempo con buena cara, y más nos vale hacerlo con lo que nos espera a quienes sufrimos en nuestras carnes lo descarnado de la crisis (esto es, a los españolitos de a pie y, por extensión, a la ciudadanía sometida a la dictadura de esos no por eufemísticos menos reales “mercados”). Y dado que no todo tiempo pasado fue mejor y que siempre viene bien conocer lo que ocurrió no hace tanto por estos pagos (y cómo nos las gastamos con el prójimo), retomo la actividad del blog y arranco el año (¡Feliz 2013!) reseñando mi última lectura del anterior: Los años del miedo, de Juan Eslava Galán. 

El historiador y novelista jiennense recupera con este título la línea temporal de Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, un libro que a pesar de lo vaticinado por el título a mí me encantó. No por lo narrado, claro está, pero sí por la forma de hacerlo, sin posicionarse con ninguno de los bandos y dándoles a los dos para el pelo, pues tanto uno como otro tuvieron sus luces y sus sombras (e, independientemente de la legitimidad de cada cual, más de estas que de aquellas). Además de estos dos títulos sobre la Historia de España, el de Arjona ha publicado De la alpargata al seiscientos y La década que nos dejó sin aliento

Eslava Galán, sin llegar a hacer una novela de los hechos históricos que describe en estos libros, sí que dota a la narración de una mayor humanidad destacando la historia de algunas de las personas que deambulan entre sus páginas y acercando así al lector los hechos del periodo histórico en cuestión. En Los años el miedo nos enfrentaremos a la dura posguerra, al hambre y la miseria que se extendieron por España como una plaga tras la contienda que recoge Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie. Conoceremos de primera mano el miedo a las represalias, a “significarse” ante los vencedores como un rojo, a terminar sepultado en una fosa común. Y pese a lo horrendo de la situación, aun cuando nos parezca abominable observar por la mirilla la reunión entre Franco y Hitler en Hendaya o comprobar lo cerca que estuvimos de entrar en la II Guerra Mundial a pesar de la agónica situación de los españoles, Eslava Galán, conocedor de su oficio, consigue que una sonrisa asome en nuestros labios cuando describe los retoques que la censura (de la que no se libró ni el propio dictador) imponía en la letra de las canciones de la época. 
Las cartillas de racionamiento, la literatura popular, el gallinero de los cines, recetas tan singulares como la tortilla española (sin huevos ni patatas) y anuncios de la época se vuelven a encontrar en un libro que nos recuerda que esta época no nos queda tan lejos en el tiempo como en la memoria. Y, por qué no, nos puede hacer reflexionar sobre el camino que estamos tomando actualmente en esta España mía, esta España muerta.


martes, 1 de mayo de 2012

Un IMM espontáneo

Pasan las semanas volando y apenas consigo tachar de la lista de pendientes algunos títulos que voy leyendo conforme consigo sacar algo de tiempo a las obligaciones cotidianas. Incluso así, se me acumulan las entradas en el blog, las de los libros por reseñar —y eso que no todos entran a formar parte de la familia de los incluidos en esta polvorienta bitácora— y otras sobre diversos temas bibliófilos. 

De cualquier modo, hoy me apetecía irme a la cama dejando constancia de algunos de los libros que me acompañarán en breve, entre otros una novela gráfica que estaba deseando leer (y que, si mal no recuerdo, será el primer cómic en aparecer por aquí), El invierno del dibujante, sobre el que ya preguntamos en su día a González Ledesma.


A esta se le unen varios libros sobre Biología y medio ambiente (Las rapaces ibéricas, un tomo de enciclopédico formato de lectura más que recomendable para el aficionado a estas aves; La vida amorosa de los animales, un ensayo sobre etología; Introducing Environmental Politics e Introducing Genetics, dos libros ilustrados de la colección Introducing... de la editorial Totem Books y la preciosa edición que nos trae Taurus de Sobre la selección natural de Darwin). 

Finalmente, para completar el cupo, una novela digna del disfrute de un (bien entendido) mitómano como yo. La fiesta de Orfeo nos retrotrae al Londres de mediados del siglo pasado, cuando una recién nacida productora de cine, la archiconocida Hammer Productions, comenzaba el rodaje de una película de terror que protagonizaría uno de mis actores preferidos, Peter Cushing. 

lunes, 27 de junio de 2011

Últimas lecturas y novedades

Aproveché la época previa a los exámenes para ir adelantando algunas de las lecturas livianas que vendrían a preceder a las que me proponía emprender en verano. Quienes seguís el blog habitualmente habréis podido ver que ha sido una época de sequía en lo tocante a escritura, con apenas alguna que otra entrada, en ocasiones redactada en apenas unos momentos o trayendo a colación algún párrafo que me había gustado o llamado la atención. No ha sido este un mal endémico de este blog, sino que ha enraizado también en el resto de los que escribo. De ahí que no hace tanto plantease aquí mis dudas existenciales sobre si sería mejor unirlos o no, sobre si merecía la pena continuar en estas circunstancias. No quiero, ni lo merece el blog ni quienes lo leéis, que languidezca durante un largo periodo hasta ser abandonado finalmente. No es mi intención tampoco esa y de algún modo tendré que encontrar el tiempo necesario para dedicarle la atención que merece.

Por lo pronto, y por dar zanjado el periodo previo e ir avanzando el estival, junto a la anterior entrada donde presentaba algunas de mis próximas lecturas os traigo esta, dedicada a unas pocas de cuantas me han acompañado estos meses.

Andaba releyendo a Thoreau cuando surgió el movimiento en torno al 15M que tanta tinta ha hecho correr. No podría haber hecho una elección mayor, y en varias ocasiones traje aquí o dejé en Andanzas de un Trotalomas algunos fragmentos de su obra, y hoy dejo uno final, que quise reproducir semanas atrás y para el que no encontré el momento:
Después de todo, la autentica razón de que, cuando el poder está en manos del pueblo, la mayoría acceda al gobierno y se mantenga en él por un largo período, no es porque posean la verdad ni porque la minoría lo considere más justo, sino porque físicamente son los más fuertes. Pero un gobierno en el que la mayoría decida en todos los temas no puede funcionar con justicia, al menos tal como entienden los hombres la justicia. ¿Acaso no puede existir un gobierno donde la mayoría no decida virtualmente lo que está bien o mal, sino que sea la conciencia? ¿Donde la mayoría decida sólo en aquellos temas en los que sea aplicable la norma de conveniencia? ¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene cada hombre su conciencia? o creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha dicho y con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia.
[...]
Las votaciones son una especie de juego, como las damas o el backgammon que incluyesen un suave tinte moral; un jugar con lo justo y lo injusto, con cuestiones morales; y desde luego incluye apuestas. No se apuesta sobre el carácter de los votantes. Quizás deposito el voto que creo más acertado, pero no estoy realmente convencido de que eso deba prevalecer. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría. Su obligación por tanto, nunca excede el nivel de lo conveniente. Incluso votar por lo justo en no hacer nada por ello. Es tan sólo expresar débilmente el deseo de que la justicia debiera prevalecer.
Henry D. Thoreau, Desobeciencia civil.
Con el devenir de los acontecimientos, y habiendo leído el alegato de justicia de Stephane Hessel, ¡Indignáos!, me dispuse a leer un libro que recopila artículos de varios pensadores y periodistas. Se trata de Reacciona, una obra colectiva promovida por Rosa María Artal y que cuenta en su haber con autores de la talla de Hessel (el ilustre prologuista), José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza, Ignacio Escolar… Pienso que a nuestros desaparecidos Saramago y Sábato les habría gustado estar ahí, y que desde su recuerdo nos instan a reaccionar, a actuar.

Reacciona se lee con avidez, no aburre a fuerza de dar datos y más datos e invita a seguir investigando, a profundizar en los orígenes de la situación en que nos encontramos actualmente y a ponerle remedio. Somos muchos los que llevamos pidiendo este cambio, intentando hacer que la gente despierte y vea el inmenso poder que tiene en sus manos gracias a su capacidad de decisión. La del 15M fue una chispita pero hay que conseguir que el fuego prenda, que la sociedad desee decidir sobre su futuro y ejerza su derecho a hacerlo (sin menoscabar el de quienes están por venir, por supuesto).

