domingo, 16 de agosto de 2009

Libros, bibliotecas y herramientas

La capacidad organizativa es una virtud que no debería faltar entre quienes coleccionamos de forma sistemática cualquier tipo de objeto. Esto es particularmente útil entre los amantes de los libros. Ya hace algún tiempo nuestra amiga Isi nos comentaba que había comenzado a clasificar su biblioteca personal (y la paterna) utilizando una aplicación informática a tal efecto. Elwen también hablaba recientemente sobre una página web, Anobii, que nos permitía clasificar nuestros libros y compartir esta biblioteca virtual con otros usuarios para contrastar títulos, compartir lecturas y llevar a cabo todo uso práctico que se nos pudiera pasar por la cabeza. A raíz de un comentario de Elwen en la entrada sobre el rey Arturo en la literatura, donde anunciaba su interés en leer a Tennyson y la imposibilidad de encontrarlo en la biblioteca pública a pesar de aparecer como disponible en el catálogo de la misma, se me pasó por la cabeza la temática para la entrada de hoy: la catalogación bibliotecaria.

Tranquilos. No es mi intención comenzar a desglosar los distintos tipos de catalogación posible en una biblioteca, sea ésta personal o pública, ni glosar las bondades de la Clasificación Decimal Universal, aunque a algunos bibliotecarios puede que les viniera bien conocerla (es inconcebible cómo en la principal biblioteca pública malagueña los libros estén clasificados como hace 20 años los encontraba en la de mi pueblo o en la del colegio, sin orden ni concierto sobre la temática, autoría o género de los mismos). Simplemente quiero presentar la biblioteca como el laberinto que presentía Borges, regido por un catálogo de normas que nos permiten recorrerlo sin perdernos en él si nos afianzamos en el hilo de Ariadna de su clasificación. Basta un corte, una interrupción en la delicada hebra para que nos perdamos sin solución entre los muros forrados de libros que amenazan con volcar sobre nosotros. Ponerlo a prueba es simple; tomemos un libro, recorramos sin orden ni concierto la biblioteca y depositémoslo entre sus semejantes en una ubicación nueva e indeterminada. La biblioteca seguirá acogiendo al libro, pero éste habrá desaparecido como si nunca hubiera existido. El bosque esconde al árbol, y sin un orden adecuado nunca lograremos localizarlo de nuevo. Sólo el azar, el deambular por la biblioteca sin afán de encontrar un ejemplar determinado, dejando simplemente que venga a nuestras manos de forma casual, podrá restablecer el título perdido a la circulación.

Es por ello, por la insolidaridad del desorden, por la facilidad con que un libro puede desaparecer durante meses o años aun estando dentro del sagrado recinto bibliotecario, que me desespera encontrar un libro en un catálogo para constatar, justo a continuación, que el libro no se puede localizar. No está. No podemos leerlo. En ocasiones basta con mirar alrededor del lugar en el que esperábamos encontrarlo para verlo desubicado, colocado en la misma balda, a escasos centímetros de donde debería estar. Otras veces puede encontrarse en el estante superior o en el justamente inferior, y nuestro gozo al verlo es inconmensurable. Incluso puede estar tras otros libros, empujado hasta quedar oculto por un despistado lector que colocó a uno de sus semejantes desplazándolo sin miramientos. Suspiramos con alivio y nos llevamos el libro con nosotros, porque lo habíamos dado por perdido cuando sólo se encontraba extraviado.

Pero ocurre en ocasiones que no se da el grato encuentro y el libro es declarado formalmente en situación desconocida. Puede haber sido sustraído y nunca más volverá a aparecer, o puede permanecer escondido por tiempo indefinido, cuasi infinito, entre sus semejantes. Ante esto, no nos queda más que desesperar y, por supuesto, intentar conseguirlo por otros medios. Uno de ellos, bastante vilipendiado, es la copia digital de libros. En particular, la digitalización llevada a cabo por la compañía norteamericana Google ha suscitado un debate encarnecido sobre la necesidad o no de llevar a cabo esta labor y la conveniencia de que sea el capital privado quien la lleve adelante. Sin entrar en la discusión (aunque si lo deseáis, podemos tratar el tema), y dejando clara mi posición a favor del acceso universal a la cultura, lo cierto es que bien llevado el servicio puede propiciar este acceso, al igual que mal entendido puede coartarlo. Entre otras utilidades del servicio he descubierto estos días una bastante interesante que puede ayudarnos a catalogar también nuestros libros. Simplemente introduciendo la lista de los ISBN de aquellos que deseemos incluir en nuestra biblioteca personal, Google se encargará de rellenar los campos de título, autor, fotografía de la portada si está disponible, etc. Es posible después exportar la lista de libros a un fichero XML que incluya esta información y, de paso, ofrecemos una poca más sobre nosotros, nuestras aficiones y predilecciones lectoras al Gran Hermano Google

21 comentarios :

Isi dijo...

¿sabes cuál es el último libro que no encontré en la biblio pese a estar disponible? Otra manera de vivir, de J. Goodall. :(((

Yo también veo estupenda la campaña de google, pero no sé en qué quedará...

Elwen dijo...

¡Dame un respiro! jajajaja, me he levantado y he encontrado tropecientas actualizaciones!!

La verdad es que hasta ahora lo achacaba a mi torpeza en el uso de la biblioteca, pero es que he ido tres veces a la misma balda y no se me ocurre dónde más mirar así que como ya comenté, la próxima (que puede que sea hoy) pregunto al bibliotecario.

