domingo, 20 de septiembre de 2009

¡Esto es la guerra!

Y no hablo precisamente de la Segunda Guerra Mundial, de la que se cumplen ahora los setenta años, para eso os remito a la entrada de Alienor, sino de la encarnizada lucha contra aquellos agentes que destruyen y dañan a nuestros amigos más queridos: los libros.

Si nos preguntaran quiénes son los enemigos más peligrosos para nuestros libros, posiblemente nos vendrían a la cabeza las personas a quienes se los prestamos en una ida sin retorno, o aquellas que nos los devuelven en un estado más que lamentable. O bien aquellos simpáticos, pero no por ello menos dañinos, ratones caseros que con sus poderosos incisivos producen daños irreparables en los libros de nuestras bibliotecas. Afortunadamente, la mejora de las condiciones de hogares y edificios públicos ha permitido que estos roedores, junto a sus aún más peligrosas primas las ratas, sean cada vez menos frecuentes en los archivos y bibliotecas (de esto seguro que nos puede hablar con mayor propiedad nuestra amiga Lammermoor). En cambio, existen otros enemigos, aún menos visibles que los escurridizos ratones, que pueden dar al traste con una buena biblioteca. Vamos a recordar algunos de ellos.

Desde que vivo en Málaga, mi mayor obsesión respecto a la conservación de mis libros ha sido la constante presencia de humedad en el ambiente. La humedad no entiende de puertas ni barreras, y se hace patente especialmente en verano. Los libros, por su propia constitución de papel, tela, cartón y, en algunos casos, piel, son verdaderas víctimas de la humedad, que oprime sus páginas, las hace volver a la pasta original que las vio nacer o, en casos no tan graves, las convierte en frágiles seres que se deshacen con tocarlos. Para luchar contra la humedad, puede usarse una adecuada calefacción que mantenga la sala a una temperatura estable y reseque un poco el ambiente. Sin embargo, no conviene propasarse, porque los cambios bruscos de temperatura, así como las temperaturas elevadas, provocan pequeñas variaciones de tamaño en los libros (por la dilatación y contracción de sus materiales) que puede dañar el papel o la encuadernación (en particular, la cola que se usó para pegar su lomo).

Unido a la humedad constante está la temperatura elevada (pero, a diferencia de la solución propuesta anteriormente, que no elimine la humedad existente en el ambiente). Si se dan estos dos fenómenos, y además tenemos la biblioteca en penumbra, es posible que aparezcan odiosos hongos que ensucien y estropeen el papel. A la humedad ambiente habría que añadir posibles filtraciones de tuberías o del suelo en las paredes de los edificios. Contra todo esto deberemos batallar sin descanso, so pena de ver mermada nuestra estupenda colección.

Otro de los enemigos, siempre presentes y además visible, es el polvo. Ese que nos empeñamos a erradicar sin ver fin a la batalla, y que se acumula en los lomos y la parte superior de nuestros amigos. Además del daño estético que hace a nuestra biblioteca, se le suma la alergia que produce en algunos de los lectores. Pero no queda ahí la cosa, y dado que el polvo porta gérmenes, hongos y diversos materiales, puede resultar abrasivo para el papel, y desencadenar procesos de deterioro físicos y químicos, que lleguen a estropear sin remedio algún ejemplar.

Los insectos tampoco son un enemigo desdeñable. Desde las famosas polillas al precioso pero mortífero pececillo de plata, pasando por la carcoma o las termitas, si a una colonia de insectos se le ocurre plantar su campamento en nuestra biblioteca, lo cierto es que estamos literalmente… fastidiados. Para erradicarlos posiblemente haya que recurrir a un experto, aunque destacaría el bien que hacen algunas arañas cazadoras y las salamanquesas en el control de estos y otros insectos. Así que las arañas son buenas amigas, nuestras y de nuestros libros ;)