También estuve terminando en esos días el último libro de artículos de Pérez-Reverte, Cuando éramos honrados mercenarios. Lo comencé, creo, durante los exámenes de febrero, y me ha venido acompañando durante todo este tiempo. Con los libros de artículos de don Arturo me ocurre siempre así: devoro de un tirón un año completo de artículos o dejo el libro olvidado y voy leyendo un par de ellos o tres de cuando en cuando. Me ha gustado, no obstante, y lo recomendaría sin dudar por la mala baba que rezuma y lo irónico de su pluma. Algo demagoga en algunas ocasiones, sí, pero siempre afilada y dispuesta a zaherir a politicuchos de poca altura y gentes de dudosa honra. Eso sí, he notado que con los años Pérez-Reverte se ha vuelto más oscuro, que sus artículos muestran, si cabe, un mayor desencanto hacia el hombre, aunque siga arrancándonos una sonrisa cuando, con la aguda mirada del que vivió informando, nos invita a compartir pequeños momentos con los personajes singulares que va conociendo en sus andaduras.

Por último, y aunque dejo alguna lectura en el aire, terminé con el libro de Misha Defonseca, Sobrevivir con lobos. Me lo prestó, hace ya demasiado tiempo como para que sea digno hacerlo público, mi amigo Alberto. Ya me avisaba de que a él no le había gustado demasiado pero, como somos amigos de cuanto tiene que ver con el hermosísimo cánido, quería leerlo también. Lo cierto es que el libro es emotivo y nos lleva a la infancia de una niña que, caída en desgracia cuando los nazis invaden su país, ha de sobrevivir sola en el bosque con lobos que son más humanos que quienes se expanden por Europa aquellos días. Tiempo después se demostró que la historia que la autora nos quiso hacer creer real no era más que una ficción, una novela que habría sido curiosa pero que queda en una farsa que busca el éxito (que lo tuvo, y mucho, en su día) a expensas del holocausto.

Y poco más. Tras esta última entrada rápida espero zanjar un periodo. No sé con qué periodicidad publicaré entradas aquí o en el resto de blogs, pero voy a intentar (aunque a veces me pueda la impaciencia y aproveche cualquier hueco para publicar algo) que las entradas vuelvan a ser más elaboradas, más cuidadas, y releerlas al menos antes de “entregarlas a imprenta”.

¡Feliz lectura!

lunes, 18 de abril de 2011

IMM: Lecturas entomológicas

Otra de las lecturas que me ha venido acompañando en el autobús las últimas semanas ha sido El mundo de los insectos, de L. Hugh Newman, un interesante ensayo sobre entomología aplicada (o entomología económica, como la nombra el autor a lo largo del libro) que, aunque resulta algo obsoleto a la vista de alguna de sus argumentaciones, no deja de resultar ameno e instructivo gracias a otras. Qué duda cabe que la percepción de la importancia de los insectos ha cambiado mucho en las últimas décadas, tanto por su uso en la lucha integrada como por la forma de evitar las plagas sin recurrir al uso constante de pesticidas que envenenan, junto a las plagas, a otros insectos beneficiosos, a las plantas que se desea preservar y al propio suelo y las aguas de la zona afectada. La obra se estructura en tres partes: una introducción a la biología de los insectos, seguida por una más extensa sobre entomología aplicada (plagas en cultivos, conservación de alimentos almacenados, los insectos como vectores de enfermedades, insectos beneficiosos para la agricultura...) y una última, muy corta, sobre las experiencias de cría de insectos en cautividad, por aquel entonces fundamentalmente con ánimo de usarlos en docencia e investigación.

 De la entomología aplicada en líneas generales he pasado a un clásico dentro de un campo bastante particular de la misma: la entomología forense. Popularizada hasta cierto punto en series televisivas sobre la policía científica, no se trata (y no sé el porqué) de una práctica demasiado llamativa para la gente. 

El primer uso registrado de la entomología en la medicina legal se dio en la China del siglo XIII. El médico Sung Tz'u fue requerido para investigar un crimen. El cadáver mostraba signos de apuñalamiento y el doctor pidió a los sospechosos que expusieran sus hoces. El dueño de aquella sobre la que se posaron las moscardas, al contar con restos de sangre imperceptibles para el ojo, era el culpable. El libro de Sung Tz'u The Washing Away of Wrongs contiene la primera referencia escrita sobre este uso de los insectos. 

Ya en el siglo XIX, en Francia, se solicitó la colaboración de varios científicos para esclarecer los hechos bajo los cuales se habían cometido varios asesinatos. Los cuerpos habían sido encontrados mucho después de que se hubiesen perpetrado los crímenes. Entre otros, el veterinario militar Jean Pierre Mégnin sistematizó y amplió los estudios existentes, publicando en  1887 La fauna de las tumbas y en 1894 la obra que nos ocupa ahora, La fauna de los cadáveres (Aplicación de la Entomología a la Medicina Legal)

Aunque no es la primera vez que me acerco a esta temática en el blog, la obra de Mégnin, por lo que llevo leído de la misma, resulta impecable y es todo un clásico dentro de esta literatura. Realiza un repaso a las diversas y diferenciadas oleadas de invasores que llegan a un cuerpo en cada una de las fases de descomposición. Es más, profundiza en los diversos ambientes en que puede encontrarse el cuerpo (en superficie, enterrado, bajo el agua...) y cómo afecta esto a los insectos que podemos encontrar en cada oleada y en su desarrollo. Todo ello es de vital importancia para determinar el momento y las causas de la muerte. 

Aparte de estas obras, tengo algunas otras en la recámara de lecturas o las voy simultaneando y consultando cuando tengo que identificar algún insecto. Otro de los que conseguí en la misma librería que los dos anteriores fue Principios en el combate de los insectos, un libro más de entomología aplicada, enfocado en este caso en las plagas de la agricultura.

Entre mis más valiosos tesoros se encuentra el Curso de Entomología de José Antonio Barrientos et ál. editado por el servicio de publicaciones de la UAB bajo el auspicio de la Sociedad Española de Entomología.


Otro de mis pequeños caprichos es el libro Entomología esencial de George C. McGavin, que conseguí hace hace unos meses. Mi buen amigo Alberto me prestó el suyo el año pasado, cuando realizaba las prácticas de la asignatura "Entomología Aplicada" de Ciencias Ambientales, y me sirvió de mucha ayuda. Sin embargo, buscando el libro descubrí que estaba descatalogado, así que pasó a a la lista de "improbables", que no imposibles. Tanto es así que se dio la improbable situación de encontrarlo a 5 € (aproximadamente 8 veces por debajo de su precio original), totalmente nuevo, en una librería de ocasión.



Y, por último, dos guías de odonatos que he conseguido totalmente gratis gracias a la Administración Pública (algo bueno tenían que hacer, digo yo). El primero, con una factura exquisita, es Los Odonatos de Extremadura, una guía/estudio sobre estos fascinantes insectos en la comunidad extremeña. Si os interesa, es posible descargarlo en PDF a través de su página web.

Poco después del anterior recibí una copia del editado por la Junta de Andalucía. Si bien es cierto que su formato resulta muy llamativo y me ha gustado mucho, la verdad es que el papel utilizado desmerece la calidad de unas fotografías que habrían ganado bastante con uno satinado. Sea como fuere, es un trabajo excepcional y, además, me encontré con la grata sorpresa de conocer a uno de sus autores. Un irreductible Andarríos que tanto puede compartir con cualquier Trotalomas de bien.

Y esto es todo, al menos de momento. La entrada me recuerda un par que tengo pendientes desde hace muuuucho tiempo y que tal vez aproveche para escribir estos días de "vacaciones".

