domingo, 5 de julio de 2009

Relecturas

Dijo Pío Baroja que “cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer” y, por supuesto, yo no soy quién para contradecir al gran autor vasco, máxime cuando su afirmación tiene todos los visos de cumplirse a rajatabla en multitud de ocasiones. Lo cierto es que yo siempre he encontrado un placer particular en la relectura de aquellos libros que me gustaron en su día, en los que no quise que terminasen e, incluso, en aquellos que no terminaron de convencerme pero me dejaron la sensación de que escondían a mi paladar bibliófilo mucho más que el escaso jugo que fui capaz de sacarles. En definitiva, que soy tan lector como relector, si se me permite la expresión.

Hace ya unos cuantos años, cuando contaba con apenas 10 ó 12, guardaba parte de mi tiempo de lectura para reencontrarme con los libros y cuentos que me habían gustado especialmente. Solía llevar adelante tres o cuatro libros: un nuevo descubrimiento, otro de un autor del que ya me hubiese gustado alguna lectura, alguno más que se terciase y, prácticamente siempre, un libro ya conocido que releer. La verdad es que sí, juventud (y disponibilidad de tiempo), divino tesoro, quién pudiera hacer algo así hoy día. De aquella época recuerdo con agrado el reencuentro reiterado con los cuentos de Edgar Allan Poe, con las aventuras de Holmes, volvía a viajar a remotos lugares junto a los héroes de las novelas que editaba con gran éxito Hetzel un siglo atrás y me divertía de lo lindo con los cuentos espaciales de Asimov y sus libros de divulgación científica. En particular, releí una novelita, La casa de los cocodrilos, del autor alemán Helmut Ballot, unas quince o veinte veces, y hace unos meses encontré un ejemplar de la misma gracias a Internet.

Otro de los libros que leí en aquella época, que he venido releyendo a lo largo de los años y seguiré haciéndolo en lo sucesivo porque, como en cualquier obra maestra, descubrimos en él nuevos guiños del autor, diferentes visiones de los personajes y las situaciones, perspectivas que sólo el paso de los años y la experiencia pueden ofrecernos, complementando la experiencia de la lectura, es El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. La maravillosa aventura de Frodo y sus compañeros se presta tanto a la lectura e interpretación colectivas como al más íntimo de los encuentros.

El camino, de Miguel Delibes, fue un libro al que me enfrenté en el colegio y ya entonces, a pesar de la obligatoriedad de la lectura, me encantó. He vuelto a él en repetidas ocasiones, ya que las aventuras de Daniel, “El Mochuelo”, y sus amigos Germán, “El Tiñoso” y Roque, “El Moñigo” y su primer contacto con la rudeza de la vida y la ineludible muerte me parecen siempre repletas de frescura y la pluma de Delibes inmejorable. No es la única obra del autor vallisoletano a la que vuelvo reiteradamente, ya que se cuenta entre mis autores preferidos, un verdadero maestro de la escritura, como deja constancia el indigno homenaje de mi relato Terruño.

De Hemingway, curiosamente, he releído en varias ocasiones una obra menor suya, El viejo y el mar, tal vez porque me encanta el enfrentamiento de este, no sé si terco o tenaz, pescador con su Moby Dick particular, y la sensación de derrota que pesa sobre cada página del librito. Jack London compartía con Hemingway la visión aventurera de la vida, y la capacidad de superarse a sí mismo, sacándole todo el jugo a la misma. Su héroe Martin Eden es un claro reflejo del pensamiento del autor de Colmillo Blanco y La llamada de la selva. Tanto a estos últimos, como a sus numerosos relatos, he vuelto en repetidas ocasiones a respirar la sensación de libertad y comunión con la naturaleza que transmiten.

En cuanto a Cortázar, Borges y Bioy Casares, posiblemente sean los autores sudamericanos a los que más he leído y releído. Tanto las Historias de Cronopios y Famas, los cuentos de Casa Tomada o Todos los fuegos el fuego (y, por supuesto, releyendo a Poe en la genial traducción del autor argentino) fueron mis mayores reencuentros con Cortázar. A Borges, en El informe de Brodie, El Aleph o Ficciones, entre otros, y a Bioy Casares con La invención de Morel y, junto a Borges, en los cuentos de Bustos Domecq y los Seis problemas para don Isidro Parodi, les debo impagables horas de diversión y conversaciones calladas con sus autores.

Y vosotros, ¿repetís lecturas? ¿Os gusta releer, además de leer? ¿Qué buscáis en las relecturas? En caso contrario, ¿por qué no lo hacéis? ¿Cuáles son vuestros libros de cabecera, de los que podríais recitar incluso párrafos completos?


P.S.: La imagen de cabecera de la entrada la he encontrado en el blog de Pablo Gallo, dedicado a su obra como pintor y artista. La temática de muchas de sus pinturas está relacionada con el mundo de los libros y la lectura, y creo que os va a encantar. De hecho, la fotografía que he usado (acabo de pedirle permiso para hacerlo, espero que tenga a bien concedérmelo), recoge varias de sus pinturas de la serie Relecturas.

