Hace meses que no leía ninguna obra de teatro, y la verdad es que me iba apeteciendo. Aprovechando un interludio lector entre obras de gran envergadura (en número de páginas), he tirado de fondo bibliotecario para leer, saltando de la edición de papel a la digital que incorpora la biblioteca “libre” del Papyre, la maravillosa obra Luces de bohemia, de Valle-Inclán.Cuando estudiábamos en la extinta EGB a los autores más representativos de nuestra lengua, las facciones del autor de luenga barba se me grabaron a fuego, y precisamente su inconfundible imagen me ha acompañado mientras leía Luces de bohemia, una obra magistral cuya lectura, de forma difícilmente justificable, aún no había acometido.
Con Luces de bohemia, Valle-Inclán crea un nuevo género teatral, el esperpento, mediante el cual pretende reflejar una sociedad grotesca, deforme, pútrida. El esperpento desfigura la estética de cuanto narra, recurriendo a figuras literarias como la cosificación de los personajes, o la animalización de los mismos, así como a una deformación de la realidad que busca su caricaturización. Así, en Luces de Bohemia, asistimos en poco más de veinticuatro horas a la caída de Max Estrella, un verdadero genio literario –que podría estar inspirado en Alejandro Sawa, un amigo del autor fallecido con anterioridad a la publicación de la obra-, un bohemio casado y con una hija, que vive sus últimos años en las tinieblas de una cruel ceguera, y que aun a pesar de ello es capaz de vislumbrar la realidad con más lucidez que muchos de los que le rodean. Le acompaña en sus andanzas Don Latino de Hispalis, un aprovechado amigo que hace honor al refrán de que, existiendo amigos como él, quién necesita enemigos.
Max Estrella y Don Latino deambulan por el Madrid de principios del siglo XX, encontrándose con usureros y prostitutas, con obreros manifestándose y con intelectuales que viven desenfadadamente su pobreza. Gracias a él, Valle-Inclán traza con agilidad un retrato de las miserias de una España en la que, como afirma uno de los personajes de la obra,
En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.En definitiva, se trata de una pieza de gran calado, que se lee en un suspiro, imprescindible para acercarse a la obra del autor gallego.