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jueves, 27 de agosto de 2009

Cielos de barro


Hay ocasiones en las que, por algún incierto designio, nos vemos abocados a enfrentarnos a una determinada situación. Aun sin haberlo buscado, lo cierto es que la historia que traigo hoy al blog tiene cierta relación con algunos de los libros que lo han visitado recientemente. Como ocurriese con la divertida novela de Eslava Galán, La mula, la reciente entrada sobre el ensayo de Martín Gaite en torno a los usos amorosos de la posguerra, aquel breve relato sobre un republicano o incluso el secreto que nos narraba Muñoz Molina, la novela de Dulce Chacón que acabo de terminar transcurre desde el periodo previo al comienzo de la Guerra Civil hasta el final de la misma. En determinados momentos parece que los libros nos buscan, ya que fue casual que leyese la novela de Muñoz Molina, me encontrase con la de Eslava Galán o me determinase a leer el ensayo que recomendara Maribel en los comentarios del blog. También ha sido el azar, con su invisible mano, el que me ha acercado a este libro, aunque cierto es que hacía tiempo que tenía ganas de leer a la autora extremeña y, tras finalizar esta lectura, de reencontrarme con su obra.

Lo primero que me llamó la atención de Cielos de barro fue que me recordaba poderosamente a los libros de Miguel Delibes. Aunque Chacón tiene su propio estilo, en esta novela parece haber prestado una singular atención al lenguaje, gracias al cual consigue diferenciar claramente a los personajes de la obra, que se expresan en función de su estatus social. La novela se convierte así en una obra coral, que narra la historia de un cortijo extremeño desde las voces de quienes allí vivieron o trabajaron. Me recuerda aquí levemente a Los santos inocentes, pues nos enfrentaremos a opresores y vencidos; a los sirvientes que han de someterse a la voz del amo so pena de recaer sobre ellos desgracias aún mayores que las de vivir con miedo, y a los terratenientes cuyo poder no son capaces de controlar y, en ocasiones, se volverá contra ellos.

Pero no es la única forma que tiene Chacón de contarnos una historia conmovedora, con unos personajes que nos llegan al alma y que se convierten por la magia de su pluma en seres de carne y hueso que sienten, sufren, aman. La narración transcurre por dos caminos separados. Uno de ellos, el que comentaba anteriormente, es el de las múltiples voces de los habitantes del cortijo Los Negrales y de las tierras de labranza de sus propietarios. El otro es el que más me ha conmovido, el diálogo unipersonal de Antonio, un viejo alfarero que reflexiona sobre las vidas de quienes habitaron el cortijo y la suya propia, y nos va desvelando detalles que permiten que hilemos unas vidas con otras hasta lograr tejer un tapiz realmente maravilloso. Decía que Antonio mantiene un “diálogo unipersonal”, y es que si bien le oímos en el diálogo que mantiene con el inspector de policía que investiga el múltiple asesinato de varios miembros de la acaudalada familia propietaria de Los Negrales, de este último nunca conocemos palabra alguna, sino que adivinamos sus preguntas a través de las respuestas de Antonio. En cierto modo me recordó a Cinco horas con Mario y el singular monólogo de Carmen mientras vela a su marido, recién fallecido, aunque la perspectiva del diálogo lo hace ciertamente novedoso. El anciano se expresa de una forma tan real que parece que tenemos ante nosotros a un entrañable abuelo, con sus manías y especial encanto, hablando con esos diminutivos acabados en "-ino" e "-ina" tan propios de Extremadura. En resumen, con la voz del pueblo, con la de Paco, el Bajo, la Régula o el señor Cayo.

Comenzando con la investigación en torno al crimen múltiple, el libro torna pronto en una reflexión en torno a las diferencias sociales, a la injusticia de la guerra y el sufrimiento vivido en Extremadura durante la misma y tras su finalización. Reivindica la soledad de los pueblos, el exilio de los jóvenes hacia la gran ciudad y la deshumanización a la que son sometidos, la pérdida de su identidad. Y todo esto desde una perspectiva profundamente humana, que consigue conmovernos, desear que la historia no termine, que no debamos separarnos de unos personajes que se nos hacen realmente queridos.

Sin lugar a dudas, una de las novelas que más me ha gustado en los últimos meses, y que no dudo en recomendaros encarecidamente.