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lunes, 21 de julio de 2014

El indestructible

El pasado viernes me encontraba en el autobús releyendo un libro de artículos de Isaac Asimov cuando, inesperadamente, me topé con un viejo conocido. Un texto que recordaba suyo, aunque en una versión más reducida (si mal no recuerdo, uno de esos condensados del Selecciones de Reader's Digest que tenía mi padre en casa, y que no había sido capaz de volver a encontrar). Os dejo con él y después os comento un par de detalles.



El indestructible
Algunos de los cambios más espectaculares que hemos presenciado en el siglo actual tienen que ver con los vehículos para el entretenimiento de los seres humanos.
De las pianolas se pasó a los gramófonos; de «vaudeville» al cine; de la radio a la televisión. A las películas se les añadió sonido; a la radio, imágenes; y a ambas, el color. Y nadie duda de que podamos ir más lejos.
Con el láser y la holografía podemos producir imágenes tridimensionales de mayor definición que la que puede ofrecer cualquier fotografía corriente en dos dimensiones. Las modernas técnicas de grabación en cinta nos permiten editar vídeo-cassettes sobre cualquier tema, de modo que el cliente puede reproducir en cualquier momento lo que le apetezca en su propio televisor.
Cada nuevo invento desplaza a los antiguos en la medida en que el público acude a aquella técnica que le da más. El cine mató al vaudeville, la televisión a la radio y el color al blanco y negro. Las tres dimensiones acabrán sin duda con la bidimensionalidad, y las cassettes puede que maten a la televisión de masas, dirigidas al gran público.
¿Cuál es la tendencia general? ¿A qué se llegará en último término?
En cierta ocasión asistí a una exhibición de cassettes de TV y me saltó a la vista lo voluminoso y caro que era el equipo auxiliar necesario para descodificar la cinta, llevar el sonido hasta los altavoces y proyectar la imagen sobre la pantalla. No hay duda de que las mejoras vendrán por el lado de la miniaturización y de la mayor complejidad, que es el  mismo proceso que en años recientes nos ha proporcionado radios, cámaras, computadores y satélites más pequeños y compactos.
Es posible que el equipo auxiliar disminuya de tamaño y acabe por desaparecer. La cassette se convertirá en un objeto autónomo que contenga la cinta y todos los mecanismos necesarios para producir el sonido y la imagen.
La miniaturización hará que la cassette sea cada vez más manejable y ligera, hasta poderla llevar casi bajo el brazo. Y su funcionamiento requerirá también cada vez menos energía, hasta rozar casi el ideal último de no consumir ninguna.
Una cassette ordinaria produce sonidos y proyecta luz, porque ese es precisamente su propósito. Pero ¿por qué invadir la esfera de otras personas ajenas a ellos? La cassette ideal sería visible y audible para la persona que la está utilizando, y para nadie más.
Las cassettes que existen hoy necesitan, como es lógico, una serie de mandos: un botón de encendido y apagado y otros para regular el color, el volumen, el brillo, el contraste y demás. La dirección del cambio será, naturalmente, hacia una simplificación de los controles. En último término habrá un solo botón... o quizá ninguno.
Cabría imaginar una cassette que estuviese siempre perfectamente ajustada, que empezara a funcionar automáticamente en cuanto uno la mirara, que se parara automáticamente en cuanto uno dejara de mirarla; que pudiera avanzar o retroceder deprisa o despacio, a saltos o con repeticiones, a placer del usuario.
Qué duda cabe que ése es el aparato de nuestros sueños; una cassette que puede contener información sobre infinitos temas, del mundo de la ficción o del real, que es autónoma, manejable, parsimoniosa en el consumo de energía, perfectamente privada y sometida en gran medida al control de la voluntad.
¿Será sólo un sueño? ¿Tendremos algún día una cassette así?
La respuesta es un sí rotundo. No es que la vayamos a tener algún día, es que la tenemos ya; para ser más exactos: existe desde hace siglos. El ideal que he descrito es la palabra impresa: la revista, el libro, el objeto que tiene Vd. en sus manos; un objeto ligero, privado y manipulable a voluntad.
¿Piensa Vd. que el libro, a diferencia de la cassette que he descrito, no produce sonidos e imágenes? Pues se equivoca.
Es imposible leer sin oír las palabras en la mente y sin ver las imágenes que producen. Y con la ventaja de que son sonidos e imágenes propios, no inventados por otros.
Las imágenes y el sonido que ofrecen todos los demás medios de entretenimiento son «congelados», y tienen un nivel de detalle que mejora con el avance de la tecnología. El resultado es que los medios exigen cada vez menos del usuario. Incluso se insertan cuñas musicales y risas pregrabadas para elicitar determinadas emociones en el cliente sin esfuerzo de su parte. La persona a quien le cuesta leer (y a la mayoría le cuesta) recurrirá a estos productos «congelados», y seguirá siendo un espectador pasivo.
La palabra impresa, por el contrario, presenta un mínimo de información. Todo lo demás por encima de ese mínimo tiene que ponerlo el lector: la entonación de las palabras, la expresión de los rostros, la acción y el escenario han de ser extraídos de estas sartas de símbolos en blanco y negro. El libro es una empresa compartida entre el escritor y el lector, como ninguna otra forma de comunicación puede serlo.
Si Vd. pertenece, por tanto, a esa pequeña y afortunada minoría para quienes la lectura es fácil y agradable, el libro, en cualquiera de sus manifestaciones, será para Vd. irreemplazable e indestructible, porque exige participación. Por muy agradable que sea el papel de espectador, participar siempre es mejor.
Isaac Asimov, ¡Cambio! 71 visiones del futuro.

