jueves, 3 de septiembre de 2009

Usos y costumbres

Ayer, en un arrebato de amor paterno, os traje al blog una fotografía del último libro con el que acababa de hacerme, ostentando orgulloso mi ex libris junto al Papyre con la versión “electrónica” del mismo. Fulgida comentaba que ella era incapaz de marcar de forma alguna sus libros, ya no grabándoles la marca de un ex libris, sino incluso subrayándolos o incluyendo anotaciones en sus páginas. Mi respuesta era que, en lo fundamental, compartía su opinión, pero me quedaron ganas de tratar un poco más profundamente el tema. Y ahí voy.

Entre las peculiaridades del Homo libris se encuentra su habitual tendencia a desarrollar comportamientos territoriales en torno a su principal objeto de deseo. Estos usos y costumbres son compartidos por ambos sexos, sin que exista una predilección clara por parte de uno de ellos por unos hábitos determinados. Esto es, se dan de forma aleatoria, no siempre en igual grado de intensidad e, incluso, de gravedad. Y decimos gravedad porque en los casos más crónicos, como veremos, el Homo libris es capaz de caer en una espiral de costumbres que le lleven a relacionarse con otros miembros de su especie haciendo uso, fundamentalmente, de la palabra escrita.

En concreto, uno de los sujetos sometido a estudio presentaba una marcada compulsión por el cuidado de los libros. Poco dado al préstamo, prefería en las más de las ocasiones adquirir otro ejemplar del libro que iba a ser prestado y proceder a su regalo antes que ceder aquél, según él por la incertidumbre que le provocaba el no retorno del mismo, o su devolución en un penoso estado de desgaste. Aunque el paso de los años ha suavizado notablemente este extraño hábito, aún hoy día sufre rebrotes de cuando en cuando.

El mismo individuo observado mostraba además una interesante conducta a la hora de hacerse con libros. De adquirirlos nuevos en una librería, buscaba aquel que no presentara marca alguna de desgaste o roce en sus cubiertas, sus páginas debían aparecer en perfecto estado, sin marcas de suciedad o extraños dobleces. De existir varios libros, buscaba el que se encontrase en mejor estado y, en caso de venir rigurosamente protegidos con algún envoltorio, escogía uno de estos antes que otro que estuviera desprotegido. Curiosamente, en caso de tratarse de una librería de ocasión, o más concretamente de viejo, no parecía importarle tanto el estado de los libros, y mostraba un mayor interés por la edición del libro, e incluso por la existencia de marcas de pertenencia de un anterior propietario (ex libris, como mencionábamos ayer, dedicatorias o firma y rúbrica del mismo), antes que por su estado físico. Mostraba rechazo a la compra de libros en grandes superficies y centros comerciales, y no soportaba encontrar etiquetas pegadas en el interior del lomo, en las guardas, o con aspecto de alarma, especialmente por el grosor de la misma y el pegamento que suele usarse en éstas, que puede provocar pequeños desgarros en la, de por sí, delicada textura del papel.

Sea como fuere, el sujeto en cuestión procedía a forrar en muchos casos los libros adquiridos. En particular aquellos que pensaba someter a condiciones de mayor estrés, como llevarlos consigo para su lectura en el transporte público, o en la mochila o el bolsillo del abrigo para devorarlo en cualquier situación que se lo permitiera.

Por supuesto, nunca mostró intención alguna de proceder al doblado de las páginas de un libro. En el caso de los libros que conseguía de alguna biblioteca pública, si éstos aparecían con algún doblez o marcas de haberlo tenido, podía entrar en cólera por el poco cuidado que mostraban los otros lectores. También gustaba de reparar los libros que caían en sus manos con signos de agotamiento como, por ejemplo, lomos despegados, cubiertas rasgadas o manchas de humedad entre sus páginas.

El Homo libris del que estamos hablando parece tener predilección, además, por marcar el punto donde deja su lectura con los marca páginas diseñados a tal efecto, pero no muestra rechazo a usar cualquier otro elemento que tenga un grosor adecuado (generalmente, inferior al milímetro, creemos que para evitar deformaciones en el papel o la encuadernación). Muestra preferencia por los libros de papel ahuesado, encuadernación cosida en pliegos, y siente pasión por los libros antiguos con encuadernación holandesa, aunque los actuales los prefiere en tela. Sin embargo, no desprecia encuadernaciones más modestas ni libros de bolsillo, que suele llevar consigo casi a todos lados (la ducha, hasta la fecha, parece ser el único lugar donde no se le ha observado leyendo, aunque insiste en que de niño leyó, hasta dejar el agua fría, alguna aventura holmesiana).

Aunque la experiencia fundamental de la lectura viene dada por el sentido de la vista, el Homo libris se caracteriza por extraer del libro toda una serie de sensaciones vetadas, en general, al común de los mortales. Se deleita olfateando sus páginas, acariciándolas y sintiendo el tacto del lomo o las cubiertas (de ahí, creemos, su predilección por la tela). También lee, por supuesto, y aunque la luz del día es la más adecuada para no fatigar la vista, no son pocos los libros que leyó de joven usando una linterna, bajo las sábanas, mientras todos dormían. También apurando los últimos rayos de sol, o junto a una lámpara o un flexo.

Así es como redactamos ahora el informe que se encuentran ustedes leyendo y, ante tamaña suposición, nuestro Homo libris particular exclama vehemente: "¡Lean, lean, pero no a mí! ¡Cojan el libro que tengan más a mano, y disfruten con su lectura, su tacto, su olor y casi, diría, con su sabor y con el crujido de las páginas al pasar!"

¿Qué “manías”, usos y costumbres (pecadillos inocentes, al fin y al cabo) tenéis como “animales lectores”? ¿Os sentís identificados con algunos de los mencionados? ¿Creéis que nuestro Homo libris de muestra será capaz de tener aún más?

36 comentarios :

Elwen dijo...

No te imaginas lo que me he reído leyendote, ha sido como esos monólogos en que te ríes porque te sientes terriblemente identificado y te das cuenta de lo loco que puede parecer desde fuera lo que haces.

Creo que práctico el 90% de los hábitos del Homo Libris y me río más en pensar la de veces que el librero se ha quedado mirándome cómo buscaba el último libro de la pila que siempre está en mejor estado.

Sumo a tu lista un hábito personal, no puedo leer con ningún tipo de ruido. Ni tele, ni gente hablando, nada excepto algo de música a ser posible sin letra y aún así rara vez y solo en aquellos casos que necesito aislarme del ruidoso entorno.

estodevivir dijo...