Por supuesto, el (ab)uso es un mal amigo de los libros. Aquellos que abren los libros 180 grados, les doblan las páginas o llevan a cabo con ellos atrocidades innombrables, deberían ser condenados al patíbulo. Pero, aunque se les trate bien, nuestros amigos están constituidos por materiales delicados y sensibles, por lo que el desgaste estará siempre presente. Hay que cuidarlos lo máximo posible y restaurarlos cuando se encuentren dañados. También tener en cuenta las ediciones, cuando vamos a adquirirlos. Obviamente los libros de bolsillo hacen mucho bien a nuestra economía, y hay ediciones de envidiable calidad. Pero hay muchos otros, especialmente los que se sacan a menor precio con el único interés de suscitar la venta (es el caso de las numerosas ediciones de bolsillo que aparecen en verano) que suelen tener un papel de mala calidad, encuadernaciones que no superarán varias lecturas o que se deteriorarán en apenas un lustro. En cambio, hay otros libros de bolsillo, especialmente aquellos que pertenecen a colecciones de referencia en algunas editoriales, que han sido producidos con el mismo cariño y calidad que otros libros de mayor valor económico. Según deseemos que un determinado libro nos acompañe durante toda la vida o no, deberemos pensar en la calidad de los elementos que lo constituyen.

¿Y vosotros, soléis ser muy exigentes con las ediciones? ¿Tenéis especial cuidado con alguno de los aspectos mencionados? ¿Qué otros elementos os producen fobia, o temor, respecto al cuidado de vuestros valiosos compañeros?

36 comentarios :

Fulgida dijo...

Todos los aspectos que has mencionado me suelen preocupar, (especialmente si hablamos de mi minúscula colección de gramáticas y ortografías del XVIII y del XIX).
Añade a esos factores de deterioro los niños, que tardan un poco en entender que los libros no son material de construcción, que no son taburetes, que no se decoran, que no son sumergibles, que no son comestibles, etc.
Y si los libros me preocupan, los cómics ya ni te cuento. Además de plastificar, sellar y colocar en el lugar más alto e innacesible para las manos infantiles nuestra respetable colección, mi hombre y yo la hemos incluido en el seguro del hogar. Por si hay un incendio. O una inundación. O una invasión de termitas devoradoras de papel (cosas más raras se han visto).
F. [A punto de empezar las clases :-( ]

Elwen dijo...

Es la primera vez que leo que alguien incluye su colección de comics en el seguro del hogar ¿realmente se puede hacer algo así?

Ahora mismo puedo decir que mi pequeña colección de libro no sufre demasiado por el clima, de todos los lugares donde han estado mis libros este es sin duda el mejor. El peor, sin lugar a dudas mi casa de Lanzarote, el sol y la humedad hicieron con buena parte de la colección lo indecible. Ahora mi mayor preocupación es el polvo, cuanto más crece la biblioteca más pesado se hace el trabajo de sacarlos uno por uno y limpiarlos.

Mi consejo para aquellos que sufren por la humedad no es precisamente abusar de la calefacción sino usar un deshumidificador. Les puede sorprender la cantidad de agua que extrae del ambiente el cacharro ese.

R. dijo...

¡Hola Homo libris!

Vaya que nos has pintado a todos los que amamos los libros, lo que puede ser vivir el apocalipsis en carne propia. Yo en el pasado salí escarmentado luego de pasar una amarga experiencia con polillas; pero los temores no remiten (los enemigos se multiplican, se apandillan, son una amenaza constante) y las precauciones parecen insuficientes.

Hace un par de años hubo un fuerte sismo de 7.5 en la escala de Ritcher al sur de Lima (un terremoto a secas). A mí el movimiento telúrico me sorprendió en mi hogar. Mientras todo el mundo salía despavorido de sus departamentos, yo fui derechito a buscar a mi gato (que se ocultó no sé dónde) y en ese trance (vidrios que se caían a lo lejos, gritos, lamentaciones) vi cómo los pocos estantes con libros que tengo se mecían al compás de un ritmo macabro. No sabía dónde poner las manos, qué objeto arrimar para amortiguar la caída, felizmente no hubo destrozos gracias a la eficiente labor del carpintero y la aparente remisión del sismo. Digamos que no me quedé a comprobarlo hasta el final, ya que una réplica hizo que también saliera de casa y no volví hasta haberme comunicado con mis familiares e ido a la casa de mis padres.

Yo también recomiendo la compra de un deshumecedor o deshumidificador, y un extintor, pequeño nomás, en previsión de algún incendio.

Limpiar el polvo de nuestros libros puede ser una tarea extenuante, pero a la vez gratificante: redescubres libros y anotaciones que tenías olvidados, reacomodas y pones a la vista algún libro determinante en tu vida lectora o porque le pude gustar a alguien más, etc., etc.

Saludos,
R.

Homo libris dijo...