¡Feliz lectura... entomológica!

martes, 20 de julio de 2010

Últimas lecturas

Últimamente siempre llego tarde. Tarde, como el conejo blanco de Alicia, como los “buenos” en la vida real o como las medidas contra la crisis. Comento tarde vuestras entradas, demoro las mías y respondo cuando puedo a los comentarios. No es algo buscado, ciertamente, aunque la verdad es que todo parece alinearse de forma tal que dificulta que pueda sentarme a escribir unas líneas con tranquilidad. La última sorpresa ha sido el “fallecimiento” de mi ordenador. Un portátil con sus seis añitos de edad que, a pesar de su sufrida existencia (la de horas continuadas de trabajo que habrá vivido el pobre), debería haber durado unos añitos más. Así me hallo, sin ordenador, de prestado, pergeñando a vuelapluma una entrada que saque del hastío al blog –y, por qué no, también a mí mismo- y vuelva a estar operativo después de esta prolongada ausencia.

Lo cierto es que en los últimos meses he leído mucho y poco a un tiempo. Como bastantes de vosotros, imagino, por otro lado. Con los exámenes a la vuelta de la esquina no había otra opción que devorar apuntes y libros de texto y dejar un poco de lado los que nos hacen soñar, aunque sea de otro modo (a pesar de que algunos de aquellos, no estrictamente de texto, sí que querría traerlos al blog en algún momento). Sin embargo, algún libro que otro ha caído y, de unos pocos, no quería dejar pasar la oportunidad de decir algo sobre ellos.


De su último viaje a tierras capitalinas, Azote vino con un libro bajo el brazo. Se trataba del último de Labordeta, que aún figuraba como "preventa" en algunas librerías con presencia en Internet. Ya sabéis por alguna anterior entrada de mi buena disposición respecto a las palabras de este multidisciplinar autor. En Regular, gracias a Dios, hace un recorrido autobiográfico desde su infancia hasta la actualidad, cuando se encuentra luchando contra un cáncer que poco a poco le va minando la salud, e incluso las ganas de vivir en una batalla que arrostra con ánimo preñado de algo de resignación. El libro me gustó mucho, y en cierto modo me recuerda a los diarios de Lorenzo, el personaje de Delibes que nos deleitó como cazador, emigrante y jubilado, aunque en este caso se trate de la vida del propio autor y su prosa, aunque ágil y emotiva, quede algo lejos de la llana elegancia del vallisoletano. Un libro, en cualquier caso, recomendable para quienes gusten de conocer un poco más a fondo a Labordeta y, por qué no, para disfrutar reconociendo o aprendiendo sobre la visión que de España y Aragón tiene este hombre comprometido.

Del blog de Alienor salí, como suele ocurrirme cuando visito la mayor parte de vuestros blogs, con la lista del Plan Infinito engrosada en unos cuantos títulos. Uno de los últimos se adelantó a buena parte de mis lecturas ya que los temas que trata me apasionan y justamente acababa de examinarme de una asignatura muy relacionada con aquellos (Medio Ambiente y Sociedad). Estoy hablando de El desajuste del Mundo, de Amin Maalouf, un libro “muy yo”, como acertadamente afirmaba Alienor en los comentarios a su entrada (¿tanto de mí dejo traslucir por aquí, o soy un pesadísimo contertulio? Je, je, je…). Con un estilo claro, muy didáctico y ameno, Maalouf analiza el “choque de civilizaciones” que se ha producido con más fuerza que nunca en las últimas décadas y el abismo que se abre entre oriente y occidente en nuestros días. Las heridas no sanadas del “socialismo real” y un capitalismo que ha permitido crecer a Europa y EEUU casi sin límite (no más que el de una crisis que con cordura se podría haber evitado) y que empieza a ser el motor de una naciente y, a todas luces, imparable China, nos han alejado de un mundo distinto, que tuvo su momento de gloria pero que ha quedado lastrado por los tabúes, los extremismos y la falta de referencias: el del islamismo. Maalouf nos presenta un panorama estremecedor, donde todos podríamos aprender los unos de los otros ya que, en conjunto, nos complementamos a la perfección pero que, en un ejercicio de alarde de escasa visión, nos empeñamos en agravar con nuestras insalvables diferencias. El desajuste del mundo (Cuando nuestras civilizaciones se agotan) es un ensayo imprescindible, que me ha encantado y cuya lectura recomendaría junto a Colapso, de Jared Diamod, como ejercicio de reflexión sobre el estado de nuestras civilizaciones.
Quienes conviven con un felino saben de sus particulares costumbres, de sus filias y fobias y cómo, a pesar de los pesares, terminan haciéndose con un hueco en nuestro corazón comparable únicamente a lo marcado de su personalidad. Muchos de sus hábitos son heredados, instintivos, y bastante alejados de la percepción que, como humanos (tendentes, además, a humanizar también a nuestras mascotas) tenemos de ellos. ¿Por qué se roza nuestro gato con la pierna cuando llegamos a casa, qué le hace rodar sobre sí mismo y mostrarnos su vulnerable barriga o cuál es el motivo de que “amase” nuestra pierna mientras ronronea y de dispone a tumbarse? Las respuestas a estas y otras muchas preguntas que pueden surgirnos cuando vemos a nuestros mininos nos las ofrece Desmond Morris, el zoólogo, en su libro Observe a su gato, un divertido tratado etológico (absolutamente divulgativo, que no os asuste el calificativo) sobre el gato doméstico.

Y ahora, os dejo, pendiente de localizar una próxima lectura y con la esperanza de ponerme al día con las entradas (propias y ajenas).

¡Feliz lectura!

domingo, 23 de mayo de 2010

Ciencia y supervivencia


Conocía a Barry Commoner gracias a algunas referencias en libros y a la lectura de algunos artículos que traían a colación sus aportes al conocimiento del medio ambiente y las interacciones que con él, por fuerza, mantienen nuestras sociedades. No hace mucho, preparando una de las dos asignaturas de sociología que estoy cursando este cuatrimestre, me encontré en el libro Redes que dan libertad, de Jorge Riechmann, con un par de extractos de Ciencia y supervivencia y El círculo que se cierra, este último, con toda probabilidad, su libro más conocido y donde aparecen sus famosas cuatro leyes de la ecología. Como la curiosidad del Homo libris es insaciable en todo lo tocante a los libros y realmente no había leído ninguna obra suya al completo, me puse a investigar y encontré que la mayor parte de los libros de Commoner se encuentran descatalogados en castellano a día de hoy así que haciendo uso de los pertinentes buscadores en Internet localicé una librería en Madrid que tenía los dos títulos citados y me hice con ellos (y con algún otro, pero es que tenía que "amortizar" los gastos de envío, jeje).

Unos días atrás terminaba la lectura de Ciencia y supervivencia, un librito que no por breve resulta poco exhaustivo. Se deja leer, como buen ensayo y mejor obra divulgativa, con placer y aprovechamiento, y ofrece más de lo que narra, ya que constituye una herramienta de reflexión más que interesante porque, aunque han transcurrido casi cuatro décadas desde que fuera escrito, lo cierto es que, salvando la más que comprensible preocupación en torno a la guerra nuclear que completa una buena parte de sus páginas, sus argumentaciones y las problemáticas que recoge permanecen (por desgracia) plenamente vigentes hoy día.
La ciencia moderna y las ingentes empresas tecnológicas engendradas por ella representan el pleno florecimiento de la mente humana en su interpretación de la naturaleza. Los conocimientos científicos son nuestra mejor guía para controlar las fuerzas naturales. A ese respecto, su éxito ha sido extraordinario; precisamente a este éxito debemos las maravillas de la electricidad moderna y el tremendo poder de las bombas nucleares.
[...] ¿Cabe la posibilidad de que desconozcamos las consecuencias absolutas de los nuevos circuitos eléctricos y de las nuevas bombas? ¿Poseemos verdaderamente un dominio completo sobre los vastos y nuevos poderes que nos ha donado la ciencia, o corremos el riesgo de que ésta se desmande?
Días atrás argumentaba ante unos compañeros que la problemática asociada a algunos productos cuya fabricación y distribución está disparándose en los últimos años es lo suficientemente compleja como para considerarla, en sí misma, un problema perverso. Es el caso de los transgénicos, donde a día de hoy no se ha demostrado que sean dañinos para la salud pero tampoco que no lo sean, si bien es cierto que son sometidos a numerosas pruebas. Salvando que su uso acarrea graves problemas para los agricultores que no desean que sus cultivos sean afectados por la polinización de aquellos y que su extensión está provocando graves pérdidas de biodiversidad (esto último achacable a cualquier sistema de producción agrícola intensiva cuando se lleva a cabo sin tener en cuenta el entorno), lo cierto es que estamos permitiendo que sea plantada una semilla (nunca mejor dicho) que resultará muy difícil erradicar si en un futuro se demuestra que sus maldades predominan sobre lo que pudieran tener de bueno.
Cabe argumentar que los imponderables de esos contaminadores modernos son insignificantes en comparación con los peligros inherentes a otras empresas humanas. Por ejemplo, hoy día el imponderable de la lluvia radiactiva se nos antoja mucho menor que el de los indudables riesgos que se corren en las autopistas o en las rutas aéreas. Pero, ¿cuáles no serán los riesgos que estamos endosando a futuras generaciones? Ninguna apreciación precisa del daño que se está produciendo actualmente con la lluvia radiactiva, el smog y los contaminadores químicos puede oscurecer esta simple verificación: en todos los casos se corrió el riesgo antes de comprenderlo cabalmente. La importancia de esas disyuntivas, para la ciencia y para el ciudadano, no reside solamente en los imponderables interdependientes, sino también en el hecho de que implican una alarmante e incipiente renuncia a uno de los deberes primordiales de la ciencia: el de predecir y supervisar las intervenciones humanas dentro de la naturaleza. Esos imponderables actuales no nos dan la verdadera medida del peligro; sus verdaderas escalas serán los desastres que nos sucederán si osamos abordar la nueva era sin corregir los yerros elementales en la empresa científica. Y si hemos de corregir tales yerros, debemos descubrir previamente por qué se produjeron.
Es, justamente, lo que ocurrió antaño con la creación de detergentes basados en el petróleo que, una vez inundado el mercado con ellos, convirtieron los ríos norteamericanos donde fueron vertidos en canales de agua sucia carentes de vida.

