viernes, 25 de septiembre de 2009

¡Fuego! ¡Fuego!

El otro día, tratando el tema de los enemigos que pueden dañar, e incluso destruir, a nuestros amigos los libros, nuestros amigos R. y Ardaleth mencionaban la posibilidad de tener en casa un pequeño extintor para sofocar algún pequeño incendio que, de producirse en casa, podría llegar a destruir nuestra biblioteca.

Lo cierto es que cuando me estuve planteando la entrada sobre los posibles enemigos de nuestros amigos de papel no lo hice desde una perspectiva catastrofista, sino reseñando alguno de los inclementes peligros que acechan a toda biblioteca. Ni terremotos (menuda experiencia la que compartió con nosotros R.), ni inundaciones (de humedad sí que hablábamos, pero no en este grado de saturación acuática), ni otros desastres de esta magnitud. Al mencionar la posibilidad de incendios, pensé en escribir esta entrada. Porque, ¿qué mayor peligro para los libros y los delicados materiales que los componen que el del fuego?

Si nos remontamos siglos atrás en la Historia se nos aparecerá, sin duda, la imagen de la Biblioteca de Alejandría. Aunque sus maravillosos tesoros no se hubiesen visto afectados por el incendio de la ciudad en el año 48 a. C., que un error filológico llevase a Plutarco de Queronea a mencionar que el fuego se extendió hasta devastar aquella, continente y contenido, nos hace recordarla aquí en primer lugar.

No es el fuego el único peligro que corren las bibliotecas, y a lo largo de los siglos han sido devastadas por incendios e inundaciones, expoliadas por saqueadores, destruidas por bombardeos… Sin embargo, dando un salto al plano literario, lo cierto es que cabría ver en el fuego un elemento metafórico; cuando los libros arden se pierde la cultura, la memoria de los pueblos. Nos vemos sumidos en la barbarie y la ignorancia cuando un patrimonio así llega a perderse. No hay peor castigo para un pueblo que hacer desaparecer su pasado. La memoria de los hombres es fútil, tenemos que apoyarnos en los libros para que lo importante persista.

A poco que lo pensemos, son numerosas las referencias dentro de la literatura a este tipo de hechos. Desde el mismísimo Quijote, que pierde la biblioteca que le llevó a su lúcido estado de locura a instancias del ama, y gracias a las conspiradoras manos del cura y del barbero, hasta la borgiana biblioteca de El nombre de la rosa que sufre los efectos del fuego, en muchas obras literarias se presenta el fuego como elemento purificador, capaz de llevarnos al lejano estadio virginal del desconocimiento, que no ha de ser (de hecho, no creo que lo sea) el ideal.

Uno de los libros que más puede marcarnos en relación a esto que comento es Fahrenheit 451, la genial novela distópica de Ray Bradbury, repleta de elementos metafóricos. Los hombres-libro, los bomberos incendiarios que destruyen sistemáticamente cuanto libro se les presente por delante. En la sociedad que nos describe el libro se considera que leer es malo, porque genera angustia, hace a los hombres distintos los unos de los otros, dándoles capacidad de criterio propio. Montag, uno de estos bomberos sufre una fuerte impresión al contemplar a una anciana que se inmola, prendiendo fuego a su casa y pertenencias, antes de perder sus libros. Este será el punto de partida para que nuestro protagonista intente comprender la motivación que lleva a estas personas a anteponer sus vidas a la pérdida de sus libros.

También contamos entre nuestras letras con un singular libro sobre la quema de libros, en particular durante periodos de guerra y represión. Se trata de Los libros arden mal, del gallego Manuel Rivas. Rivas, que es uno de mis autores preferidos, del que me encanta su prosa especialmente musical. En él, encontramos una mezcla de cuentos se van entretejiendo en una obra singular que abarca casi un siglo entre sus poco más de seiscientas páginas, y que hace especial hincapié en la Guerra Civil y la posguerra, donde se produjeron numerosas quemas de libros en Galicia. Como ya ocurriera en Berlín en 1933, quienes arrojaron a las llamas del olvido los libros del pueblo no fueron gente ignorante. Sabían muy buen lo que se hacían. Os invito a descubrir este libro, si no lo conocíais ya, y a disfrutar con las palabras de Rivas. Y también a concederme la gracia de las vuestras, opinando sobre los incendios, la destrucción de libros y el papel que les otorgáis dentro de la Cultura.