Fulgida, los problemas que comentaban se agravan, si cabe, cuando hablamos de libros antiguos y, las más de las veces, irrecuperables. Si hay niños de por medio (uy, estoy pensando en no quejarme demasiado cuando los gatos me hacen algún estropicio; al fin y al cabo no son tan dañinos, je, je) el problema creo que puede tomar tintes dramáticos.

En cuanto a los cómics, me sorprendo como Elwen con el tema del seguro del hogar. ¿Se puede asegurar una colección de cómics? Sobre todo me resulta sorprendente por lo cambiante (me refiero a las nuevas adquisiciones), y por la magnitud que debe tener dicha colección :)

¡A disfrutarla, y a no pensar demasiado en la vuelta a clase! (Este año creo que me sumo a vosotros :P)

Elwen, aquí el problema es el mismo, sol y humedad excesiva. La sangre aún no ha llegado al río, pero lo cierto es que me preocupa. El tema de la calefacción tampoco me resultaba demasiado cómoda (me basaba aquí en lo visto en bibliotecas públicas), y lo cierto es que no había caído en un deshumidificador (aunque me vino a la mente el aparatito contrario, tal vez por haber vivido siempre en un lugar con clima marcadamente más seco, como es Granada). Tomo buena nota de la idea, porque por lo que he estado leyendo tras tu recomendación la verdad es que el aparatito pinta muy, pero que muy bien.

Por cierto, ¿qué tal el cambio de turno? ¿Se sobrelleva bien?

R., la verdad es que la perspectiva no es muy halagüeña, y más si empezamos a darle vueltas y a sumar elementos como los niños (Fulgida ya me ha hecho entrar en estado de shock de cara a un negro y duro futuro con esos destructores de libros :D :D :D). En cuanto al problema que nos cuentas, supera a cualquier enemigo de los mencionados. Sin duda alguna el terremoto entra entre los desastres naturales (una inundación siempre ha sido mi mayor terror en Granada, ya que periódicamente suele desbordarse un arroyo de mi pueblo cuando hay fuertes lluvias), y la experiencia que viviste debió de ser tremenda. Al menos los libros se salvaron y, por supuesto, tu felino y tú también :)

La idea del extintor me parece muy buena, aunque aquí habría que buscarlo de CO2, imagino. No sé cuáles tendrán en las bibliotecas públicas, pero si son de espuma o de polvo químico seco puede ser peor el remedio que la enfermedad.

En cuanto a la tarea de limpieza, es cierto que puede resultar extenuante, pero que nos permite recuperar del olvido tantos y tantos títulos que permanecen sepultados entre las novedades :)

Un abrazo.

@scen dijo...

¡Agggh! El polvo. Odio el polvo. En cualquier sitio, pero en los libros me parece un vil asesino.

Yo no tengo el problema de la humedad, ni de los bichitos (hasta ahora: tocaré madera), pero el polvo... es asqueroso, está por todos lados. Y como dice Elwen,se hace bastante pesado. Limpiar una biblioteca de tamaño mediano ya es labor de gigantes.

Yo recuerdo que de pequeña, todos los años, al llegar el verano, mi padre nos convencía para "jugar" a limpiar el polvo a los libros de la biblioteca, y al llegar el verano mis cuatro hermanos, mi padre y yo nos poníamos manos a la obra. Pero los chicos de antes eramos más fáciles de engañar, pues si yo les digo a mis hijos algo así estarían varios días riéndose de mí ocurrencia, mientras se les saltaban lágrimas como puños.

Como el trabajo se queda para mí solita la verdad es que lo voy dejando y dejando... Creo que puede ser un buen propósito para el año nuevo.

Besos.

Homo libris dijo...

Ascen, coincido contigo en que a los niños de hoy día es mucho más difícil engañarles. Tal vez probando con un mando de la Wii a la que le ates un pequeño aspirador o un plumero sería posible un avance a ese respecto, jeje. Lo que es cierto es que cuando la cantidad de libros crece, es más y más difícil mantenerlos en buen orden y perfectamente cuidados.

¡Ay, qué sufrida es la vida del lector! :D

Un abrazo.

Jesús dijo...

Creo que se te ha olvidado un enemigo, un tremendo enemigo, de los peores: "el que no se preocupa de los libros, y cuando los lee los trata sin piedad, hace auténticas barbaridades, los deja en cualquier lugar, los ensucia, les dobla las esquinas para marcar, les destroza las cubiertas ..." y luego se preguntan por qué no dejamos libros a nadie.
Un saludo.