Otro problema actual, también difícil de estimar dadas las características que posee, es el del cambio climático. En este, más que en ningún otro, se da un enfrentamiento entre científicos que se empeñan en contradecir cuanto dice el contrario. Sus argumentaciones, marcadas por el vaivén de razones políticas y empañadas por la cercanía de las grandes corporaciones multinacionales, provoca en la ciudadanía una sensación de desazón, de no saber a qué estar, de no saber a quién creer.
No se encontrará el germen supremo de la ciencia en sus impresionantes productos ni en sus poderosos instrumentos. Se encontrará en las mentes de los científicos y en el lenguaje empleado por éstos para describir lo que saben y pulir la interpretación de lo aprendido. Esos factores internos -métodos, procedimientos y procesos que utilizan los científicos para descubrir y discutir las propiedades del mundo natural- han proporcionado a la ciencia sus grandes éxitos. Cuando mencionemos tales procesos y la organización a ellos inherente, deberemos hablar de integridad científica... Nuestra interpretación de los enormes poderes que la ciencia ha puesto a disposición de la sociedad, depende de la integridad científica. Así pues, el bienestar y la seguridad del género humano dependen también de esa interpretación, y, en definitiva, de la integridad científica...
Bajo la presión de insistentes demandas sociales, ha habido una seria erosión de la integridad científica...
[lo que] precipitó la aplicación tecnológica antes de que el conocimiento científico básico estuviera lo suficientemente desarrollado como para permitir un pronóstico acertado sobre los efectos de esa nueva tecnología en la Naturaleza...
Ciencia y supervivencia es un libro sobre el que reflexionar, en el que ver que seguimos cometiendo los mismos errores que en el pasado porque nuestro ritmo de vida, insaciable, imparable, imposible, no nos deja pararnos un momento a pensar. Y, si lo hacemos, siempre hay alguien que se encarga de que retomemos el ritmo. Se impone la sinrazón que ignora cuestiones básicas como el Principio de precaución que propugnase la Comisión Europea, por ejemplo.

¡Feliz lectura!

martes, 9 de marzo de 2010

Deuda externa, deuda eterna

¿Quién debe a quién?, el libro de los profesores Alier y Oliveres, analiza el estado de la deuda externa contraída por los países en vías de desarrollo con los de un primer mundo que aprovecha el control que ejerce sobre los organismos supragubernamentales encargados del control del endeudamiento para imponer sus condiciones sobre aquellos. El libro, aunque fue editado hace unos años, ha sido incluido dentro de la colección de libros sobre política, sociología y medio ambiente que está apareciendo con la edición de los sábados de un diario de tirada nacional y que resulta, a mi parecer, de lo más interesante.

Este pequeño libro, de apenas 120 páginas, nos invita a reflexionar sobre la deuda externa de los países del Tercer Mundo y las implicaciones que tiene esta sobre la calidad de vida de sus ciudadanos. ¿Hasta qué punto “nos deben” dinero estos países? ¿En qué consiste la deuda externa? ¿Cuánto suponen realmente las ayudas al desarrollo? ¿Está más que saldada por la deuda histórica, social y ecológica? ¿Y simplemente por el pago de intereses acumulados?

Arcadi Oliveres, economista y, ante todo, conocido activista por la paz y justicia social, introduce el libro con una reflexión sobre el endeudamiento de los países pobres y el modo en que se ha ido gestando y creciendo hasta llegar a una situación realmente insostenible, de la que resulta imposible salir al ir creciendo la deuda año tras año al verse privados de los recursos naturales y económicos que tienen como única vía de desarrollo.

A continuación, Joan Martínez Alier, catedrático de Economía e Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona, reflexiona sobre las consecuencias sociales del endeudamiento, el empobrecimiento sistemático de los pueblos y la aparición de un “ecologismo de los pobres” que, sin saberse "ecologistas", les hace reivindicar su modo de vida tradicional, la relación vital y necesaria hombre-naturaleza y el desarrollo armónico y sostenible con el medio. Es a este "ecologismo de los pobres" al que el autor dedica su último libro publicado (esta vez en solitario), y que resulta del máximo interés ya que, a mi parecer, no son únicamente los ciudadanos pertenecientes a estos países en vías de desarrollo, sino muchos otros, los que son "ecologistas" sin ser conscientes de ello.

En la tercera parte del libro se lleva a cabo un juicio social sobre la situación, inculpando a los países del primer mundo y, en especial, a los Estados Unidos, al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, así como a los gobernantes de los países endeudados (en muchas ocasiones bajo un régimen dictatorial) de llevarles a un callejón sin salida al permitir su endeudamiento y arrebatarles o, simplemente, adquirir a la baja, las mercancías que son capaces de exportar y que se obtienen a través de personas en condiciones laborales precarias, infligiendo daños irreparables al medio ambiente y sobreexplotando recursos no renovables que llevan al país a un mayor empobrecimiento.

En resumen, ¿Quién debe a quién? es un libro interesante, ágil de leer, que nos invita a reflexionar sobre la situación de injusticia en la que vive una inmensa mayoría de los habitantes de este planeta cada vez más pequeño y, posiblemente, peor repartido.


¡Feliz lectura!

lunes, 1 de marzo de 2010

Declaración de intenciones para marzo

¡Dos entradas en todo un mes! ¡Que el escarnio y la mayor de las vergüenzas caigan sobre mí y toda mi estirpe, que de Homo libris en Homo libris, generación tras generación, gen a gen, quedemos marcados por la ignominia de quienes permitieron que nuestro blog quedase desterrado por ostracismo, por la inactividad que le ha caracterizado poco tiempo después de cumplir un año de existencia!

Huy… ¿están ustedes por aquí? Discúlpenme y permítanme recomponer mis vestiduras. No esperaba, ciertamente, su pronta visita. Estoy tan acostumbrado, últimamente, a la soledad que me imponen las obligaciones, que he permitido caer en la imperdonable falta de descuidar las más básicas normas de etiqueta. ¿Desean tomar algo? Siéntense, tomen asiento y permítanme recoger sus abrigos. En seguida estoy con ustedes.