¿Sorprendidos? Conforme leía el artículo (que está fechado a mediados de los años 70 del pasado siglo XX), pensaba en los avances tecnológicos que habían puesto en nuestras manos el walkman, los reproductores MP3 y, recientemente, móviles inteligentes y tabletas que integran todo cuanto este visionario autor reflejaba en el artículo. Todo para llegar al libro, a ese magnífico e irreemplazable instrumento, maravillosa puerta a otros mundos y a todos los saberes. Cuando llegué a ese instante comprendí que había encontrado el texto original que recordaba y que siempre quise compartir en el blog. Un motivo más para sentarme a escribir y recuperarlo (poco ahora, más en poco tiempo), ahora que vuelvo a leer con relativa normalidad y a disfrutar con la lectura, acabando libros, tomándolos por el mero placer de hacerlo.

¡Feliz lectura!

jueves, 13 de septiembre de 2012

«La vida no es forma de tratar a un animal»


Me encanta Vonnegut y, sin embargo, es un autor al que leo de higos a brevas. Me lo descubrió Azote a través de su novela Matadero cinco (subtitulado La cruzada de los niños) y lo cierto es que aquella primera lectura me dejó un poco descolocado. La forma de narrar de Kurt es bastante peculiar, hilvanando sus historias mediante un finísimo humor negro, tremendamente ácido, que nos hace dudar en ocasiones sobre si estará hablando en serio, si se ríe de nosotros o, lo que es más probable, si se estará riendo del mundo. En el blog hay un par de reseñas de obras suyas cuya lectura os recomiendo encarecidamente. La de las novelas. Bueno, y como diría él, la de las entradas también; Pájaro de celda y Galápagos

Aunque durante los últimos meses he leído otros libros (no tantos como hubiese querido) no he reseñado prácticamente ninguno. La falta de tiempo, ganas y fuerzas se han dado la mano para hacer que el blog se asemejase a un desierto de letras, con sus plantas rodadoras (estepicursores) incluidas, y ha sido precisamente un libro de Vonnegut el que me ha sacado de esta apatía lectora. Un hombre sin patria es un libro de artículos, un experimento artístico, un conjunto de pensamientos plasmados sobre el papel, un monólogo interior vomitado en forma de tinta. Y lo he devorado sin ser capaz de despegar las pestañas de sus páginas, disfrutando con cada una de sus frases y cada sonrisa mía, cosechada en su momento justo gracias al buen oficio de este escritor.