Pues yo también los huelo y apesar de que son diferentes olores, me encanta el olor de los nuevos y el de los muy viejos...En la casa necesito silencio absoluto para leer, excepto cuando leo mientras como ( pésima costumbre que adquirí en la infancia) con el libro en un atril o apoyado en la mesa, ignorándo de paso, si me dejan , a los otros comensales, en estos casos mi familia mas cercana, que a veces se resigna a dejarme leer y otras me incordian sin compasión.. y leo en el taxi, cierro las ventanas y trato de aislarme del exterior..
Por lo demás comparto casi todos los demás usos y costumbres que describes tan bien.. me he reído muchísimo, de veras...

R. dijo...

Hola Homo libris!

Lo primero: ¡Qué bien luces en la foto! ¡Cuánto histrionismo! :DDD

Tu entrada es muy inspiradora. Permíteme explayarme:

En mi blog he ido confesando algunos de mis usos y costumbres, con rango de manías librescas y lectoras, aunque de manera contenida para no herir susceptibilidades o crear malos entendidos.

Por ejemplo, yo sería incapaz de llevar un libro al baño para leerlo; menos hasta la ducha. En Los detectives salvajes, la novela de Roberto Bolaño inpirada en personajes reales, Ulises Lima es un lector compulsivo que practica el "baño lector" en detrimento del ejemplar elegido.

Ya me gustaría tener dinero suficiente para evitar prestar mis libros. Confieso que me he encariñado tanto con ciertos libros, que estos tienen la categoría de imprestables; así que la situación la remedio obsequiando los e-books impresos, para lo cual me aprovecho de cuanta impresora se abra a mi paso: del trabajo, de mis padres, hermanos, la propia, etc. El papel lo pongo yo y asunto solucionado.

He llegado a leer a la luz de las velas debido a los cortes de electricidad producidos por los atentados terroristas de fines de los ochenta y comienzos de los noventa (una época que espero haya quedado atrás). El uso de la linterna bajo las sábanas se lo leí a la escritora Isabel Allende alguna vez, lo cual sería impracticable hasta con una velita misionera.

Si me dieran a escoger, preferiría un libro de portada minimalista antes que una cubierta tipo afiche de película (movie tie-in book) que ostente los actores que dieron vida a los personajes en la pantalla grande.

No uso ex libris, ni hago mayores marcas de posesión en mis libros que, como organismos vivos, siempre han estado asociados, junto con la lectura a la libertad; mientras que la carimba, esa infamante marca que se hacía (y aún se hace en animales) sobre ciertas pieles humanas es sinónimo de esclavitud. (Sí, alucino.)

También evito forrarlos a destajo, dotarlos de otra piel que no sea la propia, salvo en casos extremos. No uso separadores (estos, junto con las bandas o fajas, los colecciono). Apenas requiero los servicios de la cuarta u octava parte de un papel bond A4 como señalador y hoja de apuntes varios. Pero mejor no sigo, y más bien te invito a leer un post donde hablé sobre libros prestados y usados, así como del subrayado de libros.

Saludos,
R.

Isi dijo...

Pues yo no tengo tantas manías! jeje

Yo, al comprar un libro,no me fijo tanto; vamos, no quiero que esté roto y todo sucio, y procuro comprar el que viene plastificado, pero si no, tampoco le someto a un análisis físico-químico y microbiológico.

Luego al leer si tengo mis manías, pero tampoco se pueden llamar así porque son la consecuencia de un accidente que tuve. No puedo leer sin atril o, en caso de estar en un sofá, por ejemplo, pongo entre mi regazo y el libro un montón de almohadas o cojines para no tener que doblar demasiado el cuello. Si no, corro el riesgo de marearme a los 20 minutos, aprox.

En cuanto a los olores, lo único decir que me encantaría que hubiese marcadores o similares con olor, porque me los compraría todos! aunque el libro perdiera su olor original!!

Lo de prestar, la verdad es que no tengo problema: mis amigas no leen lo mismo que yo, salvo alguna, a la que se lo presto encantada porque los trata muy bien, y a mi novio, sin problema igualmente. Nunca he tenido un libro maltratado ni en paradero desconocido.

Muy bueno tu estudio científico ;)

Azote ortográfico dijo...

Magnífico estudio sobre los hábitos del "Homo libris"; con muchos de los hábitos también me siento identificada, como el de forrar los libros de forma casi compulsiva, ser reacia al préstamo (máxime después de que mi Santa Madre liberase tu ejemplar de La sombra del viento en un tren), mostrar fascinación por las cubiertas muy nuevas o muy viejas, oler los ejemplares instintivamente, arreglar ejemplares ajenos en mal estado y hasta ordenar los libros en orden alfabético (hábito perdido tras incontables mudanzas y habida cuenta del creciente número de ejemplares que pueblan las estanterías de casa).

Aun así, mi mayor manía es más una cuestión lingüística (cómo no). Si puedo evitar la lectura de un libro traducido, la evito; aunque en determinados idiomas pueda costarme más que en español, el esfuerzo siempre me acaba mereciendo la pena. Eso sí, con Murakami en japonés va a ser que no me atrevo. Todavía.

¡Saludos!

loquemeahorro dijo...

Tengo muchas en común contigo, sobre todo las relativas a la compra (es verdad, si el libro es nuevo, prefiero que esté hasta plastificado, y si es antiguo, no importa nada que esté súper manoseado).
Lo de no doblar páginas (será legal?), etc...
Eso sí, yo presto sin problemas, y según la persona "sin vuelta", doy a la bibliota, y estoy pensándome lo de la "liberación".
Ah! solo he escrito en algún libro por ser un trabajo de estudios, y siempre en lápiz (como si alguién fuera a borrar después eso). Ejemplo: aquel famoso ejemplas de Antígona.

Una anésdotilla : En la biblioteca de mi colegio, en la pág. de Dramatis Personae, de los libros de Agatha Christie, alguién había puesto al lado del nombre de turno "asesino".

Vaya desde aquí mi maldición por los siglos, de los siglos, para ese maladrín, y que a todos los libros que compre les falten las últimas páginas y que solo encuentre libros en la bibloteca con letras más pequeñas que la de Tristram Shandy y de papel biblia.

Sumáos hermanos a mi maldición!!!

Isi dijo...

Jope qué malandrín, o eso se queda corto para describirle!!
Yo me uno a tu maldición maldita! y dominaremos el mundo y echaremos del mismo al malandrín!! ahhhhh

Azote ortográfico dijo...

¡Sumémonos! ¡Malandrín sinvergüenza! ¡Extendamos la maldición a Internet y la TDT para que nunca pueda saber el final de sus series favoritas!

loquemeahorro dijo...