El mes de febrero ha resultado bastante nefasto para el blog (para todos los míos, ciertamente), aunque qué voy a contar que no sea ya sabido por todos quienes los visitáis con cierta frecuencia. Lo peor es que marzo no se avecina más calmo que febrero (parece que las tormentas no se limitan únicamente a la meteorología últimamente), pero voy a intentar que los blogs no lo acusen tanto. Sobre la mesa se depositan algunos de los títulos que han ocupado, ocupan u ocuparán mi tiempo en lo sucesivo. Con algunos de ellos prometo no torturaros demasiado (la Guía de campo de los insectos de España y Europa, por ejemplo, me ha sido valiosísima aunque su traducción no sea todo lo buena que debiera, al igual que la magnífica Entomología esencial de McGavin que un amigo tuvo a bien prestarme y que me ha encantado hasta el punto de que tendré que hacerme con una copia de cara a la próxima primavera), aunque otros sí que puede que os resulten de interés (os tomo la palabra respecto a lo que comentasteis en verano al respecto de las reseñas sobre ensayos que llamasen mi atención) a pesar de ser material de estudio en la carrera, como Redes que dan libertad o El impacto político de los movimientos sociales. Otros, que se sitúan a medio camino entre la obligación y la devoción (aunque casi diría que se trata del mismo sendero en este caso) son ¿Quién debe a quién?, deuda ecológica y deuda externa, La salud que viene o Sueño y mentira del ecologismo. De todas formas, tanto para estos como para los documentales que van engrosando la cola de vídeos pendientes de ver posiblemente guarde un espacio mayor en las andanzas de cierto trotalomas que por aquí, para descanso del personal. Pero no todo serán ensayos, la literatura tiene también su espacio por aquí (eso siempre, por supuesto). Ahora ando viajando junto a Holmes por el Tíbet, y pronto os contaré algo sobre tan singular aventura. Tengo ganas de conocer cuál es El nombre del viento, aunque me consta que muchos ya sabéis de él, y Vonnegut me espera desde hace ya demasiado tiempo para embarcar hacia las Galápagos. Una visita a la siempre apetecible librería de Torremolinos ha hecho que, además sumar otros títulos a los pendientes de leer, cuente con una invitación a conocer El reino de los réprobos de la mano de Burguess.

Pero este mes es el de Félix Rodríguez de la Fuente. Nació y murió el 14 de marzo, y de la fatídica fecha se cumplirán en unos días 30 años. Por esto el naturalista que nos marcó a tantos tendrá una especial presencia en el blog estos días.

Nos leemos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Las moscas nos hablan

Hay personas que tenemos una particular afición por todo aquello que huele a misterio, de hecho, creo que es condición de todo ser humano el que esto ocurra; simplemente obedece a nuestra inquieta mente y a la curiosidad que despierta en nosotros lo desconocido. Hay un tipo de misterios que despiertan en nosotros una especial inquietud, que nos tocan la fibra sensible: aquellos que involucran la muerte de uno de nuestros semejantes. Así, la novela de misterio, policíaca, negra o de intriga, es un género que cuenta con una nutrida cohorte de seguidores que disfrutan desde la asepsia de la literatura de la sordidez del crimen. Desde los cuentos de Poe, las historias holmesianas de Conan Doyle, las novelas de Christie, P.D. James, González Ledesma, Montalban o Mankell, hasta el trasfondo criminal de Crimen y Castigo o El nombre de la rosa, los libros han reflejado el lado oscuro del ser humano. Recientemente, el cine (¡ah, Hitchcock!) o la televisión han ocupado parte del nicho que, antaño, fuera exclusivo de la literatura: "CSI", "Numb3rs", "Bones", "Dexter"…

Siempre me apasionaron estos temas y, de hecho, sigue ocurriendo. No en balde, en mi parcela profesional me interesan especialmente los temas de seguridad informática, que están directamente relacionados con la informática forense. Desde el método científico-deductivo de Sherlock Holmes ha llovido mucho (bueno, tal vez no tanto como debiera), y hoy día la ciencia y la tecnología han dotado a policías y forenses de las herramientas necesarias para ir más allá de lo que nunca pudieran haber imaginado hace un par de siglos. Sin embargo, en todo momento tuvieron unos particulares aliados que, desafortunadamente, sólo en los últimos años están siendo conocidos a fondo: los insectos.

El testimonio de las moscas, con el subtítulo Cómo los insectos ayudan a resolver crímenes, es un libro escrito por el afamado entomólogo forense M. Lee Goff. En este libro nos descubre una particular parcela de los estudios forenses, en las que las moscas y tenébridos tienen mucho que decir. A partir de los casos en que ha trabajado, y desde el momento en que comenzó a llevar a cabo estas labores, cuando apenas se le tenía en cuenta, hasta que la entomología forense fue tomada como un referente en la resolución de muertes por violencia, M. Lee nos desvela algunos de los secretos que es capaz de desentrañar el estudio de estos insectos. El autor llevó a cabo estudios sobre la descomposición de cerdos en Hawai, donde desarrolló la mayor parte de su carrera, y cómo la intervención de insectos necrófagos se ve afectada por aspectos como la climatología, la presencia de drogas en el cadáver o el lugar en que fuera encontrado. La aparición de individuos de determinadas especies marcaba el periodo transcurrido desde la muerte, y el nivel desarrollo de sus larvas, o la aparición de depredadores de estas, podía precisar incluso el día y hora de la defunción, o las condiciones en que se produjo.


El libro es prolijo en la exposición de los casos, sin llegar en ningún momento a recrearse en ellos, buscar el morbo fácil u obviar las sensaciones que apresaron al científico en alguno que otro momento de las investigaciones. Incluso nos desvela, al final del libro, algunas curiosidades entomológicas. Por ejemplo, ¿sabíais que, en el siglo XIX, los heridos de guerra que eran recogidos del campo de batalla tenían más posibilidades de sobrevivir si sus heridas habían sido invadidas por las larvas de las moscas carroñeras? Según parece, al devorar la carne que comenzaba a presentar síntomas de podredumbre, evitaban la gangrena o el incremento de corrupción de las heridas. Sí, me consta que es poco agradable, pero esto no dejó de salvar vidas.

En resumen, un libro de lo más interesante, que posiblemente interese a quienes tengan más desarrollado ese instinto detectivesco que comentaba al comienzo de la entrada, a quienes sientan pasión por los insectos y a quienes, dejando de lado las habituales suspicacias que respecto a la entomofauna tiene buena parte de la población, estén abiertos a escuchar el testimonio de las moscas.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Unas lecturas sobre la evolución

Anteayer traía al blog una de las obras que más han influido sobre el devenir de las ciencias biológicas en los últimos siglos. Se trata de El origen de las especies, claro está, y ya que no quería que la obra de Darwin cumpliese años en soledad, aquí aparecen algunas obras que tratan la evolución biológica en general, y la de nuestra especie en particular, de forma didáctica y amena.

Juan Luis Arsuaga.
El co-director de las excavaciones de Atapuerca, ampliamente conocido gracias a su labor divulgadora de la evolución humana con títulos tan apetecibles como La especie elegida o El collar del Neandertal, por citar los más populares, presenta en El enigma de la esfinge un recorrido sobre el concepto de la evolución, las teorías que la intentan explicar y los distintos enfoques que ha sufrido su estudio a lo largo de la historia. Pero va mucho más allá de una mera exposición de sucesiones evolutivas o de ofrecer explicaciones a los conceptos claves de la disciplina. Partiendo de una breve introducción a la obra de Darwin y al neodarwinismo, Arsuaga nos lleva de la mano para explorar temas tan apasionantes el estudio de la conducta y su importancia en la supervivencia de las especies (egoísmo versus altruismo), el origen de nuestra especie o el de la inteligencia que nos caracteriza. Un libro divulgativo, que en contadas ocasiones utiliza terminología que exige del lector un pequeño esfuerzo que es recompensado con creces gracias a la visión que nos ofrece el autor sobre la evolución. También publicó este año, aprovechando el bicentenario del nacimiento del padre de la teoría de la evolución, El reloj de Mr. Darwin, otra de las lecturas que tengo pendientes y que me gustaría acometer dentro de este año... A ver si lo consigo.