Os deseo una feliz (a la par que cuidadosa) lectura junto a una chimenea. Al menos, en cuanto empiece a refrescar un poco más la temperatura. ;)

27 comentarios :

La Belle Dame Sans Merci dijo...

¡Qué entrada tan hermosa y reflexiva te acabas de cascar! Me encantaría poder leer al lado de una chimenea, pero los únicos riesgos que he corrido hasta ahora con la lectura y el fuego han sido leer con velas y leer mientras tomaba un buen baño de sales minerales... con velas, claro. XD

Estoy totalmente de acuerdo en lo que dices de que la destrucción de libros destruye la cultura de un pueblo. Siempre recordaré con sufrimiento el decreto de Hitler de eliminar todos los libros de Stefan Zweig (bueno, y más). O la escena de "Los girasoles ciegos", en la que Javier Cámara repasa con tristeza sus libros ahora prohibidos por el régimen franquista. ¿Cuál era el que tenía firmado? ¿Uno de Lorca? Ahora no lo recuerdo, pero en fin, me puso los pelos como escarpias.

Tu comentario sobre Bradbury me ha recordado a un cuento suyo, ambientado en un futuro cercano desolador y apocalíptico, en el que cada cierto tiempo se sucede el ritual de destruir un recuerdo del pasado. En el cuento se destroza el cuadro de la Mona Lisa y un niño pequeño guarda a escondidas el trozo de lienzo de su sonrisa como recuerdo de la belleza. ¡Qué desolador!

Y, por último, otro apunte cinematográfico. ¿Has visto esa maravillosa película de culto llamada "Equilibrium"? Protagonizada por mis Christian Bale y Sean Bean. Más de lo mismo: un futuro gobernado por un régimen autoritario en el que está prohibido leer. La escena de Sean leyendo a escondidas a Yeats la tengo grabada a fuego.

¡Un saludo!

Elwen dijo...

No sé cómo lo haces pero tus posts siempre generan unos debates que alcanzan dimensiones insospechadas. Este me lo había perdido pero ¡qué tremendistas! jajaja

Vale, confieso que más de una vez he pensado en un incendio en casa y sinceramente después de mí, mi prioridad no son los libros sino las fotos. En mi plan de fuga cierro puertas y ventanas y salgo con los albums bajo el brazo xDD (Estoy pa' que me encierren)

Ardaleth dijo...

Dicen que quien empieza quemando libros, termina quemando a las personas...

Aparte de Alejandría, a mí me siguen doliendo episodios como la quema de libros que llevó a cabo el primer emperador chino, la deliberada masacre de códices mayas (obra del diablo, decían) por parte de los monjes españoles, la destrucción de las bibliotecas de Dresde o Sarajevo... pobres libros!

Ay, Los libros arden mal... lo tengo pendiente en la estantería. Gracias por recordármelo, le sacaré el polvo!

Saludos!

Último Íbero dijo...

Cualquier régimen totalitario genera, por su propia naturaleza, un listado de libros prohibidos. Que luego monten unas fallas en la plaza pública es ya cuestión de estética y propaganda.

Tanto da si los queman como si los prohíben, el resultado es el mismo: cercenar una parte del pensamiento que no es de su agrado.

Hoy en día creemos estar a salvo de esos holocaustos en nuestras sociedades democráticas y abiertas, pero ¿no estamos constantemente sometidos a una especie de "quema de libros" mental bajo esa terrible imposición que es "lo políticamente correcto"?

Recomiendo con fervor la lectura de los pasajes que Victor Hugo dedica al tema de la temporalidad de los libros frente la eternidad de la piedra en Nuestra señora de París.

loquemeahorro dijo...

La escena de la quema de libros, incluso cuando se trata solo de ficción, me produce un gran desasiego, por motivos que has explicado perfectamente.