Pero no todo son sonrisas, y, cuando lo son, suelen venir acompañadas de cierto regusto agridulce ya que nos estamos riendo, como Vonnegut, de la permanente e irónica locura del hombre en su relación con sus semejantes y el mundo que le rodea. Para muestra, un botón: 
Uno de mis seres humanos preferidos es Eugene Debs, de Terre Haute, en mi estado natal de Indiana. […] Lo que decía durante la campaña era esto:

Mientras haya una clase baja, estaré en ella.
Mientras haya un elemento delictivo, perteneceré a él.
Mientras haya un alma en la cárcel, no seré libre.

¿No les da arcadas cualquier cosa relacionada con el socialismo? ¿Como las grandes escuelas públicas o la seguridad social para todos? 

Los textos de Un hombre sin patria abarcan todo tipo de temáticas. Las guerras injustas (siempre lo son), ya se desarrollen en Irak o en Europa, puesto que Vonnegut sobrevivió durante la Segunda Guerra Mundial al bombardeo de Dresde y criticó duramente a los Bush y sus amigotes cuando llevaron el dolor y la desolación a Irak en dos ocasiones. La contaminación del planeta por el uso y abuso de los combustibles fósiles, las armas nucleares, el crecimiento hipotéticamente ilimitado de la población mundial... Nos habla del humanismo y de la religión, sobre literatura y ciencia desde el punto de vista del que ha vivido una vida larga y plena y sabe lo que se hace. No en vano su formación en Química y su máster en Antropología, su posición como presidente de la Asociación Humanista Americana (como sucesor de Isaac Asimov tras la muerte de este), complementarían y enriquecerían su experiencia vital.Y, así, su mensaje resulta plenamente lúcido y actual:
Llegaron en una época en que la clase dirigente anglo, igual que los políglotas oligarcas empresariales de hoy en día, querían los trabajadores más baratos y dóciles que se pudieran encontrar en el mundo entero. Los requisitos que debían cumplir estas personas, tanto entonces como ahora, eran los ya enumerados por Emma Lazarus en 1883: «cansados», «pobres», «hacinados», «desgraciados», «sin hogar» y «maltratados por la vida». Y, en aquella época, a las personas de este tipo había que importarlas. No era posible, como hoy, enviarles el trabajo allí donde eran tan infelices. 
Un hombre sin patria es un libro escrito con ingenio y humor, divertido hasta el extremo, con ese estilo tan personal y único que le convierte en uno de los mayores autores norteamericanos de los últimos tiempos y que le hizo ser candidato al Premio Nobel de Literatura que, desgraciadamente, no llegó a conseguir. No dejéis de leer este libro: os encantará. 
Lo que es radicalmente nuevo hoy en día es que mi hija Lily, que acaba de cumplir los veintiuno, se ha encontrado (como los hijos de ustedes, como George W. Bush, que también es un niño, como Saddam Hussein y como este otro y el de más allá) con una escandalosa herencia: un pasado reciente de esclavitud, una epidemia de sida y unos submarinos nucleares que dormitan en el fondo de los fiordos de Islandia y a saber en qué otros muchos lugares, con una tripulación dispuesta a, con tan sólo una orden, convertir en hollín radiactivo y en polvo de huesos cantidades industriales de hombres, mujeres y niños con sus misiles y sus bombas de hidrógeno. Nuestros hijos han heredado tecnologías cuyos efectos secundarios, lo mismo en tiempos de guerra que de paz, están destruyendo este planeta a marchas forzadas, logrando que deje de ser un sistema respirable y potable donde las formas de vida puedan desarrollarse. Cualquiera que haya estudiado algo de ciencia y hable con científicos de vez en cuando comprende que actualmente nos encontramos ante una tremenda amenaza. Los seres humanos, los de antes y los de ahora, nos hemos cargado el chiringuito. 
La mayor verdad que hay que afrontar ahora (y que probablemente hará que se me considere una persona poco simpática para el resto de mi vida) es que creo que a la gente le importa un pimiento si el planeta aguanta o no. Me da la impresión de que todo el mundo vive como viven los miembros de Alcohólicos Anónimos: al día. Y les basta con unos pocos días más. Conozco a muy poca gente que sueñe con un mundo para sus nietos.