Eso, eso, dominaremos el mundo de la ficción televisiva para que ese malandrín (sospecho que era malandrina, porque era un colegio femenino) nunca sepa como acaban las películas, series, etc... porque total, no saber cómo acaba un telediario, no tiene mucha miga
:-)

Homo libris dijo...

¡Hola, Elwen!

Me alegra saber que el Homo libris no es un animal en peligro de extinción. Aunque la muestra usada para el estudio era limitada, parece ser que las conclusiones son extrapolables a un amplio núcleo poblacional :D
En cuanto al ruido, en mi caso sí que leo en cualquier situación, pero el nivel de concentración que consigo en ambientes ruidosos es notablemente menor al de un lugar en silencio. Algo similar me ocurre con las interrupciones: con algunos libros las tolero, y con otros me niego a aceptarlas.

Estodevivir, a mí me ocurre lo mismo: me encanta el olor de libros nuevos (especialmente los de texto, reminiscencias de los tiempos estudiantiles ¡ains!), y de los que tienen muchos, pero muchos años. El olor a papel que ya amarillea es inigualable.

R., gracias, gracias, es la pasión que me incendia. ¿Salgo guapo, verdad? :D Me encanta lo que nos cuentas sobre tus costumbres librescas. Los detectives salvajes es una de las novelas que tengo pendientes de Bolaño, así que tendré que tomar nota porque me parece muy curioso ese personaje, lector compulsivo que practica el “baño lector”. A él podrían recomendarle los libros sumergibles que surgieron el pasado año :) Respecto al préstamo, en mi caso he ido cambiando bastante a lo largo de los años, y salvando libros que me sean muy queridos o frágiles, o realmente imposibles de encontrar, no tengo mayor apuro en dejarlos a personas que sepan que los van a cuidar y, espero, devolver :) Eso sí, si un libro me ha gustado mucho no dudo en regalarlo a los amigos que sepa que los van a disfrutar, siempre que tenga posibilidad de hacerlo. Prestados no suelo conseguir demasiados, salvo a través de las bibliotecas públicas. Una buena costumbre que he recuperado gracias a Tristram Shandy es volver a visitarlas, y es que desde que nos mudamos a Málaga, por la escasa diversidad bibliográfica que veo en estas bibliotecas, y por la mala disposición de las mismas (o puede que de nuestro hogar respecto a ellas) resulta muy engorroso llegar en transporte público. Por otro lado, lo cierto es que en el anterior trabajo dejé de tener vida para convertirme en un microsiervo, En cuanto a la lectura a la luz de las velas, es algo que me encanta. En mi caso no ha sido a causa de situaciones tan dramáticas como las vividas por ti, sino por ocasionales tormentas que, antes más que ahora, dejaban sin luz a todo el pueblo. Me encantaba leer con el cielo atronando, la lluvia golpeando tejados y cristales, y estar bien resguardado con un libro entre las manos. O volver del campo, con el olor a tierra mojada aún inundando el ambiente, y sentarse al abrigo de un buen braserito a leer :D,
En cuanto a los ex libris, quiero verlos no como una marca de propiedad, sino como un vínculo hacia esos libros en concreto. Quién sabe si dentro de muchos años alguien, recorriendo una librería de viejo, encontrará algunos volúmenes que muestren al abrirlos ese lobo mirándonos frente a una luna llena ;)

Isi, eres una Homo libris particular, libre de ataduras psicológicas por lo que veo, je, je. ¡Me alegro! Lo que sí es un poco fastidioso es lo de la lectura con atril en todo momento. ¡No sé entonces cómo puedes ir leyendo por la calle sin más! Y lo de los marcadores con olor… ¿qué tal con saquitos de tela pequeñitos, colgando, con alguna planta aromática? ;) Os doy ideas a Elwen y a ti, que estáis hechas unas hachas en esto. En cuanto a los libros prestados, ten cuidado con las suegras, que como dice a continuación Azote, son peligrosas :D

Homo libris dijo...

Afortunadamente con Azote coincido en prácticamente todas las costumbres, y es que sería difícil la convivencia en caso contrario. El día que tengamos un lugar estable y tiempo, habría que catalogar adecuadamente la biblioteca, a ver si, de paso, llegamos a saber cuántos libros ocupan nuestras vidas (y un buen porcentaje del hogar). Lo de plantearte leer en japonés (o en sueco, vaya usted a saber) sí que empieza a preocuparme…

Loquemeahorro, te veo como otra Homo libris en potencia. Lo del préstamo, como he apuntado antes, me ocurría más antes que ahora. Ya somos personas adultas y sabemos cuidar los libros, ¿verdad? Jo, que no quiero quedar como un avaro bibliófilo… Pero sí miro bien a quién presto un libro, eso es cierto. Ahora, lo que me ha dejado muerto es lo del libro de Agatha Christie en la biblioteca… ¡qué mala idea la del que pusiera el cartelito de turno! ¡Me sumo a tu maldición para todos aquellos que osen dañar los libros ajenos!

Saludotes.

P.D.: He tenido que dividir en dos la respuesta, porque Blogger me decía que el máximo comentario era de 4096 caracteres (2^12, qué cosas, un byte y medio para indexar... :D)

La Belle Dame Sans Merci dijo...

¡Dios mío! ¡Me siento identificada con todo! XDDDDD
Me encanta oler los libros: los que huelen a nuevo, el maravilloso olor de un libro antiguo, etc. Y sí, también tengo la manía de intentar comprar el que menos estropeado esté de la librería. Esta manía es muy graciosa cuando hablamos de mí, porque ¡ja!, como librera he llegado a devolver libros que nos han llegado a la tienda de la editorial con esquinas chafadas o sucios (que fliparíais cómo nos los mandan a veces). ¡Ojalá llegasen todos plastificados! Sobra decir que, cuando pillo a alguien colocando los libros en nuestra librería de malas maneras, me sale la furia asesina... Especialmente con los padres en la sección de infantil: es de vergüenza. Cuando luego viene una madre y me dice que es que los libros están tocados, me dan ganas de morder... ¬¬ Os juro que la gente no tiene el menor cuidado a la hora de toquitear de mala manera los libros, luego abren todos (a pesar de que haya uno de muestra), los dejan de cualquier forma y después van a comprar y se quejan... O te piden una rebaja. Más de una vez he llegado a decir que no somos los libreros, con el cuidado que ponemos en nuestras secciones, los que "destrozamos" los libros...
¡Pero que me voy del tema! Forro los libros de tapa blanda, especialmente si son de tamaño normal, y si son de biblioteca y están estropeadísimos, los arreglo y los forro tambiéeeen. Los de bolsillo ya no los cuido tanto porque los llevo a todas partes y si voy a una librería de viejo no me importa en absoluto el estado del libro con tal de que esté. XD
¿Algo más? Bueno, me encanta leer con velas -aunque con los gatos es problemático-, siempre leo por la calle mientras ando y siempre, siempre que leo clásicos grecolatinos me pongo mi cd de "La Musique de l´Antiquité".^^

lammermoor dijo...

