sábado, 14 de marzo de 2009

Las siete diferencias... y una base común

En literatura, el concepto de fantástico cubre un amplio espectro de posibilidades. Obras tan magníficas como dispares son frecuentemente etiquetadas mediante este adjetivo sin que se observe el más mínimo alzamiento de ceja por parte de un hipotético observador: La Metamorfosis de Kafka, buen número de los cuentos de Poe y Cortázar o el realismo mágico de García Márquez, por citar sólo unos pocos ejemplos, podrían quedar englobados en este amplio conjunto constituido por la literatura con tintes fantásticos.

Salvando la ambigüedad mencionada, que permite abarcar un amplísimo número de títulos, hoy quería reflexionar sobre un género en particular, el de la fantasía, que si bien queda englobado por el común de lo fantástico, habitualmente se le encuentra muy vinculado a los de ciencia ficción y terror, agrupando entre todos ellos una amalgama de títulos que en numerosas ocasiones atraviesan sin pudor la frontera entre unos y otros géneros.

Me aventuré en los mundos de fantasía (también conocida como fantasía épica, o de magia y espadas) gracias a la estupenda novela de Michael Ende, La historia interminable. Aunque antes de ello leería sus libros infantiles de Jim Botón y Lucas, el maquinista, y después conocería a Momo, y su magnífico libro de relatos El espejo en el espejo, La historia interminable constituiría la recreación de un mundo que cualquier niño lector desearía conocer: un libro mágico que abre las puertas al Reino de Fantasía, con interminables historias que, por tanto, no tendrían fin.

Tiempo después, cuando me encontré ante el, hasta el momento, libro más importante de la fantasía moderna, El Señor de los Anillos, llegué a desear que ciertamente, ésta fuese una historia que no tuviese fin. Pocos libros me habrán marcado más que la famosa trilogía de J.R.R. Tolkien sobre las aventuras y desventuras de un grupo de hobbits a lo largo y ancho de la Tierra Media. Tras sucesivas relecturas, he de confirmar que es un libro que gana con el tiempo, con el redescubrimiento de la épica historia que nos narra y con los personajes que la pueblan.

Poco después de leerlo, ante la necesidad de más historias de corte similar, me embarqué en una búsqueda imposible que terminó por decepcionarme. La inundación de títulos de colecciones fantásticas que sufrió el mercado editorial, liderado particularmente por Timun Mas, no llegó a cumplir con las expectativas que el filólogo inglés crease con El Señor de los Anillos o su antecesor, más orientado a un público infantil y juvenil, El Hobbit. Salvo honrosas excepciones, eso sí, como Las Crónicas de la Dragonlance, que en esta primera trilogía aún se salvaban de la quema de títulos posteriores ambientados en este mundo de Dungeons&Dragons TM, y eso aún a pesar de lo simple de sus personajes (aunque siempre nos quedará Raistlin) y su trama; Añoranzas y Pesares, una saga de Tad Williams que realmente me apasionó; o La canción de Albión, de Stephen R. Lawhead, que escrita con gran talento se alejaba de los tópicos del género mediante una inmersión en las costumbres de los pueblos celtas.

Tras esto, terminé por alejarme del género que tantos buenos momentos me había hecho pasar. Aun así, de cuando en cuando hacía alguna incursión que no terminaba de convencerme, e incluso tenía pendientes algunas lecturas que estimaba de calidad, y que cayeron en saco roto precisamente tras encontrarme con los títulos descatalogados, como con los Libros de Titus, de Mervyn Peake, de los que ahora intento localizar el segundo volumen, Gormenghast, sin mucho éxito de momento. Volviendo a estos momentáneos reencuentros, uno de los descubrimientos más gratos vino de la mano de Círculo de Lectores y su edición de los dos primeros volúmenes de la serie de Geralt de Rivia, de Sapkowski, en un ejemplar con todos sus relatos. Literatura fantástica renovada, con una visión posmoderna que desmonta, para reconfigurar a continuación su urdimbre, narraciones fantásticas y cuentos populares de Centroeuropa, alejados de la clásica visión de cuento de hadas, elfos y trasgos que tan característica es de otras novelas del género.

Por último, descubrí hace algo menos de un año -gracias a la visita de su autor a una librería malagueña- la saga de Canción de Hielo y Fuego. George R. R. Martin se basa en la Guerra de las Dos Rosas para comenzar una historia con tintes fantásticos en la que recrea con singular habilidad la idiosincrasia de los principales personajes de la saga, dotados de una profundidad psicológica realmente abrumadora.