Francisco J. Ayala.
Si evitamos la confusión con el recientemente fallecido autor granadino, nos encontraremos antes uno de los científicos españoles más destacados en cuanto al estudio de la evolución humana. Su obra al completo es recomendable en el campo de la evolución: La evolución en acción, La naturaleza inacabada, La teoría de la evolución: de Darwin a los últimos avances de genética, Senderos de la evolución humana (escrito junto a Camilo José Cela Conde) o La piedra que se volvió palabra: las claves evolutivas de la humanidad son títulos imprescindibles. Respecto al debate entre creacionismo y evolucionismo, publicó hace un par de años el libro Darwin y el diseño inteligente: creacionismo, cristianismo y evolución, que ya mencionase Alienor en la anterior entrada y que aún no he leído, aunque imagino que será bastante interesante (otro para la lista .

Stephen Jay Gould.
Uno de los grandes científicos del pasado siglo, paleontólogo y biólogo teórico, Jay Gould fue también un excelente divulgador científico. Entre sus obras relacionadas con la evolución destacan La estructura de la teoría de la evolución, donde expone los fundamentos de la teoría jerárquica de la evolución como una extensión del darwinismo. Mostró su postura opuesta a la sociobiología (al menos respecto al uso social de la ciencia como fundamento ideológico del poder) frente a las teorías de Edward O. Wilson o Richard Dawkins. Otra de sus obras emblemáticas es El pulgar del panda, donde postulaba que las imperfecciones eran una muestra del proceso evolutivo, quedando descartadas en el devenir del proceso de especiación.

Richard Dawkins.
El autor de los libros El gen egoísta y El espejismo de Dios publicó hace unos años una obra directamente relacionada con la evolución biológica por selección natural: El relojero ciego, que puede considerarse hasta cierto punto como la continuación del primero de los títulos citados. En él expone cómo la evolución trabaja como un relojero ciego, ajustando pequeños cambios que, con el paso del tiempo, irán produciendo importantes cambios en las especies. También plantea cómo la evolución se desarrolla en una estructura arbórea, y no de escalera, es decir, que todas las especies actuales acumulan una serie de caracteres que son igualmente óptimos para las necesidades de cada especie. En este año ha aparecido su libro Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra, al que tengo ganas de hincarle el diente.

Desmond Morris.
Una de las obras más conocidas (y polémicas, en su día) de Morris es El mono desnudo, que ofrece un recorrido a través de la evolución humana desde una perspectiva meramente biológica, contrastando el comportamiento humano con el de otras especies animales y observándolo bajo la lupa del etólogo. En su día fue una obra que me encantó, al margen de mostrar leves signos de fatiga en algunas de las teorías que expone que, con el paso del tiempo, han podido sufrir los envites de nuevos descubrimientos en el área de la paleoantropología.

Termino la relación de títulos con un libro en concreto, El pico del pinzón, de Jonathan Weiner que, aunque desgraciadamente está descatalogado desde hace un par de años, recomiendo encarecidamente. Ofrece una fresca visión de la evolución en las islas que dieron origen a la teoría de Darwin: las Galápagos. En ellas desarrollaron su trabajo el matrimonio de científicos Peter y Rosemary Grant, quienes demostraron que el propio Darwin no era consciente de la fuerza de su propia teoría. El libro, ganador del Premio Putlitzer, narra con vigor y mucha pasión los trabajos del matrimonio Grant en la isla Dafne Mayor, donde durante 20 años comprobaron cómo la selección natural de los pinzones no cesa de ocurrir.

La lista anterior, como puede comprobarse fácilmente, no es exhaustiva ni pretende serlo. Presenta únicamente algunos de los títulos que, de los que he leído sobre la evolución, me parecen más interesantes. Posiblemente Alienor pueda aportarnos unos cuantos títulos más de su propia cosecha, ya que nos decía que las estanterías de la sección dedicada a los orígenes del Hombre aparecían repletas de jugosos ejemplares, así que la invito a ampliar y mejorar la lista si lo cree conveniente y no considera esta como una petición abusiva. ;)

martes, 24 de noviembre de 2009

Ciento cincuenta añitos

No podía dejar pasar un día como el de hoy sin escribir, aunque fuese de forma concisa, unas palabras sobre el libro que celebra el centésimo quincuagésimo año de su publicación: El origen de las especies, de Charles Darwin, del que se celebra además este año el bicentenario de su nacimiento. La obra más difundida del naturalista británico, y también la más controvertida, es la que cambió para siempre la percepción de la historia natural y del desarrollo y aparición de las especies. Sin embargo, como suele ocurrir con muchas grandes obras, la de Darwin es la gran desconocida, aquella de la que todo el mundo ha oído hablar pero nunca ha leído. Tal vez nos digamos a nosotros mismos que siempre habrá tiempo de incluirla en nuestro plan infinito de lectura, o puede que nos eche un poco atrás la carga científica del libro (que en este año conmemorativo está sufriendo duras críticas). Sea como fuere, lo cierto es que El origen de las especies es un libro ameno, que casi puede leerse como una novela de aventuras que nos lleva de la mano de Darwin y de su maravilloso periplo a bordo del Beagle a disfrutar con el descubrimiento de los mecanismos evolutivos que, en aquella época, tanto el autor como Russell Wallace llegaron a vislumbrar.

La aproximación de Darwin y Wallace a la teoría de la evolución orgánica por selección natural transcurrió por caminos similares, aunque no paralelos. Mientras Darwin postulaba su teoría basándose en la dispersión de las especies desde un único “centro singular de supuesta creación” para llegar a concluir que en la especiación ejercía una tremenda influencia la selección natural, Wallace aplicaba las hipótesis evolutivas para respaldar las interpretaciones biogeográficas, construyendo modelos de procesos históricos que explicaran los espaciales.

La obra de ambos científicos influyó, para bien o para mal, en el estudio de las ciencias biológicas durante los siglos XIX y XX. Ya en su día el libro que hoy nos acompaña suscitó una gran polémica. El porqué sucedió esto tal vez nos lo explique el propio libro, que en una de sus últimas páginas afirma que “se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y su historia”, es decir, que Darwin, a través de su teoría de la selección natural y del origen de las especies, buscaba explicar también la del propio ser humano. Curiosamente, algo más de un siglo después otro reputado científico sufrió igual escarnio por un breve capítulo de pocas páginas al final de la que posiblemente es su obra más reconocida (y que entronca directamente con la selección natural). Me refiero a Edward O. Wilson y su tratado La sociobiología; la nueva síntesis, un estudio sobre la conducta del hombre que viene de la mano del darwinismo social. El estudio del hombre desde un punto de vista estrictamente biológico, frente al de los historiadores, antropólogos y sociólogos no fue realmente bien recibido.

La teoría sociobiológica, al igual que la de la selección natural, puede ser mal utilizada y entendida, no cabe la menor duda de ello, ya que ha ocurrido en el pasado. Sin embargo, y al margen de esto (precisamente estudios de Wilson y otros autores propugnan la importancia del altruismo para la supervivencia de la especie y de los propios genes, frente a la supervivencia del “más fuerte” tan en la línea de la obra de Dawkins, El gen egoísta, y de ciertas interpretaciones interesadas de la teoría darwiniana, como es el caso de Malthus que, en su Ensayo sobre el principio de la población, afirmaría que la población aumenta en progresión geométrica en tanto los medios de subsistencia lo hacen en progresión aritmética, justificando así la miseria de los obreros y haciéndoles a ellos mismos responsables de la misma por tener un número demasiado elevado de hijos. La conclusión a la que llegaba era a que había que luchar contra la pobreza mediante la reducción de la natalidad. Es decir, intentaba difundir un “darwinismo social” que pretendía interpretar y justificar la estructura de la sociedad humana basándose en los esquemas propuestos por Darwin para la flora y la fauna. Marx y Engels criticarían mordazmente las teorías malthusianas, pero esto es otra historia que merece ser presentada, tal vez, en otro momento.