Ah, gracias por lo del libro de Stevenson (aunque sea de otro "hilo")

pd. Yo todavía estoy dándole vueltas a lo del terremoto de R

lammermoor dijo...

Homo libris, los libros siempre fueron "instrumentos diabólicos"; no necesariamente fue necesario quemarlos.El régimen estalinista se dedicó a encarcelar y purgar a un montón de escritores ( véase los libros de Shentalisky)
Tanto miedo como los libros dan los documentos (aquí sale mí otro yo). De hecho, durante la revolución del 34 en Asturias y luego durante la guerra civil fueron muchísimos los archivos y los documentos quemados.
Y tras el final de la guerra hubo muchos maestros que quemaron todo lo que acreditara que lo habían sido.
El libro de Rivas lleva tiempo tentándome. Habrá que hacerle un hueco.

Anónimo dijo...

Bonita entrada que nos hace reflexionar profundamente. Los libros siempre han sido perseguidos por dictadores y personajes de catadura peligrosa.
Me viene al recuerdo un pequeño libro "A la sombra del granado" de Tariq Alí: allí también cuenta la quema de libros maravillosos de los musulmanes que vivían en Granada por orden del Cardenal Cisneros.
Un saludo
Teresa

Homo libris dijo...

Alienor, mientras tengas cuidado con las velas y procures no derribarlas (o que algún felino lo haga por ti) sobre el libro que estés leyendo, no creo que exista un riesgo real que ponga en peligro tu existencia o la de tu biblioteca. :)

La verdad es que no recuerdo nada de un libro firmado en Los girasoles ciegos, pero es probable que sea porque en la novela no aparecía. No vi la adaptación cinematográfica, así que es posible que se trate de un añadido (a ver si alguien nos lo confirma, porque no tengo el libro a mano, debe andar sepultado en algún lugar de la casa, si es que no está en Granada).

¡Ay, las quemas de libros! Las de la Alemania nazi son muy sonadas, pero fueron muchas más, claro. Ahora tocaremos este tema, con el resto de participantes en nuestra particular tertulia. ;)

Y no, no he visto "Equilibrium", pero entre tu recomendación y lo que he estado leyendo sobre ella, no dudes que caerá en unos días, en cuanto tenga oportunidad de encontrarla.

El cuento de Bradbury era de Cuentos espaciales si mal no recuerdo, ¿verdad? De ese libro recuerdo también el cuento "Ven a mi sótano", que leí por primera vez en un Isaac Asimov Magazine (que de hecho encontré en casa no hará mucho, cuando anduve por Granada en verano reorganizando un poco la biblioteca :)).

¡Cuantos recuerdos!

Elwen, calla, calla, que ahora ando metiéndome en camisas de once varas por otros lares, y si no que te cuente Ricardo, nuestro querido Guisante. Mucho me temo que los debates que allí se generen puedan ser de carácter más pendenciero... ¡aunque espero que la sangre no llegue al río! :)

Por cierto, en tu plan de fuga... ¿te llevas los álbumes de fotos? ¿El portátil? Ahora que lo dices, una copia de seguridad en Picassa o Flickr (siempre que puedan ser publicadas así, claro está) con un álbum con contraseña creo que puede ser una interesante opción ante semejante desastre. :S

Homo libris dijo...

Ardaleth, lo dicen y mucho me temo que es completamente cierto, por desgracia.

Cualquier quema de libros, como cualquier represión de la libertad de los pueblos, es algo terrible. La de Alemania, como comentaba antes, es de las más sonadas, pero no la única, claro está.

Si te pones con el libro de Rivas, verás como te encanta (creo y espero :D).

Señor Último Íbero, he de coincidir con usted. La quema de libros es la expresión manifiesta de la barbarie, una herramienta propagandística como cualquier otra. Pero precisamente por eso, por ser la manifestación plástica de aquella, resulta tan terrible. En tanto haya represión y censura, mientras unos pocos decidan lo que debe leer, aprender, debatir o pensar la mayoría, los libros estarán "siendo quemados".

Hoy día, más que nunca, estamos bajo el yugo de lo políticamente correcto, sometidos al panóptico en que gobiernos y empresas quieren hacernos vivir.