Si que sales irancudo, ¿Quízas alguien subrayó el libro con bolígrafo o aún peor, con rotulador? ¿O las páginas están rotas?
Algunos de mis "pecadillos" como lectora ya los he confesado.(Gracia por el enlace)
¿Más usos y costumbres? Voy con libro a cualquier parte(incluido últimante los tribunales de que formé parte. Solo leo mientras están haciendo el examen, ¡Qué conste!)
Puedo leer de pie o caminando pero soy incapaz de hacerlo en un autobús.
Si el libro es mío a veces subrayo o hago alguna pequeña anotación o abro llaves (sobre todo si son de trabajo)
Cuando los libros de la biblio no tenían código de barras, me encantaba ver cuantas veces los habían sacado. Si no había sido prestado en mucho tiempo, me senía como si lo estuviera rescatando.
Tengo un montón de marcadores que utilizo en función de que libro se trate o de mi estado de ánimo. A veces también uso las fajas que envuelven a los libros o los billetes de avión o tren.
Tengo la costumbre de dejar desperdigados por casa los libros que estoy leyendo u ojeando. Así que es facil encontrarse dos o tres sobre la cómoda, uno en la mesita y otro par que tengo que devolver o acaban de llegar a casa sobre la mesa del comedor.
¡Ah! y voy al baño (que no a la bañera) SIEMPRE con lectura. Pero, no se por qué motivo, jamás es el libro que estoy leyendo; busco uno distinto.

Carmina dijo...

Mientras leia la entrada me repetia para mi, seguro que no esta hablando de mi?, porque muchas de esas manias las comparto, como puede ser coger el ultimo libro de la pila para que no este estropeado, acariciar los lomos y las paginas, oler el papel. Leo en todas partes, menos en el coche, porque me mareo, tampoco en el autobus evidentemente. Cuando nacio mi hijo empece a sufrir estreñimiento cronico y los libros acudieron en mi ayuda eso si, no se estropean porque los cuido muy bien.
Cuando saco un libro de la biblioteca y esta estropeado me entretengo reparandolo. Si tengo que prestar un libro lo forro y lo pienso y lo repienso y solo termino dejandolo si estoy segura de que me lo devolveran en buen estado. Suelo aislarme bastante cuando leo pero desde hace un tiempo a esta parte necesito silencio y me molestan las interrupciones, hasta mis hijos saben que es mejor no hacerlo.
Si alguna vez tengo que anotar algo lo hago en lapiz y normalmente en alguna pagina que luego conservo dentro del libro, en caso de prestamo, apunto la pagina a la que se refiere la anotacion y las saco de su lugar para devolverlas despues... Como ves tengo algunas de las manias que describes y otras propias.
Por cierto cuando era pequeña tambien leia debajo de las sabanas con una linterna hurtandole horas a Morpheo, ya ahora veo a mi hijo hacer lo mismo.
Por otro lado suelo leer poco de dia y suelo hacerlo mas de noche, excepto en vacaciones y verano... que tengo mas tiempo...
Me ha gustado esta entrada me ha provocado mas de una sonrisa e incluso alguna carcajada al verme reflejada

Fulgida dijo...

Oh, ¡qué identificada me he sentido!
Yo puedo leer en cualquier lado, sin importar el nivel de ruido, incomodidad, empujones, etc. En mi lejana niñez, cuando volvía de mis excursiones a la biblioteca, lo hacía leyendo; eso ponía a mi madre de los nervios: "¡no leas mientras caminas, que te van a atropellar!" (ponedle tono de madre exasperada). Ahora leo de pie en el metro y no hay nada que me fastidie más que subir a un medio de transporte con un libro caliente en el bolso y encontrar a alguien conocido (o en su defecto, a la tercera edad conversadora).
Cuando tenía 11 años mis hermanas me regalaron una linterna especial para leer, con una pinza para sujetarla al libro y un cuello flexible; estaban hartas de que tuviera la luz de la mesita encendida hasta las tantas.
Vivo con otro ejemplar de Homo Libris y ambos intentamos criar a dos pulgas para que sean aurénticos HL en el futuro, lo que implica serios problemas de espacio y que haya libros de todos los tamaños y colores en todas partes. Pero puedo leer hasta el amanecer y nadie se queja. Y si se me va el tiempo con un libro y se me quema la comida o tengo algún olvido, tampoco pasa nada. Además, puedo leer algo que me ha gustado especialmente en voz alta y no me mira nadie con cara de "ahí vamos con las manías de la niña".
Mi hombre practica la lectura en el baño en todas sus versiones (la limpia y la no tan limpia). Yo, como madre, no suelo estar sola en el baño, así que he abandonado ese hábito (¿por qué los niños no sienten esa compulsión por estar con su padre en el baño y sí conmigo?).
Presto los libros, sí, porque me encanta que la gente lea. En un futuro (aún lejano) los donaré todos a alguna biblioteca. Por ahora, como todavía me pertenecen (Mi Tessssoro), los mimo, les quito el polvo con un cepillo de aspirador minúsculo y un paño suave y, ya que estoy, releo alguna página para que no se sientan abandonados (quitar el polvo es un trabajo arduo). Me da escalofríos pensar en doblar una página, así que, si no tengo nada para usar de marcador, memorizo el número de página.
Lo de oler los libros... es un placer diferente. Para mí, nada huele igual que un libro recién comprado que estoy deseando leer. Esa emoción al abrirlo, acariciar con los dedos la primera página, alargarlo un poco antes de sumergirme en él... Muy físico.
Besos,
F.

Fulgida dijo...

Por cierto:
¡Me ha encantado la entrada!
F

Homo libris dijo...