Para animaros a leer esta obra, me gustaría cerrar la entrada con un párrafo que me encanta (pues demuestra que, además de su base científica, el libro de Darwin está escrito con una hermosa prosa que lo convierte en un verdadero texto literario). A saber,
Podemos comprender, hasta cierto punto, por qué hay tanta belleza por toda la naturaleza, pues esto puede atribuirse, en gran parte, a la acción de la selección natural. Que la belleza, según nuestro sentido de ella, no es universal, tiene que ser admitido por todo el que fije su atención en algunas serpientes venenosas, en algunos peces y en ciertos asquerosos murciélagos que tienen una monstruosa semejanza con la cara humana. La selección sexual ha dado brillantísimos colores, elegantes dibujos y otros adornos a los machos, y a veces a los dos sexos, de muchas aves, mariposas y otros animales. Por lo que se refiere a las aves, muchas veces ha hecho musical para la hembra, lo mismo que para nuestros oídos, la voz del macho. Las flores y los frutos han sido hechos aparentes, mediante brillantes colores en contraste con el follaje verde, a fin de que las flores puedan ser fácilmente vistas, visitadas y fecundadas por los insectos, y las semillas diseminadas por los pájaros. Por qué ocurre que ciertos colores, sonidos y formas dan gusto al hombre y a los animales inferiores –esto es, cómo fue adquirido por vez primera el sentido de la belleza en su forma más sencilla-, no lo sabemos, como tampoco sabemos por qué ciertos olores y sabores se hicieron por vez primera agradables.

lunes, 26 de octubre de 2009

El hábito no hace al monje... pero sí al pueblo.

Marvin Harris fue el principal adalid del materialismo cultural y, como tal, muchas de sus obras de divulgación antropológica tienen precisamente ese enfoque, buscando explicar mediante las condiciones materiales en las que vive una sociedad los patrones culturales y de organización que las caractericen. Es el caso de Vacas, cerdos, guerras y brujas, una obra que llamó mi atención hace un tiempo, y con la que pude hacerme un par de semanas atrás. En ella, Harris hilvana una serie de reflexiones antropológicas que nos llevan desde la India y su amor por las vacas hasta nuestros días (realmente, hasta los años setenta del pasado siglo, fecha en la que fue escrita la obra, aunque a todos los efectos sus reflexiones permanecen aún vigentes a día de hoy) , donde se está dando una explosión de nuevas tendencias espirituales e impera capitalismo a nivel global.

Comienza Harris, como decía, explicando el amor de los hindúes por las vacas. Es una adoración, indica el autor, que va más allá de la religión o de la irracionalidad. Que las vacas campen a sus anchas por campos y ciudades puede parecernos, a los países occidentales, una locura. Que ante las carencias alimentarias que padece buena parte de la población no se haga uso de su carne, un suicidio. Aunque no viene al caso, precisamente estos días aparece la noticia de la colisión de dos trenes, uno de los cuales había alterado su horario por haberse encontrado con una vaca pastando en la vía. ¿Qué podría justificar que las vacas sigan gozando de los mencionados privilegios? Aunque Harris abunda en el tema, explicando cómo se alimentan las vacas que parecen abandonadas, o la dependencia que tienen sus propietarios de las mismas, aquí dejaré una reflexión que puede extrapolarse al consumo cárnico a nivel mundial, y a la insolidaridad a que se traduce cuando hablamos ya no de un mismo país, sino de las relaciones entre países pobres y ricos:
Desde el punto de vista de la economía agrícola de Occidente, parece irracional que la India no disponga de una industria de envasar carne. Pero el potencial real de esta industria en un país como la India es muy limitado. Un incremento sustancial en la producción de carne de vaca forzaría el ecosistema entero, no por el amor a las vacas, sino por las leyes de la termodinámica. En cualquier cadena alimentaria la interposición de eslabones animales adicionales provoca un fuerte descenso en la eficiencia de la producción de alimentos. El vapor calórico de lo que ha comido un animal siempre es mucho mayor que el valor calórico de su cuerpo. Esto significa que hay más calorías disponibles per capita cuando la población humana consume directamente el alimento de las plantas que cuando lo utiliza para alimentar a animales domesticados.
[…]
El nivel de vida superior que poseen las naciones industrializadas no es consecuencia de una mayor eficiencia productiva, sino de un aumento muy fuerte en la cantidad de energía disponible por persona. En 1970 Estados Unidos consumió el equivalente energético a 12 toneladas de carbón por habitante, mientras que la cifra correspondiente a la India era la quinta parte de una tonelada por habitante.
De hecho, bastante más adelante el autor concluirá que
Durante los primeros años del capitalismo, se confería el mayor prestigio a los que eran más ricos pero vivían más frugalmente. Más adelante, cuando sus fortunas se hicieron más seguras, la clase alta capitalista recurrió al consumismo y despilfarro conspicuos en gran escala para impresionar a sus rivales. Construían grandes mansiones, se vestían con elegancia exclusiva, se adornaban con joyas enormes y hablaban con desprecio de las masas empobrecidas. Entretanto, las clases media y baja continuaban asignando el mayor prestigio a los que trabajaban más, gastaban menos y se oponían con sobriedad a cualquier forma de consumo y despilfarro conspicuos. Pero como el crecimiento de la capacidad industrial comenzaba a saturar el mercado de los consumidores, había que desarraigar a las clases media y baja de sus hábitos vulgares. La publicidad y los medios de comunicación de masas aunaron sus fuerzas para inducir a las clases media y baja a dejar de ahorrar y a comprar, consumir, despilfarrar o gastar cantidades de bienes y servicios cada vez mayores. De ahí que los buscadores de estatus de la clase media confirieran el prestigio más alto al consumidor más importante y más conspicuo.
Del amor por las vacas pasamos al odio y amor por los cerdos, relaciones que el autor basa también en el mantenimiento del equilibrio ecológico de las poblaciones humanas con su entorno. Todos conocemos la prohibición del consumo de cerdo entre musulmanes y judíos, sociedades que han vivido tradicionalmente en entornos donde el agua es un bien escaso y las altas temperaturas suponen un grave impedimento para la cría del cerdo, un animal asociado desde siempre al bosque y a climas más húmedos. Sin embargo, en algunas islas de Nueva Guinea o Melanesia se le rinde culto, y es el motor de las guerras entre poblados. Estas guerras primitivas son, según el antropólogo, el precio que han de pagar estas poblaciones ante el aumento de hijos varones en las familias. Se entra así en una espiral que provoca infanticidios, directos o indirectos, que desembocan en un incremento de la población masculina y, nuevamente, en la guerra.

El estudio de la guerra primitiva nos lleva a la conclusión, dice el autor, de que la guerra ha formado parte de una estrategia adaptativa vinculada a condiciones tecnológicas, demográficas y ecológicas específicas. No es necesario invocar imaginarios instintos criminales o motivos inescrutables o caprichosos para comprender por qué los combates armados han sido tan corrientes en la historia de la humanidad. Por ello, no cabe sino esperar que ahora cuando la humanidad tiene mucho más que perder de lo que posiblemente pueda ganar con la guerra, otros medios de resolver los conflictos entre grupos la reemplazarán.

Esta violencia primitiva y su relación con los mesías de la guerra son aspectos estudiados por Harris en los siguientes capítulos del libro. Plantea aquí cómo estos mensajes mesiánicos han llegado hasta nuestros días en la figura de personajes de gran relevancia (caso de Lenin o Hitler), donde han sido capaces de movilizar a grandes cantidades de personas bajo la promesa de un futuro ilimitado de grandeza respecto a otros pueblos. Son los elegidos para llevar a cabo el cambio hacia un mundo que, estiman ellos, será mejor.

Junto a los mesías de guerra, y como forma de control de la población, encontramos la figura mítica de la bruja y, por ende, de los cazadores de aquellas. El importante crecimiento de los procesos de brujería durante la edad media vino determinada por la aparición de brotes de rechazo al poder establecido.
Sugiero que la mejor manera de comprender la causa de la manía de las brujas es examinar sus resultados terrenales en lugar de sus intenciones celestiales. El resultado principal del sistema de caza de brujas (aparte de los cuerpos carbonizados) consistió en que los pobres llegaron a creer que eran víctimas de brujas y diablos en vez de príncipes y papas. ¿Hizo agua vuestro techo, abortó vuestra vaca, se secó vuestra avena, se agrió vuestro vino, tuvisteis dolores de cabeza, falleció vuestro hijo? La culpa era de un vecino, de ese que rompió vuestra cerca, os debía dinero o deseaba vuestra tierra, de un vecino convertido en bruja. ¿Aumentó el precio del pan, se elevaron los impuestos, disminuyeron los salarios, escaseaban los puestos de trabajo? Obra de las brujas. ¿La peste y el hambre destruyen una tercera parte de los habitantes de cada aldea y ciudad? La audacia de las diabólicas e infernales brujas no conocía límites. La Iglesia y el Estado montaron una denodada campaña contra los enemigos fantasmas del pueblo. Las autoridades no regatearon esfuerzo alguno para combatir este mal, y tanto los ricos como los pobres podían dar las gracias por el tesón y el valor desplegados en la batalla.

