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domingo, 4 de octubre de 2009

Dos menos, de Samuel Benchetrit

El viernes Azote y yo estuvimos viendo la representación teatral de Dos menos, basada en una obra de Samuel Benchetrit e interpretada magistralmente por José Sacristán y Héctor Alterio. Hace un par de semanas, paseando por Granada, hablábamos precisamente del comienzo de la temporada de teatro y nos preguntábamos qué obras poblarían los escenarios de los teatros que tenemos más cerca, el Cervantes de Málaga y el Isabel la Católica, en Granada. Lo cierto es que la temporada ha arrancado de forma prometedora en Málaga, y es que la obra de Benchetrit nos gustó muchísimo a ambos.

Sobre el autor había leído algo, meses atrás, en algún blog o web de noticias, y es que si eres un joven de 34 años, vives en Saint Germain des Prés, pero conoces a la perfección los barrios periféricos de París y, para colmo, te casas con la actriz Marie Trintignant, que algún tiempo después moriría a manos de su posterior novio, lo cierto es que tienes todas las papeletas para crear expectación mediática sobre cualquier cosa que escribas, máxime si lo haces con el talento que parece tener este hombre. Lo cierto es que su Crónicas del asfalto recibió muy buenas críticas tras su publicación en castellano, y eso que es la primera de cinco novelas autobiográficas, centrada en la infancia del autor. No entraré en ella, por supuesto, ya que no he tenido el gusto de leerla, pero sí he de confesar que me han dado ganas –y muchas– de hacerlo tras encontrarme con él a través de los personajes interpretados por Sacristán y Alterio.

En Dos menos, nos encontramos con dos ancianos, enfermos terminales, que deciden no dejarse caer en sus últimos días de vida. Apuestan por la vida y, dejando atrás el hospital donde acaban de comunicarles la funesta noticia, parten en la noche hacia un destino incierto. La obra es irreverente, salpica de humor una situación que debería de ser trágica pero que se torna en esperanzadora gracias a la pluma de Benchetrit. Nuestros dos amigos pasarán de ser pasivos asistentes en su mutua decadencia a activos dadores de vida. Interactuarán con su destino, evitando caer en la desidia de estos últimos momentos. Sabrán aprovecharlos para convertir una posible vida en el más allá en una experiencia real, en un futuro que sólo a ellos les es dado disfrutar. El resultado es una obra emotiva, capaz de ilusionar y de ofrecer una visión enriquecedora del ser humano. Hacernos comprender que el cambio es posible, que nuestras vidas pueden ser más plenas, pero que sólo de nosotros y de nuestros actos dependerá que llegue a materializarse aquel.

Al salir, no pude resistirme a escuchar a un grupo de señoras de cierta edad que hablaban entre sí, comentando que lo que menos les gustó fue el toque de humor que caracterizaba la obra. Desde mi humilde punto de vista, creo que hay pocas formas más idóneas de acercarse a la muerte que mediante el humor. Porque es el único que puede desmitificarla y permitir que nos aproximemos a ella sin recelo, sin desear salir huyendo, y sin que la indiferencia (otra posible forma de afrontarla) llegue ha convertirla en algo banal. Lo único que llegó a chocarme un poco fue la “segunda salida” de los personajes. Aun así, ese momento me recordó un poco al Quijote al no cejar nuestros protagonistas en el empeño de salir en busca de nuevas andanzas, por el mejor hecho de vivir.

En resumen, una obra que os recomiendo ver, si no ha pasado aún por vuestra ciudad. Me consta que, tras su estreno en Buenos Aires y su paso por Madrid y Barcelona, ya ha recorrido buena parte de la geografía española. Pero si os queda cerca, os invito a que os planteéis el asistir.