14 comentarios :

Raquel dijo...

A mí me encantan las relecturas. Es algo que hago mucho. Hace poco releí Beatriz y los cuerpos celestes y ahora estoy releyendo Lolita. Siempre leo dos libros a la vez (o casi siempre): el nuevo, y la relectura. Entre mis libros de relectura están, aparte de esos dos, Rebeldes, Los ojos del dragón, Orgullo y prejuicio, El guardián entre el centeno, Hamlet o Instrucciones para salvar el mundo (entre otros). La metamorfosis la he leído infinidad de veces también, y suelo releer también a Verne, que de pequeña era mi autor favorito, y relatos de Poe. Además, siempre tento tiempo para algunas poesías de Neruda o Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado, por quienes en este último par de años he desarrollado un amor enorme (antes no solía disfrutar tanto la poesía).

No sé, es algo que me gusta hacer. Me permite descubrir matices que antes no había visto, o interpretar las cosas de diferente manera. Luego está la edad, que en la adolescencia cambias mucho, así que las lecturas que hice a los 15 ahora son experiencias totalmente nuevas y fascinantes. Creo que es lo bueno, que con el tiempo los ves de distinta forma, y eso es bonito en cierto modo.

Me alegra ver que no soy la única a la que le da por las relecturas.

Un saludo C:

Isi dijo...

Yo no suelo releer mucho, aunque antes si me gustaba un libro, lo leía un montón de veces. Recuerdo leer varias veces "Colmillo blanco", ahora que lo has nombrado en la entrada.
También he leído "Los pilares de la Tierra" un par de veces (ya sé que es un bestseller, pero es que el prio Philip me encanta! creo que es mi personaje favorito del mundo, jeje) y "El señor de los anillos" también lo releí cuando estaban a punto de sacar la primera peli, para volver a acordarme de todo.

Eso sí, de pequeña podía leer los libros infantiles una y mil veces (pobres padres), al igual que se ve la misma película infantil todas las semanas. En cuanto a pelíclas, además de las de disney, he visto infinidad de veces "Dentro del laberinto" (en la que el malo es David Bowie), y "La princesa prometida". Esta última es mi película favorita, sin lugar a dudas de mi infancia, adolescencia y hasta ahora.

Isi dijo...

Quise decir prior Philip

Elwen dijo...

Hay tantos libros nuevos que quiero descubrir que nunca encuentro tiempo para las relecturas. Además está el temor que si lo leo por segunda vez me desencante. Tan solo que releído SldA al igual que Isi y los tres primeros de Harry Potter porque mi memoria es tan volatil que cuando salió el cuarto temía haber olvidado cosas. Es por eso que tengo pendiente una relectura de George R. R. Martin

Carmina dijo...

De momento leo mas que releo, tengo muy poco tiempo, asi que lo dedico a obras nuevas... cada uno tiene sus prioridades, creo que he releido como tres o cuatro veces, la vida sale al encuentro de Torcuato Luca de tena, y Rebeca que en estos momentos tengo la cabeza hecha un lico con el nombre del autor y prefiero no poner, hay libros que me gustaria releer y tantos pero de momento a la espera de disponer de un poco mas de tiempo pues tendre que conformarme con seguir leyendo...

Homo libris dijo...

Bueno, las relecturas hay que tomarlas como un nuevo disfrute de aquello que nos gustó, y como dice Raquel, disfrutar con una nueva interpretación de la obra. Posiblemente, si el libro es profundo, descubriremos en él pasajes que nos pasaron inadvertidos en una primera lectura, interpretaciones novedosas e interesantes. Por otro lado, releer un libro que sabemos que no nos aportará nada nuevo, no tiene mucho sentido, pues como dice Elwen, podemos terminar por perder la buena percepción que teníamos del mismo.

En cualquier caso, y tergiversando un poco el refranero, más vale buen libro conocido que malo por descubrir, y en ocasiones es preferible releer a leer algún que otro título de los que, en demasía lanzan las editoriales hoy día, en una vorágine de publicaciones imposible de leer.

Saludos.

Hilario dijo...

Yo también he releído "El Señor de los Anillos" y "El Camino", me parecen impresionantes, sobretodo el primero. "El viejo y el mar" me gustó, pero no lo he vuelto a coger. Otra saga que releó frecuentemente es la de Harry Potter, ya que le cogí un cariño muy grande.
Un saludo

lammermoor dijo...