Homo libris dijo...

Jesús, los mencionaba al comienzo de la entrada, cuando decía que "Si nos preguntaran quiénes son los enemigos más peligrosos para nuestros libros, posiblemente nos vendrían a la cabeza las personas a quienes se los prestamos en una ida sin retorno, o aquellas que nos los devuelven en un estado más que lamentable.", aunque es cierto que tal y como los describes parecen muchísimo más temibles... jo... a ver quién es el listo que presta ahora un libro :D

¡Un abrazo!

loquemeahorro dijo...

Aquí en Madrid, la humedad se conoce por referencias, vamos que llueve a veces con ganas, pero en general, el ambiente está reseco hasta decir basta y si no, que se lo pregunten a mis fosas nasales.

Yo he tenido varios de esos libros de ediciones baratas que casi-casi, se autodestruyen, en concreto amarillean a base de bien.

En la biblioteca he sacado libros en todos los estados de conservación posibles: con hojas sueltas, agujereados....

Ardaleth dijo...

Vaya, mencionas cosas por las que ni me había parado a pensar :D

Nunca he tenido problemas de conservación, y eso que admito que soy hija del libro de bolsillo y no soy la persona más cuidadosa del mundo con la mayoría de mis ejemplares. Pero tengo libros muy venerables en perfecto estado.

En cuanto a lo de la humedad, en mi habitación que es donde tengo la colección casi rezuman las paredes. Hasta que compré el deshumidificador que sí, recomiendo también vivamente.

Por lo demás tengo algunos cómics cuidadosamente guardaditos en bolsas de plástico especial, procuro quitar el polvo con frecuencia y reparar los pequeños daños del uso y la manipulación, pero no soy muy obsesiva al respecto.

Creo que mi mayor fobia es que se declare un incendio... en la mente tengo cuidadosamente seleccionados cuáles serían los libros que primero cogería en ese fatídico caso - los descatalogados, caros, imposibles de volver a encontrar. De hecho en tiempos los tenía en un mueble con ruedas en previsión de tener que salir corriendo con ellos ;)

Saludos!

Zeberio Zato dijo...

Yo me temo que soy un desastre que sólo se entera de cómo están sus libros a la hora de prestarlos o releerlos.

Mis libros suelen estar así: con esquinas dobladas, marcas en las tapas, alguna mancha de barro o café propias de haber leído en sitios poco recomendables... vamos, que no soy precisamente un gran cuidador de libros. Siempre me los llevo de viaje en la mochila, de cualquier manera; como ando en bici, los cuelo en cualquier sitio para amenizar esperas; a veces empiezo a leer en el autobús y cuando llego a la parada estoy tan intrigado que me aventuro a andar con el libro abierto, y me convierto en un peligro público para las farolas, los bancos, las papeleras o los niños descerebrados. Por supuesto, el libro sufre de todo esto.

En vista de lo cual deduzco que a mí me gustan los libros más por lo que contienen que por el continente. ¡Qué poco romanticismo! En fin.

El Guisante Verde Project dijo...

Te tengo... ;-)

Homo libris dijo...

Loquemeahorro, allí con el clima continental lo tenéis fácil… Eso sí, ahora que caigo incluiría la contaminación ambiental como factor de riesgo para nuestros libros ;) La concentración de humos de los coches y, ahora que caigo, ¡¡de los fumadores!! Ese sí que es un factor que acelera significativamente el cambio de color de las páginas hacia el amarillo, especialmente en el corte de las mismas, por los bordes. Los libros de ediciones baratas tienden a eso… yo tengo algunos con más de veinte años a sus espaldas (e incluso más aún en los comprados de segunda mano u ocasión) que da miedo tocarlos. En cuanto a las bibliotecas… ahí entra la indignación personal, porque si bien es normal que esos libros estén más deteriorados o vencidos, por la exposición a numerosas manos, lo que no tiene más explicación que el vandalismo es que se encuentren en ocasiones con hojas dobladas, páginas subrayadas o totalmente desvencijados :(