Alienor, lo tuyo es un caso de Homo libris “profesionalis” ^^. Extrapolas tus funciones vitales como especie al ámbito laboral, por lo que veo. Por lo que me cuentas, en las próximas semanas vas a tener una reincorporación al trabajo de lo más estupenda, ya que vuelves en plena euforia del libro de texto (y se le suman las lecturas infantiles para el cole). La lectura con velas me parece hermosa, pero un lujo para mis ojos (que bastante maltratados están con un mínimo de 9 ó 10 horas al día delante de una pantalla de ordenador) y un peligro, como dices, con gatos en casa. En particular, en nuestro caso sería por Obi, que ve un reflejito o una sombra moverse y pierde los papeles.
En ocasiones ambiento el libro, o me abstraigo de lo que me rodea, escuchando música. No siempre es algo acorde a la lectura, aunque en muchos casos he vinculado alguna canción o un disco a un determinado libro, de tanto que lo he oído mientras leía. Por ejemplo, Juego de Tronos quedó vinculado por siempre a My fragile winter dream, de Dark Princess, El Trono de Huesos de Dragón a …And Justice for All (sí, ese, el disco de Metallica) y hace siglos (bueno, echando un vistazo al libro veo que no tanto, “únicamente” hace de esto 20 años), cuando leí La isla misteriosa de Verne, me acompañó Verdi con Nabucco.

Lammermoor, que conste que yo también leería si estuviera como jurado en un examen: ¡qué fácil sería copiarse con nosotros! Sí que me has recordado otra de mis costumbres; cuando los libros de las bibliotecas públicas se prestaban “a mano” y se sellaba en la ficha que incluían me encantaba ver cuánto se prestaba ese ejemplar, y cuándo había sido la última vez. Había libros que no se sacaban en años, y había otros que habían sido sacados una vez anteriormente… por mí :D También uso en ocasiones las fajas de publicidad de los libros como punto de lectura, y me encantaba usar los billetes de autobús cuando venían en una especie de talonario, ya impresos, hace muchos años. Bastantes de mis libros los guardan entre sus páginas.

Carmina, veo que tú también “pecas” de muchos de los hábitos del Homo libris. Debe ser maravilloso ver como los hijos replican nuestras costumbres, y los encontramos haciendo aquellos por lo que nos amonestaban nuestros padres. Yo me descubro ahora haciéndome con lecturas infantiles y juveniles que descubrí en su día en la biblioteca pública. Quiero tenerlos para mí y, por supuesto, para el día en que transmita a mi estirpe el descalabro de la lectura :D

Homo libris dijo...

Fulgida, ¡no esperaba menos de ti! Je, je, fue tu comentario el que desató en mí este arrebato de sinceridad homolibresca. Me encanta lo que me dices de tus excursiones a la biblioteca. En mi caso recuerdo cómo iba siempre por los mismos caminos hasta la que era entonces la biblioteca de mi pueblo (por lo que me recuerdas nuevamente algo sobre lo que tengo pendiente escribir: las bibliotecas de mi vida XD). Después acudía con una bicicleta plegable que me ayudó a restaurar mi abuelo, y que tenía una cestita en el manillar que siempre contenía algún libro :)
Vivir con un ejemplar de la misma especie ahorra explicaciones y facilita el entendimiento. Con Azote no tengo problemas gracias a ello (aunque no he hecho el intento de traer los libros que tengo en casa de mis padres porque barrunto que los tendríamos, no entre nosotros, sino con la casa por falta de espacio), y ver a esos pequeñajos aprendiendo a querer a los libros es maravilloso. Sobre esto alguien debería escribir alguna entrada ;)
El destino de mis libros es algo que siempre me he planteado. Me encantaría donarlos a una biblioteca tanto como que los disfrutasen mis hipotéticos e inexistentes herederos. Tal vez permitiría que los repartiesen los amigos y familiares, y que donasen aquellos que tuvieran un menor valor sentimental para ellos a una biblioteca pública.

La de cosas que estamos descubriendo los unos de los otros, ¿eh? ;) Pues voy a sumar una manía más. En ocasiones me descubro repitiendo hábitos de los personajes de los libros que leo. Con La isla misteriosa iba recorriendo los campos buscando “caza” y plantando trigo (sí, soy un “frikazo” terrible), con Crónica del pájaro que da cuerda al mundo casi termino con una sobredosis de café… En fin, que deberíamos crear una Wiki con todo esto ;)

¡Saludos, y buen fin de semana!

La Belle Dame Sans Merci dijo...

¡Tienes razón, ja, ja, ja! Y lo mejor es que todos mis compañeros son iguales (lo cual espero que agradezcan los clientes). XD

Por cierto, ¡hoy empiezo a trabajar! Seguro que en dos días se me pasa esta euforia, porque septiembre es un mes horroroso. ;) Por suerte, no trabajamos con libros de texto y con libros de oposiciones, porque hubiera sido el fin, así que imagina. XDDD

Lo de los gatos y las velas es problemático, sí. Con Balder no hay ningún problema, pero en el caso de Byron... Ya se quemó los bigotes una vez de pequeño, ¡aish! Y sigo sin fiarme de él un pelo, porque es un trasto incorregible.

También me encanta leer cuando llueve, como a ti. A ser posible con una taza de café o té al lado y cerca de la ventana. Me encanta el olor de la tierra mojada. En Pamplona, que está llena de jardines, solía en las noches de verano con una amiga ir al parque Yamaguchi a leer junto a una cascada que hay, poco después de que terminaran de regar la hierba, y era una delicia. Uno de esos recuerdos que se te quedan siempre. Y por las tardes solíamos subir a leer a lo alto de las murallas de la Ciudadela: allí leí "Fausto" y "Los miserables", por ejemplo. ¡Qué recuerdos! ¡Vaya par de heavies más raritas que éramos! XD

Isi dijo...

Jo, yo tengo una curiosidad terrible por saber cómo me catalogaría Alienor en caso de entrar en su librería a comprar algo... Qué miedín!! jajaja
Pobre gatito sin bigotes! Es que una no se puede dar un lujo, ¡viene el gato y se quema!

Yo he sacado la conclusión de que es importante que la pareja coincida con tu afición lectora, si no, hay problemas a la vista... De momento, sin problema :)

Homo libris dijo...

Alienor, si en tu librería todos los compañeros compartís ese amor por los libros, sin duda debe ser una gozada ir allí a informarse o comprar algún título. ¡Cuánto tendrían que aprender algunos que se hacen llamar libreros sin merecer ostentar el nombre de una profesión tan honorable! Por cierto, espero que la vuelta al trabajo haya transcurrido con normalidad, sin mucho estrés (ya leo que, al menos, te evitas la avalancha de los padres encargando los libros de texto de los críos), y sin demasiadas sorpresas desagradables respecto a la falta de organización que reinaba en la librería hace unas semanas, como nos comentabas tras tu visita a la misma.