martes, 13 de septiembre de 2011

Sobre chusma y sobre cobardes

“Se me han cabreado unos vecinos de Tordesillas porque el otro día califiqué de chusma cobarde a la gente que se congrega cada septiembre para matar un toro a lanzazos mientras la junta de Castilla y León, pese a las protestas de las sociedades protectoras de animales, mira hacia otro lado y se lava las manos en sangre, con el argumento de que se trata de una tradición y un espectáculo turístico. No sé si es que los llamara chusma o los llamara cobardes, o las dos cosas, lo que pica el amor propio de mis comunicantes. El caso es que se dicen «lanceros de Tordesillas, y a mucha honra», y preguntan cómo yo, que alguna vez he escrito que me gusta asistir de vez en cuando a una corrida de toros, me atrevo a hablar así de lo que desconozco, o sea, de «un duelo atávico y mágico, un combate de la bravura contra la inteligencia, un ritual de valor y de bravura que se celebra desde tiempo inmemorial». Exactamente eso es lo que dicen y lo que preguntan. Así que, con el permiso de ustedes, se lo voy a explicar. Despacito, para que me entiendan.

Amo a los animales. Por no matarlos, ni pesco. Tengo un asunto personal con los que exterminan tortugas, delfies, ballenas o atún rojo. También prefiero una piara de cerdos a un consejo de ministros. Creo que no hay nada más conmovedor que la mirada de un perro: mataría con mis propias manos, sin pestañear, a quien tortura a un chucho. Sostengo que cuando muere un animal el mundo se hace más triste y oscuro, mientras que cuando desaparece un ser humano, lo que desaparece es un hijo de puta en potencia o en vigencia. Eso no quiere decir, naturalmente, que caiga en la idiotez de algunas sociedades protectoras de animales que dicen que cargarse a un bicho es un acto terrorista. Incluso, como apuntaban mis comunicantes, cada año voy un par de veces a los toros. Cada cual tiene sus contradicciones, y una de las mías es que me gustan el temple de los toreros valientes y el coraje de los animales nobles. Es una contradicción -tal vez la única, en lo que tiene que ver con los animales- que asumo sin complejos; y sólo diré, en descargo, que nunca me horroricé cuando un toro mató a un torero. Al torero nadie lo obliga a serlo; y a cambio de jugarse la vida, gana dinero. Si no murieran toreros, cualquier imbécil podría estar allí. Cualquier cobarde podría dárselas de matador de toros. Cualquier mierdecilla podría justificar por la cara, sin riesgo, su crueldad y su canallada.

Yo he visto matar. Con perdón. Matar en serio. He visto hacerlo de lejos y de cerca, a solas y en grupo, y me he formado ciertas ideas al respecto. Una de ellas es que degollar y cascar tú mismo, cuando toca, forma parte de la condicion humana; y que son las circunstancias las que te lo endiñan, o no. También tengo una certeza probada: muy pocos son capaces de matar cara a cara, de tú a tú, jugándosela sólo con su inteligencia y su coraje, si alguien no les garantiza impunidad. Recuerdo a verdaderas ratas de cloaca, incapaces de defender a sus propios hijos, enardecerse en grupo y gallear, pidiendo sangre ajena, cuando se sentían respaldados y protegidos por la puerca manada. Conozco bien lo miserable, cruel y violento que puede ser un individuo que se sabe protegido por el tumulto. También leo libros, vivo en España, conozco a mis paisanos, y sé que para linchar y apuñalar por la espalda, aquí, somos unos artistas. Lo hacemos como nadie. Por eso, que media docena de tordesillanos, o más, se quejen porque a estas alturas de la feria me asquea lo del toro de la Vega y me cisco en los muertos de los lanceros bengalíes, me tiene sin cuidado. Lo dije, y lo sostengo. Llamar combate, torneo y espectáculo de épica bravura a miles de fulanos acosando a un animal solitario y asustado, y después tratar de héroes a una turba enloquecida por el olor de la sangre, que durante media hora acuchilla hasta la muerte al toro indefenso, refugiado en un pinar, y que luego salga la alcaldesa diciendo que «el combate fue rápido y ágil», y que el Aquiles de la jornada, o sea, el cenutrio que le metió el primer lanzazo, alardee, como el año pasado, de que «el toro estaba a la defensiva y se escondía en los arbustos, así que era difícil alancearlo», es un sarcasmo, una barbaridad y una canallada. Se pongan como se pongan. Al menos, en las plazas de toros el animal tiene una oportunidad: empitonar a su verdugo, de tú a tú. El consuelo, tal vez, de llevarse por delante al cabrón que lo atormenta.