Ardaleth, el problema de la humedad que comentas no es tan grave por aquí, pero sí que le estoy dando vueltas al tema del deshumidificador desde que lo habéis mencionado… prefiero prevenir antes que curar, y lo cierto es que hay momentos en los que me echo a temblar pensando en mis libros. Desde que saqué del estante, tras unos meses “pos-mudanza”, la guía de aves de Europa de Jonsson y empecé a notar las páginas algo pegadas las unas a las otras me pasaron por el cuerpo todos los males habidos y por haber. El tema de los incendios me está dando una idea… ya os contaré ;)

Zeberio, en primer lugar bienvenido al blog (acabo de dar una vueltita por el tuyo, luego lo haré con calma porque lo veo repleto de interesantes temas). Uf, espero que no vengas a pedirme un libro, jajajaja. Fuera bromas, yo también tengo libros de batalla, que suelo llevar a todos lados mientras los leo. Suelen ser de bolsillo y habitualmente los forro precisamente para evitarles daños mayores por el uso intensivo a que son sometidos. Sin embargo, y aunque también valoro más el contenido por encima del continente, sí que tengo esa vena romántica-bibliófila que me hace querer protegerles de todo mal :)
¡Nos leemos!

P.S.: Que no, Roberto, no os olvido… ¿Así que me habéis cazado? Je, je… ya me comentaréis cómo, aunque creo que tengo tantos rastros dispersos por Internet (para empezar los 5+1 blogs) que no os habrá resultado demasiado difícil. ¡Un abrazo!

P.P.S.: ¿Necesitáis mi dirección de email, o también la habéis encontrado? ^_^

Fulgida dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fulgida dijo...

Lo del seguro no fue difícil: si se puede ampliar para joyas, la tele de tropecientas pulgadas, los cuadros, porcelanas Ming y demás, ¿por qué no para los cómics?
Además, en mi casa lo de más valor es el papel. Hasta tal punto que me entraron a robar el año pasado y cuando llamé a mi madre lo primero que preguntó fue: "Nena, ¿los libros viejos?" Ni nos dimos cuenta de que nos habían levantado las joyas de la abuela hasta dos días después :-P
Homo Libris, los niños son destructores natos, pero si pones empeño, lo puedes controlar. Mi hombre ha tenido esparcido por el salón un puzzle de 6000 piezas en fiambreras, lo ha hecho sobre la mesa (6 meses dando de cenar a las visitas en la cocina) y , bajo amenaza de muerte, un niño de 3 años y una niña de 5 ni lo han tocado.
Besos,
F.

lammermoor dijo...

Me he quedado enganchada en los compactos que aparecen al fondo de la fotografía y me he puesto a pensar en la P.... orcancia que van a instalar.
En cuanto a lo del polvo en los libros, tuve una asistenta que me preguntaba si había que limpiarles el polvo. Claro que otra me contaba que un profesor de universidad en cuya casa trabajaba ¡Tentía libros en las estanterías!

Vale, ya lo se. No tiene nada que ver con el tema que nos ocupa. Sorry

El Guisante Verde Project dijo...

Jajajaa, la verdad es que ha sido mucho más fácil de lo que pensaba, y, he comprobado, con agrado, que eres el prototipo de hombre renacentista: amplios conocimientos técnicos (ahí esta tu curriculum), y sensibilidad por las letras.
Chapeau!

Pdt. algo un pelín más difícil que tu email, por fa :-PP

El Guisante Verde Project dijo...

En cuanto a la entrada (ya era hora, ¿no?), la humedad es un enemigo encarnizado del papel. La conservación frente a condiciones de humedad alta es complicada. En librerías cerradas se pueden poner bolsitas de materia secante, muchas bien repartidas, y requiere atención a su proceso de degradación, no sea que el remedio acabe resultando peor que la enfermedad.

También deben estar bien ventiladas para evitar los problemas derivados de la condensación, que acaban por afectar a los libros igual que la humedad ambiente. En cualquier caso es un problema importante, y que, si no atajamos a tiempo terminará por arruinar todos nuestros libros.

En cuanto a las ediciones, creo que hemos pasado por varias etapas; hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana.... uh, perdón, esto no es aqui. Decía, que empezamos comprando barato, y malo generalmente; luego frenamos nuestra adquisición de fondos, cambiando cantidad por calidad. Hoy día, gracias a la "benéfica" influencia de este tu blog, y otros que todos sabemos, hemos vuelto a incrementar nuestro ritmo comprador de forma frenética, aunque intentamos mantener un mínimo de calidad, ya que lo hemos comprobado en múltiples ocasiones, al final, ahorrando, ahorrando, gastamos dos veces.
He dicho.
Saludos

Homo libris dijo...