Aún más terrible que la quema de libros es la "ceguera", el borrado de las habilidades lectoras. Bien sea por la alienación a que nos someten los poderes mediáticos, bien por la desastrosa educación a que sometemos a nuestros jóvenes, cada vez se piensa menos y se actúa peor...

Bueno, lo dejaré porque el tema me enciende (nunca mejor dicho :D), y recuperaré Nuestra Señora de París de la estantería :)

¡Un abrazo!

Homo libris dijo...

Loque, la verdad es que es un tema que da miedo sólo con pensarlo. Y lo del terremoto de R., o cualquier otro que pudiera producirse... ¡nuestros pobres libros! No sé qué haría sin ellos.

Por cierto, del de Stevenson no dejes de contarme qué te pareció si te haces con él. Ya te digo que me divirtió mucho en su día, e incluso había pensado releerlo algún día de estos.

Lammermoor, todo aquello que estimule la mente, que haga pensar y cuestionarse quiénes somos y cómo vivimos constituirá un problema para aquellos que deseen gobernar bajo la única dirección de su mando.

Como bien recuerdas, quien dice libros habla de documentos, fotografías y todo aquello que pueda recordarnos que hay otra forma de existir.

El libro de Rivas te gustará, seguro. Por tu trabajo, por lo cercano que es a lo que nos cuentas sobre lo ocurrido en Asturias en el primer tercio del siglo pasado y, posteriormente, durante la Guerra Civil, y porque Manolo es uno de los grandes de nuestras letras.

Teresa, gracias por tus palabras. Como venimos diciendo, los libros son el mejor estímulo para la mente (aunque hay obras que vienen a afirmar casi, casi, lo contrario), y esto es lo que menos puede interesarle a quienes desean domeñar a cualquier población.

No he leído el libro de Tariq Ali, así que me lo apunto desde ya :)

¡Gracias por la recomendación!

bibliobulimica dijo...

también están todos los libros que quemaron los españoles de los árabes atrasando mucho el campo de la medicina, matemáticas y otras ciencias...en fin, que como decía Oliver Wendell Holmes “Lo mejor del libro no es el pensamiento que contiene, sino el pensamiento que sugiere; así como el encanto de la música no está en los tonos sino en el eco de nuestro corazón”...es ese pensamiento que sugieren las lecturas lo que desea desaparecerse...

Interesante entrada, da mucho que pensar...
Un abrazo,
Ale.

Fulgida dijo...

¡Qué casualidad! Ayer estuve sopesando si comprar "Si mi biblioteca ardiera esta noche" de A. Huxley. Como estoy pillada de tiempo, lo he puesto en la lista y volvió (con pena) al estante de la librería.
Yo estuve este julio pasado en Berlin y pude ver el monumento en recuerdo de la quema de libros que llevaron a cabo los nazis. Es muy representativo: un ventanal en el suelo muestra largas hileras de blancas estanterías vacías.
La palabra escrita es peligrosa, porque tiene el poder de llenar las mentes; de ahí que algunos pueblos la considerasen mágica o que se prohibiera la alfabetización de los esclavos. O que se quemen libros. Para mantener las mentes, como esos estantes blancos, vacías.
F.

lahierbaroja dijo...

Felicidades por la entrada, muy interesante...

Anoto el libro de Manuel Rivas.

@scen dijo...

El fuego es algo terrible, pero yo tampoco sería lo primero que salvara. A pesar de lo mucho que los quiero creo que el tiempo que puedes tener para salvar algo del incendio impide salvar los libros. Como oí decir a alguien "Primero lo urgente y luego lo importante".

Mucho peor que un incendio de una biblioteca personal es impedir el acceso a los libros a todo un pueblo.

En cuanto a los Girasoles Ciegos, yo tampoco recuerdo qué libro tenía firmado Javier Cámara, pero creo que era un detalle sólo de la película. En el libro me parece que no sale.

Besos.

Eva dijo...

