viernes, 4 de mayo de 2012

El invierno del dibujante

Aunque leo alguno que otro de cuando en cuando (me gustan, si bien no constituyen una de mis mayores preferencias), no suelo traer al blog entradas sobre los cómics que voy descubriendo. De hecho, no hace mucho pensé hacerlo con Blacksad y finalmente me contuve, y realmente es posible que esta sea la primera entrada dedicada a uno de ellos. Pero lo merece, tanto por la historia que narra como por haber sido mencionado con anterioridad en el blog, precisamente en la entrevista que nos concedió González Ledesma
HL: ¿Ha tenido oportunidad de leer o ver al menos El invierno del dibujante, cómic en el que aparece usted en los tiempos en que trabajaba para Bruguera? ¿Cómo es posible que una factoría de sueños como aquella fuese en su interior un infierno para los autores? 
FGL: Sí lo he leído. Me parece una obra admirable y creo que refleja la realidad de Bruguera. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, porque solo pensaban en el beneficio inmediato y actuaban generalmente con un egoísmo despiadado. Bruguera tenía una gran habilidad para los negocios pero nunca supo tratar a la gente. Por eso, con los años, fue perdiendo a sus mejores creadores, que normalmente veían sus sueños rotos. 

De esos años nos habla El invierno del dibujante, y si bien ya mencioné las draconianas condiciones que imponía Bruguera a los escritores que trabajaban para la editorial, no eran más piadosas las que tenían que soportar los guionistas y dibujantes de aquellos cómics (o historietas, o tebeos, como se les llamaba entonces) que llenan de imágenes la remota memoria de nuestra niñez. 

Paco Roca nos retrotrae hasta finales de los años 50 del pasado siglo cuando, cansados precisamente de las condiciones laborales de Bruguera, un grupo de valientes historietistas decide abandonar la editorial y lanzar al mercado un producto propio, donde fuesen dueños de sus propias creaciones y de su destino. Nació así Tío Vivo, la mítica revista juvenil, de manos de cinco dibujantes: Giner, Cifré, Conti, Peñarroya y Escobar. En El invierno del dibujante podremos comprobar cuán difícil fue poner en marcha este proyecto repleto de ilusión y qué fácil resultó a la gigantesca Bruguera tumbarlo. 

Tan capaz de arrancarnos unas risas como de hacer aflorar unas lágrimas, este cómic de Paco Roca nos permite acercarnos a Vázquez e Ibáñez, reconocer al joven abogado González Ledesma y disfrutar de un libro editado con gusto: desde las preciosas ilustraciones de Roca al color de las páginas, que cambia con cada capítulo como las historietas de antaño y que da un tono adecuado a la estación en la que transcurre cada uno de ellos. 

En definitiva, estamos ante un libro imprescindible para los amantes del cómic, para quienes quieran acercarse a un periodo de nuestra reciente historia editorial y para, nada más y nada menos, aquellos a quienes les gusta leer una historia bien escrita.


3 comentarios :

lammermoor dijo...

También de Paco Roca, es Arrugas que me encantó. Así que entre eso y que el tema resulta altamente interesane -quien no recuerda a Ibañez y cia.- creo que lo buscaré en mi próxima incursiónen la FNAC

P.D: veo que vas cogiendo el ritmo de publciaciones :D

loquemeahorro dijo...

Me atrae mucho este cómic, he oído/leído ya varias cosas, y todo bueno.

Eso sí, me da una pena infinita, eso es lo que tiene el auténtico final de la historia de David contra Goliat.

Pero supongo que mereció la pena luchar.

Homo libris dijo...

Lammermoor, tengo pendiente leer ese Arrugas, aunque he leído muy, pero que muy buenas críticas del cómic. Tendré que buscarlo yo también, jeje.

En cuanto al ritmo, a ver, a ver. Escribí todas las entradas prácticamente seguidas, aunque espacié su publicación. Espero estar con vosotros pronto, y aunque os sigo leyendo (desde el móvil, como os decía), tengo pendiente escribir algún comentario que otro. Eso sí, por Twitter sí que podéis encontrarme (como @Trotalomas) con más facilidad. ¡Si os animáis a entrar en esa red, no dejéis de decírmelo! :)

Loque, pues ya sabes: si el río suena, agua lleva. El cómic es francamente bueno, y aunque sea un poco triste (como bien dices, es la mítica lucha entre David y Goliat) siempre merece la pena luchar por aquello en lo que se cree. :)

¡Nos leemos! Un fuerte abrazo.