Bueno, Fulgida, mi sorpresa iba más por lo que te decía sobre si sigues comprando cómics, ¿debes entonces ir actualizando ese seguro de forma periódica? No dudo que los niños sean controlables en grado extremo, amenazándoles con la pena máxima (quitarles la consola), aunque de momento los gatos lo son más (y no os digo ya del buen Trotty).
En cuanto a lo de los libros (“el papel”) y su valor… no me extraño lo más mínimo. No hace mucho nos robaron en casa (pero en el exterior, una contraventana de aluminio) y nuestro mayor miedo ha sido desde entonces que pudieran haber entrado y que les hubiera pasado algo a los animales. Tras esto, que hubiesen destrozado los libros buscando algo de “valor”. Que se los hubieran llevado es algo impensable… no caerá esa breva, y menos que intenten leerlos :P

Lammermoor, yo aquí esperando tu visión profesional del tema… ¡y te vas por los cerros de Úbeda! Jajajaja, pero me encanta, que conste. En ocasiones salto por peteneras cuando estoy hablando con Azote. Se me queda extrañada mirándome y entonces le explico: hablo de esto porque tiene relación con aquello, y aquello vino porque el color, o el nombre, o tal palabra de lo que dijiste me recordó a… En fin, las sinapsis entre neuronas, que no siempre establecen el camino óptimo del pensamiento (pero sí el más divertido ;)).

Roberto, si es que no cuido de mi privacidad (o sí, pero me expongo tanto que al final todo se sabe). Encima, he terminado por vincular todos los blogs, así que… Lo que sí me ha sorprendido es lo del C.V., más que nada porque o es por una red social de trabajo, o por un buscador de empleo… Hace tiempo lo tuve en Lobosoft, pero o lo tiene Google cacheado o no debería aparecer. En cualquier caso, ya estará obsoleto :P ¿Hombre del renacimiento? ¿Pero estás seguro de que es el Miguel A. correcto? Jejeje, gracias, en cualquier caso, por el piropo ;)
En cuanto a la entrada, sí que conocía unas bolsitas que atrapan la humedad, pero terminan tan repletas que el riesgo de que revienten y sea peor el remedio que la enfermedad es demasiado grande para arriesgarse. Respecto a las ediciones, en general me ocurre como a vosotros, más aún con el flamante Papyre, que me permite leer antes de comprar (aunque aún no he conseguido reprimirme del todo, ni todas las lecturas están disponibles para el mismo, claro). En cualquier caso, está claro que incluso con los libros, lo barato puede salir caro.

Por cierto, lo mismo compro algún calendario para el año entrante. ¿Me recomendáis alguno? Encuentro bastantes de viajes y lugares exóticos, pero buscaba uno con fachadas de edificios oficiales, como Ayuntamientos, Bibliotecas, sedes de Diputaciones Provinciales… raro que es uno ;)

¡Un abrazo enorme para todos!

El Guisante Verde Project dijo...

Dentro de poco habrá calendarios nuevos en el mercado guisante..., pero me temo que de eso que pides, va a ser que no, jajajajaja.

Ayyy, que bien funciona la señora de guguel....!!!

Pdta. las bolsitas no son de esas que se transforman en gel, son sólidas, solo cambian de color.

lammermoor dijo...

Lo siento, chicos. Estoy con el síndrome Pre-TRaslado y todo lo relacionado con ello empieza a invadir mi mente. Y, esto en serio, los compactos que se van a instalar me tienen bastante preocupada. ¿Recordais Todos los nombres? ¿Esas estanterías llenas de legajos que corrían serio peligro de desplomarse?

Intentaré ajustarme al tema. En mi casa, los principales problemas de conservación son los derivados de un pésimo papel. Tiene razón Roberto, vale más gastar un poco más de dinero pero comprar una edición de cierta calidad (siempre que podamos permitirnoslo, claro)
En el trabajo, la cosa cambia. Sobre humedades, lepismas saccharina, hongos y demás inquilinos (incluso excrementos de paloma) podría contaros muchas cosas. Sí incluso tuvimos "Champiñones" en uno de los depósitos, por no hablar de las goteras. ¡NO sigo porque me voy a deprimir!