Siempre he pensado que si a alguien le diera por quemar mi biblioteca tendría mucho trabajo, no sólo por el volumen de ella si no por la hetereogeneidad que presenta: libros rojos, libros azules, libros negros, libros de paz, libros de guerra, libros de odio, libros de amor...Supongo que la quemaría entera para no dejarse la única neurona existente en su cerebro pensando en cuales son dañinos al hombre y cuales no.

Homo libris dijo...

Ale, exactamente, libros que fueron destruidos sumiéndonos en una oscura y larga noche llamada Edad Media. Ahí si que fue importante la labor de copistas y bibliotecarios que guardaron (aunque no propiciaron su difusión) en monasterios de gruesos muros. El nombre de la rosa (nunca me cansaré de recomendar esta novela) lo refleja magistralmente.

Por cierto, me encanta la cita que nos regalas de Wendell Holmes. Es cierto que destruyendo libros no se destruye únicamente el conocimiento que encierran, sino la capacidad de cuestionarlo. De reflexionar y pensar por cuenta propia. He ahí el peligro que encierran para quienes desean controlar el ánimo de las naciones.

Fulgida, con Huxley tengo pendiente una relectura de su Un mundo feliz, esta vez en inglés, y aventurarme en Brave New World revisited, al que le tengo muchísimas ganas desde que Azote lo descubriera en una librería de viejo. Según sean los instintos criminales que me despierte para con nuestra propia especie, lo traeré por aquí o lo llevaré a trotar unas cuantas lomas hasta calmarme, jeje.

El monumento de Berlín debe de resultar realmente impactante. Creo que describes a la perfección su significado: no se trata únicamente de las baldas físicas vacías, sino de las mentes. Cuando dicen de alguien que “no tiene la cabeza muy bien amueblada” creo que se refieren particularmente a las estanterías repletas de libros :)

Sin duda, es más fácil controlar a alguien que no es capaz de leer, que no sabe buscar ni indagar en cuáles son sus derechos, que a alguien que reflexiona y se cuestiona las decisiones de los poderosos.

Lahierbaroja, espero que el libro de Rivas te guste. Da pie al pensamiento constructivo en torno a todo lo que estamos hablando :)

Ascen, yo creo que alguno sí que salvaría... Es cierto que después podrás buscarlos de nuevo, si sales con vida, pero hay alguno que otro libro (por lo vivido con él) cuya pérdida creo que sería demasiado dolorosa :)

Tal y como pensaba, el detalle del libro de Javier Cámara es únicamente de la película. Es que no recordaba nada así del libro (que, por cierto, os recomiendo aunque hayáis visto la película, a quienes no lo leísteis).

Eva, si alguien quiere destruir una biblioteca, creo que optaría como dices, por incendiarla entera (máxime cuando sería una persona mono-neuronal, como bien dices, jeje). Creo que hasta el libro más “inocente” puede ser el germen del pensamiento, de la reflexión. Por ejemplo, en la época de la dictadura resulta claro que los libros de texto se centraban en el enaltecimiento de los valores propugnados por el franquismo. Sin embargo, el que se plasmaran ahí ya permitía, a poco que alguien fuese reflexivo, ponerlos en tela de juicio. Además (y que no se me queme por ello), creo que estaban muchísimo mejor escritos, redactados y presentados que los de hoy día, con toda la didáctica que puedan llevar detrás. Posiblemente con el engolamiento que tenían esos textos, se intentaba adornar una cruel realidad, pero sin duda dotaron de una riqueza de léxico y expresión a los niños de la época que, hoy día, se está perdiendo. Y bueno, si sabes usar la herramienta, siempre podrás buscar otra que cumpla mejor con tus expectativas. Y si aprendiste cómo intenta maquillarse la realidad para adoctrinar a los jóvenes, siempre podrás usar la misma arma para contar lo que sucede y despistar a la censura :)

¡Un abrazo!

Leara dijo...

llevo muchísimo tiempo detrás de Fahrenheit 451, pero por una cosa u otra nunca me lo llego a empezar.

NO lo sé, por ahí Elwen dice que sus álbumes... pero yo lo primero son mi perro y mis libros. No sé, es lo que más mío considero y son especiales para mí. Suelo ser superdescuidada con las cosas, pmenos con los libros que son los mimados de mi casa.