Así que, por mi, todos los heroicos lanceros de la Vega pueden irse a hacer puñetas.

Arturo Pérez-Reverte. El semanal, 25 de mayo de 2003.

Yo no lo habría dicho mejor y posiblemente habría dejado corto el compendio de palabras malsonantes recogido por Cela en su Diccionario secreto. La negrita es mía, y aunque os haga mala sangre, deberíais ver lo que las palabras pueden describir; el miedo y el dolor de un animal noble convertido en un ternero temeroso que recula bajo un pino buscando cobijo sin encontrar más escapatoria que la muerte. Hoy Afligido nos hace partícipes de su nombre.


El vídeo pertenece a PACMA.

lunes, 27 de junio de 2011

Últimas lecturas y novedades

Aproveché la época previa a los exámenes para ir adelantando algunas de las lecturas livianas que vendrían a preceder a las que me proponía emprender en verano. Quienes seguís el blog habitualmente habréis podido ver que ha sido una época de sequía en lo tocante a escritura, con apenas alguna que otra entrada, en ocasiones redactada en apenas unos momentos o trayendo a colación algún párrafo que me había gustado o llamado la atención. No ha sido este un mal endémico de este blog, sino que ha enraizado también en el resto de los que escribo. De ahí que no hace tanto plantease aquí mis dudas existenciales sobre si sería mejor unirlos o no, sobre si merecía la pena continuar en estas circunstancias. No quiero, ni lo merece el blog ni quienes lo leéis, que languidezca durante un largo periodo hasta ser abandonado finalmente. No es mi intención tampoco esa y de algún modo tendré que encontrar el tiempo necesario para dedicarle la atención que merece.

Por lo pronto, y por dar zanjado el periodo previo e ir avanzando el estival, junto a la anterior entrada donde presentaba algunas de mis próximas lecturas os traigo esta, dedicada a unas pocas de cuantas me han acompañado estos meses.

Andaba releyendo a Thoreau cuando surgió el movimiento en torno al 15M que tanta tinta ha hecho correr. No podría haber hecho una elección mayor, y en varias ocasiones traje aquí o dejé en Andanzas de un Trotalomas algunos fragmentos de su obra, y hoy dejo uno final, que quise reproducir semanas atrás y para el que no encontré el momento:
Después de todo, la autentica razón de que, cuando el poder está en manos del pueblo, la mayoría acceda al gobierno y se mantenga en él por un largo período, no es porque posean la verdad ni porque la minoría lo considere más justo, sino porque físicamente son los más fuertes. Pero un gobierno en el que la mayoría decida en todos los temas no puede funcionar con justicia, al menos tal como entienden los hombres la justicia. ¿Acaso no puede existir un gobierno donde la mayoría no decida virtualmente lo que está bien o mal, sino que sea la conciencia? ¿Donde la mayoría decida sólo en aquellos temas en los que sea aplicable la norma de conveniencia? ¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene cada hombre su conciencia? o creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha dicho y con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia.
[...]
Las votaciones son una especie de juego, como las damas o el backgammon que incluyesen un suave tinte moral; un jugar con lo justo y lo injusto, con cuestiones morales; y desde luego incluye apuestas. No se apuesta sobre el carácter de los votantes. Quizás deposito el voto que creo más acertado, pero no estoy realmente convencido de que eso deba prevalecer. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría. Su obligación por tanto, nunca excede el nivel de lo conveniente. Incluso votar por lo justo en no hacer nada por ello. Es tan sólo expresar débilmente el deseo de que la justicia debiera prevalecer.
Henry D. Thoreau, Desobeciencia civil.
Con el devenir de los acontecimientos, y habiendo leído el alegato de justicia de Stephane Hessel, ¡Indignáos!, me dispuse a leer un libro que recopila artículos de varios pensadores y periodistas. Se trata de Reacciona, una obra colectiva promovida por Rosa María Artal y que cuenta en su haber con autores de la talla de Hessel (el ilustre prologuista), José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza, Ignacio Escolar… Pienso que a nuestros desaparecidos Saramago y Sábato les habría gustado estar ahí, y que desde su recuerdo nos instan a reaccionar, a actuar.