Respecto a nuestros amigos los gatos, nuestro Lupi es un diablejo con piel de santurrón, puede liarla cuando menos te lo esperas. Obi es más inquieto, pero en el fondo es todo corazón. De momento no han hecho arder nada ni han intentado inmolarse acercando los bigotes al fuego, pero cualquiera se fía.

Hablas de la lluvia, la lectura y una rica y caliente taza de té (¡sí!) o café (también, pero me pone más nervioso), y despiertas la melancolía por un otoño que se va acercando no lo suficientemente rápido. Estoy deseando que llegue el cumpleaños de Bilbo y Frodo para celebrarlo con la llegada de la nueva estación. En esos días, cada vez más cortos, es una delicia perderse por algún camino que nos lleve hasta algún arroyo, acequia perdida o manantial, y pasar la tarde leyendo acompañados únicamente por el murmullo de las hojas acunadas por el viento, el canto de algún jilguero y el, no por esperado menos deseado, reclamo del mirlo.

En Granada, leer junto al Darro, a los pies de la Alhambra, sentados en algún banco del Paseo de los Tristes, o subir hasta la Fuente del Avellano donde se reuniera la cofradía fundada por Ganivet para contemplar la abadía del Sacromonte y los bosques de los jardines de “La Roja”, es también maravilloso. Como ves, no erais heavies tan raras al fin y al cabo. Y si Azote hablara…

Isi, no sé cómo podría catalogarte Alienor, o cómo lo haría con cualquiera de nosotros, de entrar en su librería a comprar algo. Lo que sí creo es que la reconoceríamos sin problema alguno. Imagina que vas allí, y empiezas a darle referencias de algún libro inexistente o difícil de encontrar (no, el Necronomicón no sirve), y después de pasar un rato recorriendo la librería, decide darse por vencida (no sé si algo así sería posible). E imagina después que publicas la aventura en tu blog… Eso sí, arriésgate a que, en venganza, secuestre al amigo Viggo (¡huy!, vaya rima más graciosa) y pierdas la oportunidad de verle en León ;)

En cuanto a las coincidencias lectoras con la pareja, estoy completamente de acuerdo contigo. Aunque no son las últimas, ni las más importantes. Ante todo estaría la comprensión mutua y ser complementarios. Pero esto es tema para una conversación que daría muuuucho de sí :)

¡Saludotes!

Azote ortográfico dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dicen Alienor e Isi sobre la pareja y la afición a la lectura. Yo tengo claro que no podría estar con una persona que no tuviera el mismo, o más, amor por los libros que yo.

Y bueno... en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba también se lee de cine... siempre que sea una quien escoja la obra y no se la seleccionen sin consultarle, como ya me pasó una vez, jeje, más si en el momento correspondiente no se tienen muchas ganas de darse a la lectura. Pero ya ha llovido mucho desde entonces.

Saludos.

Homo libris dijo...

Bueno Azote, tal vez si te hubieras dado a la amena lectura propuesta no te habrían maldecido con el signo del lobo estepario :P Pero sí, hace ya años de eso (aunque no ha llovido tanto como debiera, al menos aquí por el sur).

Y hablando de años, aunque sea con una horita de anticipo... (así no se me adelanta nadie, y no sigo "esclavo" del blog).

¡Felicidades! ¡Menos mal que son velas, y no azotes, lo que te esperan! :P

Carmina dijo...

A todos aquellos que piensan que no podrian estar con una persona que no leyera, pienso que se equivocan. Yo tambien lo pensaba y heme casada 13 años con un hombre que siente fobia por los libros, en total entre el noviazgo y el matrimonio llevamos juntos casi 18 años. Y eso si alguna discusion hay por esos incomodos huespedes para mi marido, pero yo con los años he desarrollado tal piscaresca que me evito muchos disgustos, y sigo leyendo y muchisimo, y de vez en cuando su cara de incredulidad cuando ve que se suceden los libros en mis manos, dice mucho mas que sus palabras, porque para el supone una odisea el hecho de leer unas lineas. Nunca se puede decir de este agua no beberé, porque terminas nadando en ellas.

Homo libris dijo...

Carmina, ahí es donde entra esa comprensión por parte de ambos, y tener algo de empatía. Si tu marido, a pesar de no tolerar los libros, los "soporta", y tú buscas que le sea más leve el trance, obviamente es posible la convivencia.

Algo parecido puede ocurrir, por ejemplo, con el fútbol (aún más, diría yo, dado el histrionismo de más de un forofo, que raya sencillamente en lo demencial ;)), y anda que no hay parejas donde uno de sus miembros no puede ni ver a los hombrecillos en pantalón corto mientras otro de ellos daría todo por estar en el campo de juego.

Saludos.

La Belle Dame Sans Merci dijo...

Isi: ¡Jo, que yo soy muy maja con los clientes, que no sé qué fama me estoy creando! Es más, soy super, super maja. ^^ Sobre estas pequeñas manías del homo libris suelo hacer bromas con los clientes cuando me dicen eso de "esto, no tendrás otro ejemplar, es que éste tiene una esquina algo chafadilla" y yo les digo que claro, que a mí me pasa lo mismo y que les entiendo. Se relajan mucho. XD
Y lo de mi Byron sin bigotes... es que es tremendo. También se quemó la patita en la vitrocerámica cuando debió pensar "¡Uy, qué guay! ¡Suelo rojo!" O el día que lo llevé al veterinario (le encanta), se salió de la consulta y decidió lanzarse contra un pastor alemán para jugar porque debió creer que era un gato grande. ¡Menos mal que el perro convivía con cuatro felinos y era un encanto! Cuántas historias... XD

Homo Libris: La vuelta al trabajo ha sido estupenda. Encima como ya estamos casi todos, le hemos dado un repaso a la librería y ya parece otra: ahora sí que compraría libros en ella. ^^ Y que conste que yo no raptaría a Viggo: serían mis amigas. Yo me contento con una foto y un autógrafo. ¿Le parecería extraño firmarme un ejemplar de El Señor de los Anillos? ;)

Y respecto a los gustos lectores en pareja, puede que no sea lo principal, pero a mí me parece importante. Mi chico lee también muchísimo y solemos sentarnos juntos a leer todos los días, nos robamos libros mutuamente, etc. :)

¡Un abrazo a todos!

Homo libris dijo...

Alienor, me alegra que el regreso al trabajo haya sido tan agradable y fructífero :D Ahora sí que daría gusto ir a comprar a la librería y ser atendido por alguno de tus compañeros :P Que sí, imagino que por ti también. Si nadie dice que seas malvada con los clientes; lo único, que sería divertida una broma la que proponía ^^.