Último Íbero dijo...

Me gustaría hacer una pequeña apostilla a la idea expuesta por Ale sobre la quema de libros "árabes" por los españoles.

Esta afirmación es ún tópico como la copa de un pino además de que creo que mezcla las quemas en Ámérica (ya citadas por Ardaleth y existentes, para desgracia de la humanidad) con la reconquista peninsular y la alargada sombra de la Inquisición.

De hecho, hasta dónde yo se, en la Edad Media la vía "occidental" de reintroducción de Aristóteles, otros clásicos perdidos, los conocimientos matemáticos hindo-árabes, etc, fue precisamente la permeable frontera cultural hispano-musulmana. Y no por que los cristianos quemasen las bibliotecas musulmanas sino, precisamente, porque se comenzó una labor de traducción y copia que permitió el paulatino "re-descubrimiento" de algunos de los pilares de la cultura greco-latina.

De hecho, es sumamente interesante como esa reintroducción por vía musulmana sirvió para reconfigurar la estructura política europea y, sobre todo, la cultural.

Seguro que en la reconquista hubo desastres, destrucciones y quemas aquí y allá. Pero, en ningún caso, fue un verdadero proyecto de "quema de libros" y "destrucción de conocimientos". Sería más, parafraseando la serie goyesca, "los desastres de la guerra".

Homo libris dijo...

Leara, te recomiendo vivamente que aproveches la próxima oportunidad de lectura que tengas para devorar Fahrenheit 451, pues estoy seguro de que te gustará.

En cuanto a la quema, por supuesto que delante de los libros irían mis Trotty y Harpagofito Nevermore (roedores), Obi Wan y Lupo Chigliak (felinos) y, de ocurrir en el hogar paterno, Thor, Rex y Lucas (nobles canes :D), pero puestos a salvo ellos, no dudaría en rescatar cuantos libros pudiera, especialmente aquellos a los que tenga mayor cariño :)

Saludos.

Homo libris dijo...

Último Íbero, sin duda la permeabilidad entre las culturas árabe, judía y cristiana permitió que muchas obras fuesen traducidas o replicadas, y no cayesen finalmente en el olvido.

Pero también es cierto (hasta donde yo sé, que alguien me saque del error si no es así) que la Inquisición llevó a cabo diversas purgas de libros (Torquemada promovió la quema de libros no cristianos alrededor de 1480, y diez años después contaba en su haber con más de 600 libros judíos arrojados a las llamas). Un número considerable, habida cuenta de cómo se replicaban por aquél entonces los libros.

Pero la cifra palidece frente a la quema de libros que mencionaba Ale. El cardenal Cisneros destruiría 5000 libros en una quema pública en Granada. Tal y como describiera Juan de Vallejo, amigo íntimo del cardenal, y notario:

"Para desarraigarles del todo de la sobredicha su perversa y mala secta, les mandó a los dichos alfaquís tomar todos sus alcoranes y todos los otros libros particulares, cuantos se pudieron haber, los cuales fueron más de 4 ó 5 mil volúmenes, entre grandes y pequeños, y hacer muy grandes fuegos y quemarlos todos; en que había entre ellos infinitos que las encuadernaciones que tenían de plata y otras cosas moriscas, puestas en ellos, valían 8 y 10 ducados, y otros de allí abajo. Y aunque algunos hacían mancilla para los tomar y aprovecharse de los pergaminos y papel y encuadernaciones, su señoría reverendísima mandó expresamente que no se tomase ni ninguno lo hiciese. Y así se quemaron todos, sin quedar memoria, como dicho es, excepto los libros de medicina, que había muchos y se hallaron, que éstos mandó que se quedasen; de los cuales su señoría mandó traer bien 30 ó 40 volúmenes de libros, y están hoy en día puestos en la librería de su insigne colegio y universidad de Alcalá, y otros muchos añafiles y trompeticas que están en la su iglesia de San Ildefonso, puestos, en memoria, donde su señoría reverendísima está sepultado."

