
La autora rusa Liudmila Ulitskaya publicó en 1996 la novela Sóniechka, aunque no fue hasta hace un par de años que la tradujeron al castellano. Esta breve novela, ganadora en Francia del premio Médicis, nos cuenta en pocas páginas la singular vida de Sóniechka, una joven judía de los Urales que, debido a su fealdad, no se cree con derecho a ser feliz y que encuentra en su precario trabajo en una biblioteca pública, donde devora libros a mansalva como lectora compulsiva, y en el hombre que conoce allí y que llegará a ser su marido, el pintor Robert Víktorovich, su razón de existir.
Poco a poco abandonará el placer que le proporcionaba la literatura, cuyos personajes recrea en su imaginación de forma tan real que es capaz de sentirse más identificada con ellos que con las personas que han compartido su vida hasta entonces: sus padres, sus amistades…, para limitarse a ser la fiel y amable esposa que cualquier marido -de la época en que transcurre la trama de la novela, que coincide con la del régimen soviético y su desmoronamiento durante el pasado siglo- podría esperar. Aunque es mucho más joven que Víktorovich, Sonia se siente afortunada y agradecida de que él le preste atención y haya decidido pasar la vida a su lado. Juntos tienen una hija, Tania, que les trae tantos disgustos como alegrías; entre estas últimas se encuentra la joven Yasia, una huérfana polaca que llegará a compartir su vida con la familia de Sonia, y a cambiar la de ésta.
La verdad es que he leído buenos comentariostanto del libro como de la autora, a la que llegan a comparar con Chéjov. A pesar de su brevedad, aquél me ha resultado un poco lento, la actitud resignada de Sonia ante la vida, aunque comprensible en una mujer de su época, termina por apagar al personaje y convertirlo en una sombra de sí misma. En general me ha transmitido la impresión de ser un cuento que no llega a novela: carece de la frescura del relato y no termina de profundizar en la historia más allá de las pinceladas psicológicas con que esboza a los personajes principales de la misma. En este aspecto sí que entronca directamente con el resto de literatura rusa que he leído hasta el momento,y que ciertamente me encanta por su acercamiento a la psique de los personajes hasta el punto de contemplarnos observando la vida a través de los ojos de éstos, y por el amor desmedido hacia los libros y la cultura que suelen caracterizarles.
Me da la impresión de que el libro no puede ser tan flojo como me ha parecido -según parece la traducción pierde parte del lirismo del original, que el vuelco al francés supo mantener-, y no sé si he sacado una opinión precipitada del mismo, o simplemente lo he leído en un mal momento, en el que no he sido capaz de introducirme como debiera en él y la historia que nos narra. Desde esta perspectiva, os pregunto: ¿habéis leído el libro, o algún otro de la autora? ¿Qué os parecieron?

