miércoles, 4 de julio de 2012

El expediente Barcelona

No me prodigo últimamente demasiado con las entradas del blog, pero resultaría de todo punto impensable que dejase pasar la ocasión de hablaros de uno de los libros que posiblemente más haya citado por aquí. No hace mucho terminaba de leer El expediente Barcelona, la primera de las novelas de Francisco González Ledesma en la que hace aparición el inspector Méndez, protagonista de tantas obras imprescindibles del autor, y he de decir que me ha encantado. Si bien la lectura se ha prolongado mucho más de lo que habría sido habitual para un libro de poco más de 300 páginas, ya que lo he leído en el poco ortodoxo soporte de mi móvil, aprovechando momentos vacíos y trayectos en transporte público cuando no llevaba un libro encima, lo cierto es que la he disfrutado hasta el punto de releer sobre la marcha fragmentos y capítulos completos, y estoy deseando hacerme con una copia en papel, ya que fue reeditado no hace mucho (y es que, señoras y señores que “velan” por la cultura, los libros electrónicos no tienen que suponer forzosamente la muerte de los tradicionales).


En El expediente Barcelona Ledesma nos llevará a los barrios de Barcelona que tan bien conoce, como no podía ser de otro modo, para descubrirnos las entretelas de un caso de terrorismo en el que aparecen vinculadas figuras de la burguesía catalana y los nuevos sindicalistas del posfranquismo en una historia hilvanada con una fina ironía, con el profundo desencanto de los que abandonaron sus ideales y con un amor interesado e inconstante.

En la novela se palpa el conocimiento que tiene el autor sobre el mundo del periodismo, de la abogacía y del movimiento obrero en la Barcelona de la época (no hay que olvidar que este abogado, dedicado a la literatura desde su juventud a pesar de ser censurado por el franquismo, tuvo que trabajar para Bruguera como escritor de novelas populares y como abogado de la editorial, y que además llegó a ser redactor jefe de La Vanguardia), y constituye un fiel reflejo de la sociedad barcelonesa de aquel entonces; un ejemplo en toda regla de la novela negra de corte social en España que conviene no perder de vista.

Por lo pronto, a mí se me ha abierto el apetito por la novela negra, un mundillo en el que hacía tanto que no me adentraba más que por las imprescindibles reseñas de Lammermoor o de Alice Silver, y que me apetece saciar continuando con la lectura de la “Serie Méndez”. Me esperan, por tanto, en cuanto dé buena cuenta de los libros que tengo entre manos, Las calles de nuestros padres. Entretanto, os invito a disfrutar este verano de esta impactante novela y os dejo con algunas de las apariciones de fragmentos de la misma en el blog y con la entrevista a González Ledesma.
¡Feliz lectura!

2 comentarios :

lammermoor dijo...

Hola, Homo Libris. Pues a pesar de mi afición confesa por la novela negra no he leído nada de Ledesma.
Me propongo hace tiempo leer algo suyo pero un día por otro me voy liando. Aún así, terminará cayendo

Me acabas de dar una idea para una entrada/debate: e-book (o libro electrónico; seamos serios) frente a libro tradicional. ¿Muerte o convivencia? Pero tendrá que ser ya en septiembre.

Y también me río pensando en como terminamos atrapados todos en el E----- Tú leyendo en el movil y yo planteándome cambiar el mío para poder tener acceso a internet cuand estoy de viaje (eso o una tablet; lo del lector electrónico aún no me tienta)

Hacía tiempo que no comentaba pero hoy me estoy explayando demasiado. Aquí lo dejo :D

Homo libris dijo...

¡Muy buenas, Lammermoor!

Ledesma caerá, caerá, ya verás. Es uno de nuestros autores imprescindibles en ese género, aunque esté más valorado fuera de España (en Francia, por ejemplo) que aquí. Algo que nos suele ocurrir en demasía, por otro lado, con nuestra historia y cultura.

Jejeje, espero esa entrada debate para después de las vacaciones y deseo participar en el debate. A ver si voy recuperando el ritmo y pongo el blog a funcionar entretanto. :)

Bueno, lo de los libros electrónicos (adelantándome un poco a ese debate) no está nada mal, si bien es cierto que a mi parecer no vienen a sustituir sino a complementar a los tradicionales. En casa tengo un Papyre que usé bastante al principio pero que con el tiempo ha ido quedando relegado porque muchísimos de los libros que quiero leer no están disponibles para él. Además de eso, la fluidez con la que se consigue encontrar algo en un libro tradicional y leerlo no tiene parangón (si bien en el electrónico es posible localizar ciertos contenidos con mayor rapidez).

Lo de leer en el móvil ha sido algo "experimental". Ya que es algo que solemos llevar encima habitualmente, al verme obligado a cambiar a principios de año porque el que tenía se averió, decidí instalarle un software de lectura de libros y releí en él Cien preguntas básicas sobre la ciencia, de Asimov (que se prestaba a ello al constar de capitulitos cortos) y esta novela de Ledesma. Tal vez no sea el mejor dispositivo para leer durante un periodo prolongado pero cumple su función, como decía, para matar el tiempo. :)

Bueno, y yo no sigo tampoco o me quedo sin argumentos para cuando llegue tu entrada. Ya actualicé esta, por cierto, porque en traer el texto al blog se me olvidó incluir las entradas a tu blog y al de Alice Silver. ;)

Un abrazo.