Memorial de la vida de Fray Francisco Jiménez de Cisneros, ed. Antonio de la Torre y del Cerro (Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1913),

Alvar Gómez de Castro, discípulo de Cisneros, añadiría más adelante:

"Se reunieron cerca de cinco mil volúmenes, adornados con los palos de enrollar; los cuales eran también de plata y oro, sin contar su admirable labor artística. Estos volúmenes cautivaban ojos y ánimos de los espectadores. Pidieron a Jiménez que les regalase muchos de ellos; pero a nadie se le concedió nada. En una hoguera pública fueron quemados todos los volúmenes juntos, a excepción de algunos libros de Medicina, a la que aquella raza fue siempre y con gran provecho muy aficionada. Tales libros, librados de la quema por el mérito de arte tan saludable, se conservan actualmente en la Biblioteca de Alcalá. Hasta este momento había marchado realmente sobre ruedas el programa de nuestro Obispo."

De las hazañas de Francisco Jiménez de Cisneros, trad. José Oroz Reta (Madrid: Fundación Universitaria Española, 1984)

En este caso sí que creo que hubo premeditación y alevosía :), aunque muy posiblemente se perderían muchos más libros y conocimientos en las diversas batallas que se sucedieron durante siglos que en estos actos públicos.

Saludos.

Último Íbero dijo...

Ante todo pedir perdón proque releyendo mi propio mensaje me da la sensación de que me ha salido un tono un tanto agresivo y no era mi intención faltar al respeto ni parecer "el listillo" de turno.

Una duda, ¿Ale y Teresa son la misma persona? Es que son dos comentarios distintos los que hacen referencia al tema de quema de libros árabes por españoles, pero uno es "en general" (el de Ale) y el otro es particular al caso de Cisneros y Granada (Teresa).

Mi respuesta iba por el de Ale y no por el de Teresa.

Dicho esto, sí querría matizar que la quema orquestada y ordenada por el cardenal Cisneros (que paradójico en apariencia en el fundador de la universidad de Alcalá, ¿verdad?) fue consecuencia del fracaso de la política de "cristianización" de Granada puesta en marcha por fray Hernando de Talavera.

De ahí el ataque brutal contra los etxtos coránicos e islámicos pero la preservación de los "médicos".

Aclarado este caso, que no fue en ningún caso la norma durante toda la reconquista ni la Edad Media, sí que es cierto que esa quema por motivos "religiosos" (aunque más bien serían políticos, pero eso da para un debate largo y tendido) es tan execrable y culpable como las que ya hemos citado aquí.

Homo libris dijo...

Último Íbero, al menos a mí, tu mensaje no me ha parecido para nada agresivo ni que intentase hacerte pasar por "listillo" alguno, sino simplemente que intentaba aclarar un punto en concreto de los comentarios vertidos en el blog. Dicho esto, espero que el mío no os haya parecido tampoco el tipo de comentario que comentas :) Mi intención no era otra que hacer hincapié en esa quema (por cierto, yo sí que asocié el comentario sobre la quema y el de Cisneros a un único autor, aunque como dices fueron Ale (Bibliobulímica) y Teresa las autoras. Mea culpa, por haber escrito de memoria sin releer todos los comentarios.

En cualquier caso, lo que intentaba indicar en mi anterior aparición por aquí era que sí se habían producido quemas, aunque como dices no fue la tónica general. Es más, coincido en que posiblemente se perdieron más libros con las batallas de turno que con la quema de Cisneros, aunque fue a mi parecer tan representativa como la de Berlín, mucho más reciente.

Por otro lado, la larga convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes en la península y, en particular, en Andalucía, propició una prolongada "ósmosis cultural" que impregnó a unos y a otros incluso, diría, hasta nuestros días. Otra cosa es que la convivencia fuese todo lo pacífica e igualitaria que han intentado hacer ver en ocasiones (aquello de las "tres culturas" en hermandad y compaña...).

De todas formas, el tema da para un largo (y presumo que interesante) debate, como dices. Aquí, por lo que observo, podríais iluminarnos con facilidad tanto tú como Alienor (no sé si ambos por profesión), además de todos los interesantes aportes que podrían hacer los demás lectores del blog.

