
Entre hombres y pájaros narra algunas de las vivencias de Narosky, y que van desde el despertar de su vocación naturalista hasta prácticamente su dedicación exclusiva a la preservación de lo natural. Narrado con sencillez, casi diría que con candor, sus aventuras me han recordado a las que Gerard Durrell dejó plasmadas en su "trilogía de Corfú" (Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses) o en cualquiera de sus otros libros de andanzas zoológicas, y es que resulta divertido, anecdótico y respira por los cuatro costados amor y pasión por lo que hace.
Cada vez que salía de vacaciones, que buscaba aislarme de la humareda humana, me encontraba contemplando de soslayo a mi mundo perdido, y eso me producía escozor. Sentía la falta e intentaba el reemplazado a tiendas.
En las playas dejaba tostándose al conglomerado humano y buscaba en las soledades el caracol multiforme, los trozos de algas cromáticas, el veteado canto rodado, el pececillo abandonado o el vuelo negriblanco de la gaviota. En las sierras caminaba sin rumbo, o quizá con rumbo a un edén olvidado. En los senderos de la campaña miraba con melancolía los nidos de hornero y leñatero que orgullosamente se mostraban en los postes, y que eran el único lazo visible con aquella etapa, con aquel momento de mi infancia que resumía una época.
Me encontré como un niño a quien se ha descubierto haciendo algo inconveniente por lo cual, sin embargo, no se lo va a castigar. Poco a poco el miedo al ridículo, por mi incipiente fascinación ornitológica, fue cediendo.
Me hallaba en una edad en que ya muchos hombres, aburguesados por la repetición de circunstancias y confiando en que la vida no oculta nada más agradable que un buen plato de ravioles o una película por televisión, abandonan sus búsquedas juveniles. Yo parecía querer volver al pasado y recomenzar. Era una aventura peligrosa.
Y es que, amigos, no sé si me pierde la pasión, si es más ésta que el contenido del libro que reseñaba, pero como os decía en un principio, me está encantando. Es difícil de conseguir, ya que fue publicado en 1978 en Buenos Aires y sólo he visto algunos ejemplares de segunda mano por Internet a un precio bastante elevado incluso en Argentina, país donde fue editado, pero si os interesa el tema os recomendaría leer a Durrell y, por supuesto, aprovechar el buen tiempo y salir al campo a primera hora, guía ornitológica en mano, para disfrutar de una naturaleza que deberíamos preservar. Por nuestro bien y el de quienes llegarán tras nosotros.
Os dejo, para finalizar, con un fragmento que me ha estremecido, ha hecho que se me erice la piel y un estremecimiento recorra mi espalda. Y en compañía de algunas fotografías que sacó hace poco Alberto, que tiene mejor mano que yo para esto en nuestra querida y escasamente valorada Dehesilla; como comprobaréis, tiene más secretos y hermosura de la que muchos saben ver en ella. Están presentes uno de sus barrancos, que aparece cruzado por un arroyuelo de aguas ligeramente salobres donde es fácil encontrar renacuajos de sapo corredor (Epidalea calamita), bordeado por una vegetación compuesta por juncos (Juncus sp.) y tarajes (Tamarix africana), una fotografía nocturna de un chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis) y un pollo de ratonero común (Buteo buteo) en su nido.
Feliz fin de semana.
Nos abrimos paso entre los nidos, que por su proximidad impedían el avance. Ya no nos hablábamos, cada uno vivía la aventura en su propio espíritu. El espectáculo me retrotrajo a épocas pretéritas, a aquellos tiempos en los que el hombre aún no había logrado mancillar la genuina virginidad de la naturaleza.
Mientras caminaba, mi mente vagó por los más insólitos senderos. Creo que me detuve en el futuro, porque la laguna, cuyas aguas en la realidad todavía mojaban mi cuerpo, había sido desecada y su suelo barroso, pulcramente asfaltado. En lugar de juncos y duraznillos blancos florecidos, mi pesadilla vislumbró allí un lujoso casino para servir a las necesidades de la ciudad de Azul, convertida en urbe millonaria. Imaginé una mesa de punto y banca, una ruleta y hombres y mujeres neurotizados por el juego. Enterrada entre los cimientos de la moderna obra, una vieja y olvidada civilización, una ciudad perdida de gaviotas, cuervillos, garzas y cisnes. Cientos de miles de animales muertos o imposibilitados de reproducirse jamás, al haberse eliminado el ambiente propicio para ello. Pero desde el punto de vista del hombre, en la construcción de ese casino “no hubo que lamentar víctimas”.
Sin transición volví a la actualidad. Ya los cansados resplandores del atardecer delineaban sombras tenues sobre el manto de terciopelo del bañado. Un chisporroteo rosa y carmín se había elevado sobre el cielo todavía azul. Las espátulas no nos quisieron dejar ir sin que grabáramos su presencia y la de sus nidos en el celuloide. Fue el fin de fiesta.
Todo era silencio. La hilera humana caminaba hacia la estrechez de su mundo, hacia la pequeñez de su egoísmo. A cuatro de sus representantes se les había permitido viajar hasta la irrealidad. Allí los animales les habían hablado. Eso no era difícil. Lo difícil resultaba hallar un lenguaje por el cual estos hombres pudieran comunicarse con sus hermanos y transmitirles su mensaje de amor y respeto por la vida.
Una tarea casi imposible, porque ese idioma no ha sido creado todavía.
3 comentarios:
Cómo se nota que el tema te apasiona. Yo, sin ser contraria a la educación y preservación medioambiental, no creo que pudiera sacarle tanto jugo al libro como se lo has sacado tú.
Sin embargo te animo, como dice ese extracto del libro, a que no pierdas tus inquietudes de la juventud, en el que el mayor placer consiste en explorar.
A mí lo que más me gusta es hacer excursiones por el monte, y suelo ir con mi padre con un grupo de compañeros de su trabajo, pero lo de observar pájaros (y encima diferenciarlos unos de otros) sobrepasa mis límites ;))
La entrada te ha quedado estupenda
Buenas, Isi.
La verdad es que sí, que es algo bastante visceral para mí. Lo llevo muy dentro, y al final termino sacándolo, ya escriba en el blog más literario, en el técnico sobre informática... En fin, cada uno es como es, je, je. De todas formas, creo que es un libro del que se pueden sacar muchas enseñanzas, y también que todos podemos sacarle bastante partido. ¡Lástima que parezca tan difícil de encontrar!
El tema del excursionismo, senderismo, montañismo... me encanta, la verdad. Estoy deseando que pase el tórrido verano, llegue el maravilloso otoño (la estación del año que más me gusta) y poder empezar a hacer salidas al campo menos fatigosas que las estivales :) En cuanto a la observación faunística, te digo yo que es más fácil de lo que parece. Basta con observar un poco, e ir aprendiendo poquito a poco :)
Gracias por tus palabras :) ¡Saludos!
Como ya sabes, el tema nos apasiona a los dos. Y es que parece que hay una especie de vínculo ancestral que los que acudimos a observar naturaleza encontramos, y que otros (la mayoría) deben haber perdido.
En fin, un gustazo pasarse por aquí y leer entradas como esta. Voy a ver si en un futuro próximo consigo el libro.
Un saludo
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