En cuanto a los amigos felinos, los nuestros (de momento) han respetado la vitrocerámica. Eso sí, no sabes la envidia que me da tu Byron. En la última visita al veterinario Lupi lió la de San Quintín. Comenzó a bufar como un loco al ver unos perros (en la visita anterior, al ver a otro gato), y formó una que hasta la veterinaria se planteó sedarlo. Finalmente todo se resolvió con un rápido pinchazo, un ligero bocado en mi mano que no hizo que la sangre llegara al río, ya que el pobre no tiene dientes por un vuelo que hizo desde un 4º piso en Barcelona (en casa de su anterior dueño, que nos lo dejó tras partir a Australia). En fin, un espectáculo digno de los documentales africanos de National Geographic XD.

Y es cierto, compartir gustos (por la lectura, el fútbol o por cualquier otra afición) no es estrictamente necesario en una pareja, pero sí aporta mucho a la vida en común. No por ello hay que llegar a la separación, ni tampoco es garantía de éxito. Simplemente, es un pequeño tanto a favor :)

Si no secuestras a Viggo, creo que no tomaría a mal lo de la firma y la fotografía. Pero es algo que deberías preguntarle a él, sin duda. Lo que sí haría yo, en ese caso, es despedirme con un "Namárië" XD

Saludos.

Isi dijo...

Uy Alienor (y todos, vamos que hoy estamos de tertulia, jaja): yo le envié una carta a Viggo y me contestó con un autógrafo, así que no creo que le importe en absoluto.

Lo de los gatitos, menudo peligro. Yo tuve uno que una mañana, me doy cuenta de que el gato no está (vivo en un segundo y mis ventanas dan a un patio interior), y la puerta de la terraza la dejé abierta. Por supuesto el gato está en el patio. Llamo a todas las vecinas del primero y el gato está en un rinconcito y no se mueve -estaba asustadín el pobre-. Al final cojo cinturones, correas que tenía del perro, etc etc y bajo el trasportín hasta el patio desde mi ventana, ¡¡y el gato se mete!! y le conseguí subir así. Os lo juro de verdad. Es que la vecina de debajo de mí no estaba, y el rescate fue seguido en vivo y en directo por muchos vecinos del patio interior. ¡¡Qué historias!!

El gato que tenía mi abuela una vez se metió en el horno, como estaba calentito... pero afortunadamente mi abuela se dio cuenta a tiempo...

Y en cuanto al tema de la librería de Alienor, a ver si me identificas con un tipo concreto de cliente: soy tan tímida que sólo me quedo en el mostrador y pregunto por el libro que me interesa, sin atreverme casi nunca a mirar y ojear los demás libros... Es que me da vergüenza que me pregunten si quiero algo y decir que no, que sólo estoy mirando... Es que soy un flan de nervios!

Homo libris dijo...

Isi, no me puedo creer lo del rescate. Es decir: que te creo, sí, pero que me parece increíble, je, je. Podrías haberlo grabado, sería un reportaje merecedor de estar en algún "Comunidad Directo" televisivo :)

Ahora, el de tu abuela... ufffff, ¡qué miedo! La que se podría haber liado.

En cuanto al tipo de cliente, pero mujer, cómo dices eso. Mira que yo soy muy mío, bastante introvertido hasta que conozco a la gente, pero con los libros me desato. Puedo pasarme horas pegado a las estanterías mirando uno tras otro. Lo que sí me da coraje, ves, es que se me acerquen preguntando nada más llegar si quiero algo. Y vuelvan una y otra vez cuando estoy simplemente echando un ojo. ¡Que si quiero o necesito algo yo les preguntaré! Para eso tengo boca, digo yo :)

Ah, que conste que no soy un borde. Otra cosa es si el librero se acerca, ve lo que estoy mirando y me sugiere algo. O si le pregunto por algún libro en concreto y se inicia un debate sobre tal o cual autor. Eso me encanta, y sin duda marca mi relación con el librero y la librería, que automáticamente sube infinitos puestos hasta estar entre mis preferidas de la ciudad en la que esté ;)

Y bueno, os pongo té, café y unas pastitas, porque está visto que la entrada ha dado de sí como para convertirse en lugar de tertulia :D

Saludotes.

@scen dijo...

Hola a todos. Veo con gusto que los Homo Libris no sólo no somos una especie en extinción sino que nos multiplicamos con facilidad.
Yo además de identificarme casi por completo con todos vosotros os diré que:

No me gusta prestar libros, pero tampoco me gusta que me los presten. Si alguien me habla bien de un libro hasta el punto de desear leerlo, prefiero comprarlo. Alguna vez que me han dejado algún libro (me parece de mal gusto recharzarlo abiertamente cuando insisten en ello) y me ha gustado, después de devolverlo he tenido que ir a comprarlo, porque me gusta tener, tocar, oler, mirar e incluso, a veces, volver a leer aquellos libros que me gustaron. El deseo de posesión de los libros es un efecto secundario de esta enfermedad llamada bibliofilia.

No me gustan mucho los libros encuadernados en rústica, pues se estropean con más facilidad y sufro mucho cuando los veo en mal estado. No obstante, y por motivos económicos que comprenderéis, tengo muchos. Me gusta comprar los libros en el Círculo de Lectores pues tiene una buena encuadernación y no son demasiado caros.

Nunca abro los libros más de 90º para leerlos, para que no se estropeen.

Me gusta utilizar marcadores atípicos según el momento, desde tickets de compra, entradas de cine, fotos, a recortes de periódico sobre el propio libro: Adoro reencontrarlos al cabo de los años.

Me encanta leer con ruido. También leo en silencio, pero casi siempre que leo tengo la televisión de fondo. Lo que hasta ahora no he conseguido es leer y escuchar lo que me dicen mis hijos, que parece que esperan a que esté leyendo para contarme algo "muy importante".

¡Ah!, y nunca leo mientras como. Por dos razones, la primera por miedo a mancharlos y la segunda porque me encanta charlar durante y después de la comida.

Mi marido es un buen lector, lo que hace que nuestras "peleas" por los libros sean mínimas, aunque por ejemplo, a mí no me gusta forrar los libros y a él sí, a mí me gusta leerlos con las cubiertas puestas y él se las quita... etc. Peccata minuta.