Como siempre digo, un blog es tan bueno como lo son sus lectores. Y lo ratifico: cada día estoy más contento y orgulloso de este "hijito" que me dio por iniciar un buen día.

Un cordial saludo.

maribel dijo...

Y yo sin extintor!!!
que magnifica entrada la que me encuentro hoy, como siempre llego al final, una suerte en este caso ya que los comentaristas me dejan una lista importante de libros y conocimientos, también de discusión histórica, (...como venga Roberto (no Ricardo, bueno al menos el Guisante que yo tengo al lado jajaja) se engancha seguro).

Es curioso que mientras te leía acudía a mi cabeza el libro de Rivas, si es que ya nos diriges el pensamiento ;-) , gracias por el resumen de Farenheit...

La destrucción de la cultura, de la huella del otro, de sus ideas, de su memoria , es una obsesión repetida una y otra vez.

Por añadir uno a vuestra lista; uno de los episodios mas infames es la llamada "Revolución cultural " china, donde no sólo se destruían los libros, todas las personas con algo de cultura eran enviadas al campo para su reeducación, a veces sólo por llevar gafas, tener algún estudio o poseer libros.
Ya he hablado otras veces de Balzac y la costurera china, que está ambientado en esta época.

Qué de títulos hay que anotar con esta entrada, me la voy a llevar, junto con los comentarios; en caso de incendio, al menos nos quedarían los blogs ;-)
Bravo Homolibris

Homo libris dijo...

¡Muy buenas, Maribel!

Cuando encuentres el extintor, me lo dejas un ratito que le de unos golpecitos al Google Reader. Acabo de volver de haceros una visita, porque me ha alertado hace nada de vuestra actualización… del viernes. En fin, lo mataría si pudiera :) Al otro Guisante, por cierto (a Roberto, en este caso), suelo cruzármelo últimamente trotando por ahí, por atajos y veredas, hacia particulares encrucijadas, jeje.

El libro de Rivas constituye una hermosa (aunque dura) reflexión en torno a la pérdida de la memoria colectiva y la destrucción de la cultura mediante la quema de libros (junto al simbolismo que encierra esta). Fahrenheit 451 es un libro más que recomendable, como os decía. En la entrada apenas esbocé el comienzo, y un poco de la idea que subyace tras el libro, que os sorprenderá sin duda cuando lo leáis.

Tomo buena nota de las lecturas que nos traes, y que complementan las ya sugeridas por otros compañeros. La Revolución cultural china, ciertamente, es otro triste ejemplo de la pérdida del conocimiento en aras de obtener el control sobre la población. Me apunto Balzac y la costurera china, del que tanto y tan bien habéis hablado (vuelve a aparecer en vuestra entrada más reciente :)). Sin duda, nuestro Plan Infinito crece a pasos agigantados. Pronto será un infinito más infinito, jeje.

Un abrazo.

bibliobulimica dijo...

Último Ibero:
Teresa y esta que escribe (Ale) somos personas distintas. Teresa lo hace desde España, y yo desde México.

Ciertamente que se aprende mucho visitandoles.
Gracias a todos,
Ale.

Jesús desde el Bibliófilo Enmascarado dijo...

Pues yo en caso de incendio, ni siquiera cogería las fotos como Elwen, (ni libros ni nada), cogería a mi familia y saldría pitando de allí echando lesches. Primero la vida, después ya veremos.
Al fin y al cabo una biblioteca particular se puede casi casi "recuperar", solo es cuestión de poder adquisitivo, pero hay otras cosas que ni el dinero puede solventar.
¡Joer qué trágico me he puesto!. Lo mejor será no vernos en esos trances.
Un saludo.

Homo libris dijo...

Bueno, Jesús, en un caso así por supuesto que estaría por delante de cualquier otra cosa la propia vida y la de la familia. Pero en un hipotético caso en el que no peligrasen aquellas, que creo que es el que nos hemos planteado todos, sí que intentaría salvar en lo posible mi biblioteca personal. Aunque los libros sean sustituibles, no lo son tanto las emociones que vinculamos a ellos :)

Un abrazo.