Reacciona se lee con avidez, no aburre a fuerza de dar datos y más datos e invita a seguir investigando, a profundizar en los orígenes de la situación en que nos encontramos actualmente y a ponerle remedio. Somos muchos los que llevamos pidiendo este cambio, intentando hacer que la gente despierte y vea el inmenso poder que tiene en sus manos gracias a su capacidad de decisión. La del 15M fue una chispita pero hay que conseguir que el fuego prenda, que la sociedad desee decidir sobre su futuro y ejerza su derecho a hacerlo (sin menoscabar el de quienes están por venir, por supuesto).

También estuve terminando en esos días el último libro de artículos de Pérez-Reverte, Cuando éramos honrados mercenarios. Lo comencé, creo, durante los exámenes de febrero, y me ha venido acompañando durante todo este tiempo. Con los libros de artículos de don Arturo me ocurre siempre así: devoro de un tirón un año completo de artículos o dejo el libro olvidado y voy leyendo un par de ellos o tres de cuando en cuando. Me ha gustado, no obstante, y lo recomendaría sin dudar por la mala baba que rezuma y lo irónico de su pluma. Algo demagoga en algunas ocasiones, sí, pero siempre afilada y dispuesta a zaherir a politicuchos de poca altura y gentes de dudosa honra. Eso sí, he notado que con los años Pérez-Reverte se ha vuelto más oscuro, que sus artículos muestran, si cabe, un mayor desencanto hacia el hombre, aunque siga arrancándonos una sonrisa cuando, con la aguda mirada del que vivió informando, nos invita a compartir pequeños momentos con los personajes singulares que va conociendo en sus andaduras.

Por último, y aunque dejo alguna lectura en el aire, terminé con el libro de Misha Defonseca, Sobrevivir con lobos. Me lo prestó, hace ya demasiado tiempo como para que sea digno hacerlo público, mi amigo Alberto. Ya me avisaba de que a él no le había gustado demasiado pero, como somos amigos de cuanto tiene que ver con el hermosísimo cánido, quería leerlo también. Lo cierto es que el libro es emotivo y nos lleva a la infancia de una niña que, caída en desgracia cuando los nazis invaden su país, ha de sobrevivir sola en el bosque con lobos que son más humanos que quienes se expanden por Europa aquellos días. Tiempo después se demostró que la historia que la autora nos quiso hacer creer real no era más que una ficción, una novela que habría sido curiosa pero que queda en una farsa que busca el éxito (que lo tuvo, y mucho, en su día) a expensas del holocausto.

Y poco más. Tras esta última entrada rápida espero zanjar un periodo. No sé con qué periodicidad publicaré entradas aquí o en el resto de blogs, pero voy a intentar (aunque a veces me pueda la impaciencia y aproveche cualquier hueco para publicar algo) que las entradas vuelvan a ser más elaboradas, más cuidadas, y releerlas al menos antes de “entregarlas a imprenta”.

¡Feliz lectura!

viernes, 29 de octubre de 2010

Batiburrillo


Durante los últimos tiempos se me acumulan las entradas y me vienen a la cabeza muchas ideas que no termino por plasmar en una de ellas porque, aunque me apetece comentarlo por aquí, no terminan de tener la entidad suficiente como para constituir una entrada por sí mismas o porque estimé no hacerlo al considerar que serían comentados en otros blogs y no aportaría, en ese momento al menos, ningún valor (sirva de ejemplo la noticia del Nobel a Vargas Llosa, que descarté con alegría al ver que nuestro amigo R., de Fenixcidio, había roto su silencio ante tan grato acontecimiento).