Y estoy bastante orgullosa de que mis hijos sean buenos lectores. Aún recuerdo con orgullo, como llamaban la atención cuando eran pequeñitos e iban con sus "libracos" casi más grande que ellos, como en una ocasión en que estabamos en la sala de espera de un hospital y ellos, con 10 y 7 años respectivamente, eran el centro de atención y motivo de comentarios de todos los allí presentes por lo formales y concentrados que estaban en sus lecturas. No puedo evitarlo. Amor y orgullo de madre. :)

Es normal que con todas las manías que tenemos los Homo Libris no seamos proclives a prestar libros, pues si el receptor del libro no pertenece a nuestra especie no nos va a entender y no va a cuidar a nuestra criatura como se merece.
Un libro no es una revista ni un folleto promocional de un comercio.

Es sólo por eso por lo que no queremos prestar, pues sin embargo nos gusta compartir nuestras impresiones y pareceres sobre las lecturas. Si te gusta un libro, querrías que todo el mundo lo leyera para poder comentar.

Besos.

Isi dijo...

Bueno, no te he contado que al principio del rescate le bajé el cubo de la fregona a ver si se metía... pero como que no lo identificaba bien; lo intenté metiendo wiskas en el cubo y tampoco, pero luego con el trasportín fue todo un acierto! (sólo te había contado la versión exitosa). Si ves cómo maullaba el pobre desde el patio, mirando para mi ventana.

De aquella vivía con mi exnovio (fuente de todos los cinturones que utilicé para el rescate) y al pobre le dio tanta rabia que se hubiera marchado el gato, que cuando le conseguí subir, como castigo le tocó darse un buen baño muyyyy largo ¡¡le echó jabón dos veces!! Creo que le dolió en plan "infidelidad gatuna" o algo así. Yo me partía de risa.

Pues yo soy super tímida y casi no me atrevo a tocar nada en ningún sitio por si lo tiro o algo. Te juro que hasta me pongo a sudar de nervios! jajaa, si es que mira que soy boba!

AD dijo...

He disfrutado tanto el post como los comentarios: todos al desnudo! Cada uno con manías y orgullosos de ellas! esto ha sido genial, pertenecemos a una raza humana que muchos creen perdida y que sin embargo queda demostrado que vive y se reproduce entre páginas marcadas y olores peculiares.
En lo particular, solo algo nuevo, porque como todos me identifico mucho con tus costumbres. Y es que me gusta rectificar los errores de imprenta y cazar gazapos, esos no los perdono, le hago una anotación al margen y me enorgullezco como si no supiera bien yo que cualquier humano se equivoca, poco me falta para poner mi nombre al lado como una descubridora científica, jeje.
Siempre eres elocuente y sabio, ¿qué nos espera en el futuro?
AD.

Homo libris dijo...

Ascen, veo que nos vamos multiplicando por momentos :D Encima, sacas a la luz algunas de mis manías más particulares. La de abrir los libros un máximo de 90º es algo que comparto, aunque el “aperturismo” ha ido al alza con el tiempo. Hace años creo que de los 60º no pasaba, y hoy día puedo llegar hasta unos 140º, aproximadamente, según sea la encuadernación del libro. Los encuadernados en rústica toleran menos esta apertura, aunque me sorprende la resistencia de algunos “bolsilibros” que han pasado por infinidad de manos, generalmente con poco cuidado, y aun tratándose de ediciones económicas aguantan el trato abusivo de una forma encomiable. También me gustan mucho las encuadernaciones de los libros de Círculo: son buenos, bonitos y baratos. En cuanto al orgullo de madre, te entiendo perfectamente. Nada me da más miedo que, cuando llegue el día de tener descendencia, mi prole no ame los libros o la naturaleza (lo que dejemos de ella :( ) como su padre.

Isi, ya sí que me dejas muerto :D Con Lupi no habría funcionado ni lo del transportín, porque lo odia a muerte. Si quieres que el gato desaparezca basta con sacarlo a la luz. Ahora, que llegas a rescagar al gato con el cubo de la fregona, y eso sí que creo que merecería una fotografía de recuerdo :) Sobre la timidez, fíjate que jamás lo habría pensado de ti (es una tontería, al fin y al cabo, porque apenas nos conocemos entre nosotros por los comentarios de los blogs, pero no sé…), aunque no tiene que ser necesariamente malo. Así no lías la que yo el otro día en el supermercado, cuando me emocioné al ver unas Voll-Damm, cerveza que no he probado en años aunque me encantaba porque Damm trabajaba con transgénicos y sólo en la última guía de Greenpeace ha salido de la lista roja, y al coger la lata se me cayó otra encima de las que había en los palés del suelo y se desató una reacción en cadena un tanto… embarazosa XD

Ade, a mí también me ha encantado escribir la entrada, sobre todo por lo que hemos descubierto unos de otros y es que “al final, después de todo, no somos tan distintos”. Me encanta lo que nos dices, del descubrimiento de erratas y gazapos, y me recuerdas a una personilla que tengo aquí cerca, estudiando, y cada vez que encuentra un error en el libro de texto le da un azote al autor :D

Besos.

lammermoor dijo...

Perdonadme, pero entre los bigotes quemados de Byron, el rescate del gato de Isi y el "gato al horno" de su abuela me ha dado la risa. Me acordé además de una vez que para "secar" un pollito que se había empapado en un estanque decidimos meterlo en el horno después de encenderlo. Menos mal que llegó mi madre al rescat.
En cuanto a lo de compartir el amor por la lectura con tu pareja, coincido con Carmina. Es más, alguna vez me planteé como era posible que los "yonquis" de los libros dieran con gente que no le gustaba demasiado leer.

Homo libris dijo...

Lammermoor, los pobres animalitos deberían estar en un altar por santos y por tolerar nuestro trato, je, je.

En cuanto a cómo terminan los devoradores de libros con gente a la que no le gusta leer... Bueno, es mera estadística. En un país como el nuestro creo que es eso, o quedarse sin pareja XD Afortunadamente, algunos sí que hemos conseguido encontrar a otro Homo libris, pero insisto en que no es algo fundalmental en la pareja, aunque siempre resulta enriquecedor. Lo que sí es vital es la comprensión y el saber ponerse en el lugar del otro.

Saludotes :)

Carmina dijo...

Y vaya si nos multiplicamos, yo esa mania de abrir poco los libros tambien la tengo, pero es que mis ejemplares estan como recien salidos de la libreria de tanto que los cuido, le cogi prestado a mi hermana un libro que ella no habia leido y cuando se lo devolvi me dijo que no te has atrevido con el eh.... y le digo como que no, mira mis apuntes, lo he leido y lo he reseñado en papel a la espera de tener tiempo para poner la reseña electronica y el libro esta como el dia en que lo sacaste de la libreria... por eso dejar libros me cuesta tanto, no me los devuelven igual, pero no me queda mas remedio.