¿Qué os parece el género de la fantasía (épica o no)? ¿Habéis leído alguno de los títulos que cito? ¿Qué os parecieron? ¿Recomendaríais o desaconsejaríais su lectura?

4 comentarios :

Elwen dijo...

Estoy totalmente de acuerdo en esto de los géneros, a veces uno en su propio blog no sabe como clasificar lo que lee.

En cuanto a la fantasía... aisss le tengo un enorme aprecio a este género. Tengo claro que no tendría tanta sed de lectura hoy en día si de pequeña no hubiera leído El hobbit y en consecuencia El Señor de los Anillos. He leído algunos de los que comentas pero siempre huiré de Dragonlance.

En general me ha pasado un poco como a ti, he leído bastantes cosas que no terminaron de encajar con lo que buscaba pero finalmente Canción de Hielo y Fuego me devolvió al género fantástico. A tus lecturas creo que añadiría La Espada de Fuego de Javier Negrete (por poner un toque español al asunto) y Leyendas de los Otori aunque no entre del todo en el género.

Mithdraug dijo...

Bienvenida, Elwen.

En efecto, El Señor de los Anillos y el Hobbit (e incluso el Silmarillion) fueron lecturas que me influyeron tremendamente en mi juventud. Aunque otras como las que mencionamos no llegasen a alcanzar su calidad literaria, sin duda recordaré siempre con agrado esa etapa de mi vida en la que los juegos de rol y las lecturas fantásticas me llevaban buena parte del tiempo.

Después me fui apartando del género de lo fantástico, en parte porque los autores que encontraba únicamente parecían escribir para jóvenes ávidos de aventura, pero sin aportar demasiada calidad literaria. Salvando los libros clásicos de caballerías, y a Sapkowski, poco me había sorprendido en los últimos años.

Con Martin me ocurrió que, siendo un poco reacio a leer sus libros por las portadas de Corominas (me parecían otro producto más para colocar en el mercado), al saber que visitaría Málaga empecé a investigar un poco por Internet, y lo que leí me impresionó tanto que decidí darle una una oportunidad... y con Festín de Cuervos me encuentro enganchado.

Para cuando lo termine, tengo pendientes La espada rota, de Poul Anderson, cuya reseña en Visiones de John Nada me atrapó, A punta de espada, de Ellen Kushner, que me llamó la atención en su día, y porque a causa de tu propia entrada sobre La caída de los Reyes se reavivó mi curiosidad, y Caballeros de Viriconium, de M. John Harrison, que a causa de esta otra entrada he descubierto, y creo que será otro digno sucesor (en tanto llega nuestro turno para ese esperado baile con dragones que nos promete Martin) para ocupar mis lecturas.

A Javier Negrete siempre he tenido curiosidad por leerle, y La Espada de Fuego es un libro que tengo pendiente por leer algún día, así como sus diversas aproximaciones a la mitología. Las Leyendas de los Otori no lo conocía, así que indagaré un poco al respecto :) .

Entretanto, alargo Festín de Cuervos intercalando otras lecturas. Ahora estoy leyendo La Ratesa, de Günter Grass, que me está apasionando, y de la que os daré cumplida cuenta en el blog en cuanto la termine, pues no dudo que algo tendré que escribir sobre este libro.

Un cordial saludo.

loslibros dijo...

Tendré que leer la saga de Canción de Hielo y Fuego, no sé si me defraudará, pero me pasa lo mismo que a Elwen, creo que nunca leeré Dragonlance...

Mithdraug dijo...

Bienvenido, Loslibros.

Creo que la Dragonlance tiene su momento, y es leerla cuando aún se es joven, y como leí entre los comentarios de otro blog, se devora cualquier tipo de lectura. Si incita a leer más, a conocer obras mayores, más complejas o, simplemente, seguir leyendo, ya se habrá conseguido algo.

En cualquier caso, la gran novela río de Martin es muy diferente a las series de D&D, que buscan un público más joven. Canción de Hielo y Fuego, repleto de crímenes, traiciones, incesto y otras bondades, está orientado al público adulto, y no creo que llegue a decepcionarte. Aunque, si te embarcas en esta aventura, me gustaría saber finalmente qué te pareció.

Un cordial saludo.