El significado práctico de la manía de las brujas consistió, así, en desplazar la responsabilidad de la crisis de la sociedad medieval tardía desde la Iglesia y el Estado hacia los demonios imaginarios con forma humana. Preocupadas por las actividades fantásticas de estos demonios, las masas depauperadas, alienadas, enloquecidas, atribuyeron sus males al desenfreno del Diablo en vez de a la corrupción del clero y la rapacidad de la nobleza. La Iglesia y el Estado no sólo se libraron de toda inculpación, sino que se convirtieron en elementos indispensables.
Marvin Harris y su materialismo cultural sufrieron en su día duras críticas por parte de otros antropólogos, al presentar sus teorías un excesivo alineamiento con el determinismo y la consiguiente disolución del individuo dentro de la sociedad, pero el presente resulta un libro de lo más interesante, que invita a la reflexión en torno a aspectos culturales que suelen darse por hechos, o para los que no se busca una explicación que vaya más allá de nuestra propia visión parcial de aquellos.

La imagen de la vaca es propiedad de Karen T. Harrison, y está tomada de la web enlazada.

jueves, 1 de octubre de 2009

El camino de los héroes

Es la de Miguel Delibes Setién una de las plumas más destacas de las letras en castellano del pasado siglo XX. Catedrático de Derecho Mercantil, profesor de la Escuela de Comercio de Valladolid, redactor y director de El Norte de Castilla, todos estos logros palidecen frente a los puramente literarios. Ganador del Nadal con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, los premios recibidos por el pucelano se suceden a lo largo de los años: el Nacional de Narrativa, el Príncipe de Asturias de las Letras o el Cervantes son algunos de los más representativos.

Sin embargo, si preguntaseis el motivo de mi predilección por su obra, obviaría los galardones y os diría, simplemente, que es por su llaneza. Porque ha sabido plasmar como nadie la profunda sabiduría que subyace bajo las palabras más simples, las del pueblo llano que aparece en sus libros. Si algo destaca del autor es su forma de escribir, pues su aparente sencillez no es más que la revelación de un estilo depurado, que le permite tratar, desde lo local, temas universales e imperecederos: la niñez, la muerte, el hombre tratado como individuo frente a la colectividad, el determinismo (en ocasiones, fatalismo) con que este debe afrontar su camino en la vida, la permanente crítica social y, siempre, el amor por la naturaleza, quedan reflejados en su obra.

Por lo dicho anteriormente, la obra de Delibes requeriría de entradas y entradas para llegar a abordarla con un mínimo de profundidad (y multitud de vuestros siempre enriquecedores comentarios), pero no es esta reflexión la que motiva a la presente, sino hablaros de forma sucinta sobre el último ensayo que he leído sobre don Miguel. Se trata de Miguel Delibes, el camino de sus héroes, de Mª Isabel Vázquez Fernández. En él, la autora lleva a cabo un acercamiento a la obra de Delibes a través de sus personajes. Establece vínculos entre ellos, busca similitudes, motivaciones en sus actos, nos ofrece una renovada visión de estos caracteres, tan humanos y, hasta cierto punto, tan autobiográficos. Porque Delibes vuelca en sus personajes parte de su ser, se desdobla en ellos. Tal y como Unamuno escribiría en Tres novelas ejemplares y un prólogo,
el novelista auténtico tiene dentro de sí no un personaje, sino cientos de personajes. De aquí que lo primero que el novelista debe observar es su interior. En este sentido, toda novela, todo protagonista de novela lleva dentro de sí mucho de la vida del autor. Vivir es un constante determinarse entre diversas alternativas. Mas, ante las cuartillas vírgenes, el novelista debe tener la imaginación suficiente para recular y rehacer su vida conforme otro itinerario que anteriormente desdeñó. Por aquí concluiremos que por encima de la potencia imaginativa y el don de la observación, debe contar el novelista con la facultad de desdoblamiento: no soy así pero pude ser así.
Si reflexionamos sobre ello, podremos comprobar que gran parte de sus personajes experimentan tristeza, angustia, o simplemente resignación frente a la muerte; Senderines, el niño de La Mortaja, Eloy, el anciano funcionario de La hoja roja, el Mochuelo en El Camino

La naturaleza, la caza, sus grandes pasiones, están presentes en gran parte de su obra. Una vez más, Daniel, el Mochuelo, que no desea separarse de sus amigos y de su pueblo, el Nini, protagonista de Las ratas, con su sabiduría heredada, casi instintiva, Azarías, el inocente cuñado de Paco, el Bajo, en Los Santos Inocentes, con su amor por la Milana, la grajilla que educase para la genial versión cinematográfica de la novela, dirigida por Mario Camus, el ya desaparecido Aurelio Pérez, naturalista y colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente (este último fue un gran amigo de Miguel Delibes, quien le acompañó en numerosas ocasiones al campo). De su preocupación por el medio ambiente (esa temprana sensibilidad ecológica, cuando aún no se conocían en España términos como "biodiversidad", o el tan manido por los políticos "desarrollo sostenible") surgirían textos como este que, dedicado a los ríos moribundos, desgraciadamente no ha dejado de tener vigencia.
El agravio constante a que sometemos a la naturaleza adopta una de sus expresiones más lamentables en las corrientes fluviales. Hay ríos muertos, como los de las zonas fuertemente indistrualizadas, ríos agonizantes, que son la mayor parte de los de nuestro país, y ríos simplemente enfermos, a los que si no se les presta remedio pasarán a engrosar las largas listas de los dos primeros. Lo que ya no quedan son ríos sanos y, teniendo en cuenta que los ríos ibéricos son poco caudalosos, la noticia de la defunción de nuestras aguas fluviales, de no arbitrarse medidas rápidas y eficaces, no tardará en producirse.
Sorprende, sin embargo, que la Europa comunitaria, atenta siempre a conservar en España la fauna que ellos destruyeron antes en sus países respectivos, se preocupe tan poco de nuestros ríos. La contradicción únicamente es aparente porque ellos disponen de mayores masas fluviales, llevan años velando por su depuración y, en consecuencia, no ven en tanto peligro los peces como el halcón peregrino, el lince o el buitre negro, por poner solamente tres ejemplos de especies en el límite de supervivencia.
(...)
¿Por qué no empezar el proceso de recuperación del medio ambiente saneando nuestros ríos, esos cementerios acuáticos donde apenas sobrevive la carpa cenagosa y escatófaga? Bien es verdad que podríamos empezar por cualquier otra parte: nuestros bosques, nuestra atmósfera, nuestro Mediterráneo, nuestras basuras... Lo que apunto es la urgencia, la necesidad de empezar pronto y por algún lado. Nuestra dejadez en este terreno no debe ir más lejos de donde ha ido; urge poner un límite.
(...)
No lo olvidemos y pongámonos sin dilación a la tarea.
La niñez, por último, se hace presente a través de gran cantidad de sus personajes. Mediante la misma, el autor es capaz de estudiar los sentimientos, aún incólumes, del hombre. De ese hombre que "nos guste o no, tiene sus raíces en la naturaleza y al desarraigarlo con el señuelo de la técnica, lo hemos despojado de su esencia", como afirmaría en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española, allá en 1975.

En resumen, os diría que se trata de un ensayo realmente interesante, ideal para reflexionar sobre las ideas que Delibes plasma en su obra, siempre comprometida y sincera, desde el punto de vista de sus personajes, a través de los cuales ha plasmado el modo de vivir de varias generaciones de españoles, y algunas de las problemáticas más universales del hombre.

(Que conste que intentaba sacar la fotografía únicamente al libro... pero ha resultado tarea imposible ;) ).