Los papeles (libros y documentos) necesitan sobre todo un ambiente estable; sin cambios bruscos de temperaturas, ni un exceso de humedad o sequedad.
Para combatir los efectos del agua o la humedad, no se os ocurra aplicar calor, pues podrias provocar que los hongos le atacaran. Mejor dejarlo orear.

Por supuesto, una buena ventilación es fundamental.¡Ah! y convencer al gremio de la limpieza de que LOS LIBROS SE LIMPIAN Y EN LAS ESTANTERÍAS SE COLOCAN LIBROS (y no solo figuritas de LLadró)

P.D: si en la próxima temporada veis que desvarío, son los efectos del proceso.¡Tened piedad de mí que tendré que lidiar con la empresa contratada, el personal municipal y los políticos (éstos, los peores de todos)

Homo libris dijo...

Bueno, pues estaré al tanto de esos nuevos calendarios, a ver si alguno se le acerca un poco a mi idea original :P Buscaré las bolsitas que dices, Roberto, aunque me está convenciendo el tema del deshumidificador… XD

Lammermoor, no te preocupes, que bastante guerra pareces tener por ahí. Encima, aquí me tienes recordándote lo sufrido del traslado, y la gran cantidad de enemigos que os podéis encontrar por el camino… Por lo que veo, habéis sufrido ataques de todo tipo (aquello debe parecer el Abismo de Helm, por lo menos)… ¡Y pensar que los preciosos pececillos de plata han sido siempre de mis insectos preferidos! ¡Son tan cyberpunk! XD En fin, ánimo con el trabajo, y que sea realmente leve. Seguiremos tus desvaríos con fruición, jeje.

Isi dijo...

A mí el polvo me ataca. Y además, para pasar el polvo uso un trapo húmedo, así que con respecto a los libros, no sé si será peor el remedio que la enfermedad. Gracias a dios de humedades y de calor extremo no sé absolutamente nada, pero cuando has dicho lo de los hongos, casi me da por ir a casa y tirar todos los libros ¡¡qué asco!!
Lo mejor supongo que será tener una estantería con puertas, que algo protegerá, no??

Homo libris dijo...

Isi, pues no sé yo si lo de usar un trapo húmedo no va a ser bastante contraproducente... La humedad la absorberán los libros y pueden producir la proliferación de hongos...

Que conste que, por mi parte, los hongos los he visto en ocasiones en algunos libros de bibliotecas y librerías de viejo, ya secos, manchando las páginas. Por eso me preocupa la humedad de Málaga, porque sin que se hayan producido bajas en mi biblioteca, el notar que "está ahí" ya me pone de los nervios :D

Lo del armario con puertas no sé yo qué resultados tendrá... Ten en cuenta que las puertas imposibilitan que haya corrientes de aire, además de contener los libros en un ambiente cerrado y oscuro... ¡A ver si se van a recoger así champiñones!

Un abrazo.

milibreria dijo...

Bueno, están tan buenos los comentarios y el post, que yo debería quedarme calladita en un rincón...
pero eso es tan difícil!!!!
Mira, este asunto se agudiza en el trópico, con la humedad constante y el calor excesivo... más de los mismo, polvo, bichos, malos cuidados... y adiciona a esto una gata que mete sus unñas donde mejor le parece, he tenido que evacuar los libros de los estantes bajos, que parece que eran sus preferidos.
En fin, buenísimo tu artículo.
Te sigo.
AD.

Homo libris dijo...

Ade, imagino que allí en la isla debe de agravarse todo esto que comento. No cabe la menor duda de que hay que cuidar a nuestros pequeños amigos de tantos y tantos peligros...

Muchas gracias por el ánimo :D Acabo de darme cuenta de que varios enlaces habían desaparecido de la lista "Libros, libros..." del blog, incluido el tuyo :( Voy a subsanarlo.

Besos.

Isi dijo...

Entonces tendré que elegir entre hongos o polvo!!

¡¡qué dilema!!

Homo libris dijo...

Isi, las brochitas estas del maquillaje de un grosor mediano (creo que son las usadas para ponerse colorete, ahí mis dotes de hombre renacentista no llegan ;)) ) que puedes encontrar a bajo precio, pueden servirte para limpiar bien el polvo, sin que se inserte entre las páginas, y sin necesidad de usar un trapo húmedo.