Las últimas semanas se han prodigado en noticias de temática literaria. Así, aunque el Planeta no es un premio que personalmente valore demasiado (por parecerme sometido por completo a la vertiente editora mercantilista que mencionaba en la última entrada), lo cierto es que me alegró que el galardonado de este año fuese Eduardo Mendoza con su novela Riña de Gatos. Madrid 1936.

También me alegró oír hace unos días que Manuel Rivas publicaba nuevo libro; Todo es silencio narrará el mundo del narcotráfico en Galicia (que no será Galicia sino Brétema), desde el contrabando de tabaco hasta los grandes narcos de la cocaína, con esa prosa elegante y fluida a la que nos tiene acostumbrados (y enamorados, en mi caso particular) el autor. Una novela definida por él como “esperpento de serie negra” que ya estoy deseando leer.

Por si fuera poco, estoy esperando a que Círculo de Lectores ponga a la venta uno de los libros que han publicado dentro de Galaxia Gutenberg; Desde los bosques nevados, una compilación de ensayos de Juan Eduardo Zúñiga, uno de los máximos especialistas en lenguas eslavas y literatura rusa de España, sobre, precisamente, autores rusos. Además, escucho en la radio que se prepara una colección de clásicos de dicha nacionalidad por parte de El Aleph y Mario Muchnik con nuevas traducciones de las obras originales. Definitivamente, quieren hundir mi economía. Menos mal que la lista del Plan Infinito crece pero la de los libros que tengo en casa pendientes de leer también, así que seré sensato y daré buena cuenta, por ejemplo, de Vida y Destino, de Vasili Grossman, que tengo desde su primera edición y que ha estado esperando a que llegase un buen momento para emprender su lectura (que he postergado unos tres años, tras comenzar a leerlo, encantarme el primer capítulo y tener que dejarlo por embarcarnos en la tercera mudanza en dos años: simplemente es imperdonable).

Por si fuera poco, Umberto Eco publica también una nueva novela. Otra que sumar al Plan Infinito con prioridad alta (me encanta el autor y precisamente le escogí para dar inicio a esta andadura de Homo libris hace casi dos años) y que he descubierto al ponerme al día con El blog de Lahierbaroja, a quien además debo agradecer (más vale tarde que nunca, esta era una de las entradas pendientes y que debía escribir) el premio que me concedió como "Blog de Oro".Todo un honor que le agradezco desde aquí.


A todo lo anterior habría que sumar una serie de artículos que me han interesado bastante y que me gustaría compartir aquí. “Derechos digitales. Por qué los libros del futuro pueden quitarnos los derechos del pasado”es un artículo publicado en la revista digital Hermano Cerdo que vinculé en uno de los comentarios que hice a la entrada sobre Editores pero que corre el riesgo de quedar olvidado allí. “La era digital salva la pequeña librería” lo descubrí a través del Twitter de Alienor (cuando me di cuenta de que me había escrito, ya que el mío propio lo uso de momento poco) y me ha gustado mucho. También descubrí que uno de los libreros malagueños cuyas librerías tengo más presentes (por tener, entre otros, los libros pertenecientes a las asignaturas de diversas carreras de la UNED) es, además de un enamorado de los libros, uno de los ponentes de un curso sobre la traída y llevada “sostenibilidad” al que asistiré dentro de un par de semanas. Sus artículos “De librero a librero: ese paraíso de letra y papel. (Homenaje a polillas y demás seres pequeños que andan entre libros)” y “El libro de papel ha muerto, ¡viva el libro de papel!” creo que os gustarán.

Y, de momento, nada más. Seguro que algo me dejo en el tintero, pero ya habrá tiempo para relatarlo. Me despido deseándoos un feliz (y prolongado) fin de semana de Samhain (de Todos los Santos/Fieles Difuntos, Día de los Muertos, Halloween o lo que cada cual desee celebrar) y, por supuesto, una grata lectura.