¡Uf! Yo releo mucho, pero no es algo planificado. Un día que me dió por preguntar a mis amigos si releían (casi todos dijeron que no) M. me vino a preguntar más o menos que libros hay que releer. Le contesté que "el libro te lo pide". Por ejemplo, leí hace muchíiiisimooos años La Hoja Roja y aún no sentí la necesidad de releerlo; probablemente por la impresión que me dejó. Sin embargo, de él releí Señora de Rojo sobre Fondo Gris o El Camino.
Cuando me siento un poco plof suelo leer a Gerald Durrell y su trilogía familiar. Me pone de buen humor.
En la última relectura de Jane Austen, me di cuenta de la ironía y la crítica a la situación de la mujer en su época. Las veces anteriores me había quedado en la historia amorosa.
La relectura de El Señor de los Anillos o La Historia interminable fue como leer dos libros que no tenían nada que ver con los que había leído anteriormente. No sigo porque te estoy haciendo una entrada alternativa.

P.D: ¿POr qué el cambio del cánido por el ave?

Homo libris dijo...

A mí también me encantan los libros de Durrell, especialmente los de la trilogía ambientada en Corfú :) En cuanto a Delibes, y otros autores, es cierto que el libro te pide la relectura, no es algo predeterminado ni establecido.

El cambio vino, simplemente, porque antes usaba Mithdraug como usuario (que significa "Lobo gris", como ya dije por aquí, y el que mostraba era el logotipo de mi otro blog, Lobosoft), y al cambiar a Homo libris, como también me gustan mucho los cuervos... pues he cambiado de imagen.

Saludos.

R. dijo...

Yo he pasado y seguiré pasando por todas las experiencias de la relectura, siempre y cuando disponga de tiempo, aunque un buen libro se abre espacio por sí solo, así lo tengamos por leído.

Al año me propongo releer completos 2 ó 3 libros. Hasta cierto punto es algo planificado. Me tinca que el club de lectura me hará releer uno que otro, y no dudo en que el resultado será provechoso.

Casi siempre releo páginas enteras de los libros que otros lectores (bloggers incluidos) me comentan con fascinación y puedo quedarme enganchado incontables minutos por el renovado placer brindado.

Suelo releer aquellos libros que leí de ejemplares prestados, tomados de la biblioteca universitaria o leídos en e-book, y que poco a poco me los compro porque me agradaron en demasía.

Me gusta releer de vez en cuando cuentos de Cortázar, Poe, Borges y Julio Ramón Ribeyro. Nunca pude releer Rayuela, así que apelo al sublime recuerdo de la primera vez.

Saludos,
R.

Homo libris dijo...

R., me encantan tus relecturas, que como bien dices pueden ser planificadas, puntuales o que abarquen a todo un libro por completo.

En cuanto a los cuentos de Cortázar o Borges, libros que te gustaron al leerlos en la biblioteca, o en un e-book, o prestados, o váyase a saber cómo, y que terminas por adquirir y por releer, coincido plenamente con tu actitud.

Por cierto, de Rayuela tengo pendiente un par de lecturas: releerla en el orden convencional, y leerla por primera vez en el del Rayuel-o-matic.

Leox dijo...

Yo con las relecturas, quiero volver a sentir las sensaciones que me dieron los libros en su momento. Me gustaría leer los cuentos de Cortazar y volver a contactarme con el lector de hace un par de años.

Yo también, en esta parte de la vida voy más por las lecturas, que por las relecturas.
Lo del tiempo eterno para leer, es algo que estoy comenzando a extrañar

Ascen dijo...

Sin querer llevar la contraria a Don Pío (Diós me libre), releía mucho más en mi juventud que ahora, quizá porque tenía más tiempo para dedicar a la lectura.
Posiblemente cuando sea más mayor, vuelva a tener más tiempo, menos ganas de innovar y relea más que ahora.
Estoy de acuerdo en que en libro hay que leerlo cuando te lo pide...cuando te lo pide el cuerpo, además del libro.

Los libros que más veces he releído han sido "Lo que el viento se llevó" y "Rebeca", ambos con resultados diferentes.

Releer "Rebeca" me supuso volver a sentir las mismas sensaciones cada vez (todas gratas, pues es un libro magnífico), pero al releer "Lo que el viento se llevó" (también un gran libro), me pareció leer cada vez un libro algo diferente del anterior.

Y "El Señor de los Anillos", con ser uno de mis libros preferidos, he sido incapaz de releerlo, a pesar de haberlo intentado.

Además de libros como éstos, que los releo porque me gustan, releo también algunos de los que ya a penas recuerdo la trama o los detalles, pero sé que en su día me gustaron.

Besos.

Homo libris dijo...

Leox, coincido contigo en que con la relectura buscamos, en muchas ocasiones, reencontrarnos con el libro que leímos en su día, con las sensaciones que nos transmitieron. Sin embargo, en bastantes ocasiones terminamos haciendo otra lectura del libro: el libro es el mismo, pero nosotros no, y en la lectura intervienen el autor, el libro y, claro está, nuestra propia experiencia.

Ascen, lo que dices es cierto: la lectura debe pedírtela el libro, pero también el cuerpo. De nada sirve "forzarnos" a releer.

Yo también releía más de joven (y de niño), y aunque ahora sigo haciéndolo, soy más comedido en las relecturas, puede que precisamente a causa de la falta de tiempo.