Si no, ¡no te olvides de nosotros cuando hagas una buena caldereta de setas!

Jejeje, ¡un abrazo!

Fulgida dijo...

Sí, sigo (seguimos) comprando cómics, aunque ahora preferimos Norma y Glénat a DC o Marvel, pero de esos también caen algunos (miniseries, especiales y cosas así). Y tampoco decimos que no a alguna novela gráfica que nos llame la atención.
Caso aparte es Conan... Si hay divorcio, Conan para él, que ya me quedo yo con Thorgal.
F.

Homo libris dijo...

Fulgida, yo soy también más de Norma... Y en caso de separación llevaría conmigo a Conan, aunque no le haría ascos a Thorgal. Ni a La Mazmorra ;)

Hilario dijo...

Como no soy muy dado a comprar y tener libros, no me preocupa nada de lo que has dicho. Yo prefiero sacarlos de una biblioteca, para bien de mi economía.
Saludos.

Homo libris dijo...

Tú sí que sabes, Hilario... Ojalá yo pudiera contenerme :D

bibliobulimica dijo...

¡Que barbaridad! entre la lectura de la entrada y luego todos los comentarios, a ver si me aucerdo de todo lo que se me fue ocurriendo en el camino: Primero: me encantó la entrada. Yo, previendo una vida de andar sacudiendo libros, pedí unos libreros con puertas de cristal para que no tuvieran tanto polvo. Al ser cristal, entra la luz y no ha habido hasta el momento ni hongos, ni bichos ni tampoco mucho polvo (que era lo que buscaba).
Roberto ¡das miedo! pero ¿es que andas metido de detective? ya vi que has atrapado a Homo Libris, y se que andas detrás de Hilario...uyyyyyyyyyyyyyyyy

y seguramente que había más cosas, pero mis sinapsis hicieron ¡puf! con tanto tema...

Un abrazo a todos,
Ale.

Eva dijo...

Yo pregunté cuánto me subía el seguro por asegurar mi biblioteca, es la niña de mis ojos, y me dijeron que mis libros iban incluidos en el contenido de la vivienda y que si los quería asegurar aparte... vamos que daban ganas de irte a un mercadillo y vender todos los ejemplares.
Tengo una pregunta ¿alguien sabe como evitar que las hojas se pongan amarillas? una vez ví que metiendo en el interior de lo libros varias hojas de laurel, en ello estoy pero la verdad es que no sé si da resultado.
Un abrazo

Homo libris dijo...

Ale, a mí también me cuesta ya llegar hasta abajo, jajaja. ¡Cómo se nota que es un tema que nos preocupa a los bibliófilos y Homo libris de pro :D!

Lo de la librería con puertas de cristal es algo que se me pasa por la cabeza desde hace tiempo, y me parece muy buena idea. Lo que ocurre es que hasta que no esté establecido en algún lugar, cuantas menos cosas lleve de lugar en lugar con las mudanzas, mejor, jeje. Y el cristal es, además, tan frágil… En resumen, que tendrá que esperar aún un poco más.

En cuanto a Roberto, no sólo da miedo, sino que incita a que se le emule en sus labores detectivescas, je, je.

Eva, lo del seguro es un poco fastidioso, por lo que veo. Yo no dudaría en incluir la biblioteca en él, aunque por lo que nos comentas no resulta tan fácil que valoren a nuestros amigos.

En cuanto a las hojas y el laurel, no sé si funcionará la verdad. El amarillear de las páginas se debe a la oxidación de los materiales que componen el papel, por lo que imagino que en un ambiente con poco oxígeno tardarán más en amarillear. Pero claro, si hay poco oxígeno (porque no favorezcamos, por ejemplo, la ventilación) nos encontramos con los hongos… Total, que creo que lo fútil de nuestros amigos forma parte de su encanto; dejémosles envejecer junto a nosotros. Eso sí, la calidad del papel cuenta, tal y como se decía más arriba. Tal vez decantándose por mejores ediciones en el caso de los libros que queramos conservar junto a nosotros durante el máximo tiempo posible consigamos acercarnos a ese deseado objetivo :)

¡Saludos!

Homo libris dijo...

Me comento a mí mismo para dejar constancia de una estupenda entrada que no recordaba haber leído y con la que me he encontrado. Se trata de "Papel enfermo", en Pulpnivoria.

Espero que la disfrutéis.