Me has dejado pillada con tu biblioteca de google, desconocía su existencia. Supongo que además te lo conectará de algún modo con tu Google Friend Connect. El sistema de cargar ISBN es el mismo que anobii, rápido y cómodo.

Homo libris dijo...

Isi, pues he estado buscando por si hubiera alguna edición electrónica, pero nada de nada :( Existe una de bolsillo, baratita, pero también es cierto que se trata de un libro que tal vez tampoco te interese tener para siempre, por lo que a ver si hubiera suerte y es de los que tienen retorno a la biblioteca pública.

Elwen, prometo actualizar menos esta semana :P

Sobre el tema de la búsqueda en bibliotecas, no te preocupes que a mí me ha ocurrido lo mismo desde siempre. De hecho ahora voy a buscar un par de títulos a la biblioteca de El Rincón de la Victoria para aprovechar esta última semana de vacaciones y leerlos, ya que en toda la provincia sólo están en esa biblioteca. A ver si no me encuentro con el chasco :P

Lo de Google también me sorprendió, y me pareció cómodo e interesante. Eso sí, como ya apuntaba, todo lo que tenga que ver con Google me parece original (son unos verdaderos genios) pero a la vez me guardo en lo posible de ello (aunque ya veis, el blog está montado sobre su plataforma :). Darle información es seguir alimentando a la bestia :)

¡Saludos!

Homo libris dijo...

¡Ah, se me olvidaba! Isi, sé que no es lo mismo, pero aquí puedes ver una entrevista a Goodall en el programa Redes de lo más interesante. Lo encontré buscando información sobre el libro en un hilo de Vagos donde hay varios programas recopilados. E imagino que en la página de RTVE también podrán consultarse dichos programas.

maribel dijo...

Homo Libris
tienes más razón que un santo;
a veces es inconcebible que resulte más fácil acceder a un título en una universidad americana que mediante el préstamo interbibliotecario, qué decir de los interfaces de algunas bibliotecas que no son precisamente amigables.
Sólo desconocer el sistema de búsqueda puede hacer que no des con un libro, y luego están las "desapariciones"..
Observo de mal humor que mucha gente en la zona pública revisa un libro y luego lo deja donde quiere.

Esto también es común en las librerías donde a pesar de tener un libro en stock, no se encuentra.

Hay que utilizar todo lo que tienen de bueno las tics, para catalogar, identificar ..., aunque no podemos evitar los errores humanos, y el hecho de que algunos libros, aburridos, decidan irse de viaje jejejeje

Una pequeña solución está en la formación sobre el uso de la biblioteca que ofrecen algunas al usuario, seguro que Isi podia aportar muchísimo a esos cursos....

Me atrae poderosamente la biblioteca de Borges, tendrán "Ficciones" en la de Isi ?

Isi dijo...

En las bibliotecas públicas catalogan una legión de funcionarios, pero nadie lo ha hecho en completa soledad como yo. (salvo ayudas a ratos de mi madre, claro). Aun no me han llamado para dar esos cursos ¡mecachis!

No recuerdo qué libros de Borges había, pero recuerdo que había. Lo siento, pero está todo catalogado en su ordenador, ¡no en el mío!

loquemeahorro dijo...

En la aplicación de búsqueda de mi biblioteca (que deja muchísimo que desear), me encanta que en vez de poder decir que desas buscar libros (y no dvds, por ejemplo), tienes que seleccionar "monografías".

Así me gusta, ayudando a que estas herramientas las pueda utilizar cualquiera!

Eva dijo...

Yo no voy a la biblioteca pública, bastante caos hay ya en la mia personal. El último libro que no encuentro es "el retrato de Dorian Grey" y lo que es peor es que no recuerdo ni tenerlo pero aparece en mi lista excel que ya tiene sus años y esa no se equivoca asi que tendré que buscarlos de nuevo.
Un saludo

Isi dijo...

Ay que me parto con Eva: peor que no encontrarlos en la biblio es no encontrarlos en tu propia casa... Eso me recuerda a una historia que contaba un tal padreenrollao...

Ay Homo libris, es que esta entrada me ha llegado tan tan tan tan al fondo...

Por cierto, ya me bajé el vídeo, a ver si luego le echo un vistazo!

R. dijo...

Vaya, Homo libris!, qué surtida tienes tu biblioteca virtual!, jeje.

Descuida, yo, como quien no quiere la cosa, la semana pasada me puse a ingresar en aNobii algunos títulos de mi blioteca personal: pero no he quedado satisfecho del todo, ya que más de un ISBN ingresado me remite a una portada distinta de la que tengo en mi haber.

Además, la mayoría de mis libros de autores peruanos -como Vargas Llosa- han sido editados por la editorial nacional Peisa y parece que no hay mayor registro de ello. Me da flojera crear el fichero, escanear la carátula, etc.

Sí, qué quisiquilloso que soy.
Saludos,
R.

estodevivir dijo...

Te apoyo completamente, ahora que estoy usando la biblioteca, te digo de corazón que la gente que deja el libro donde no va merecen el fusilamiento, la horca o quizás el garrote, no me atrevo con la gillotina, porque es de loquemeahorro, pero desde luego, que al menos les entraría a pellizcos hasta que aprendieran...

Homo libris dijo...

Maribel, tienes toda la razón. Es más, con el famoso préstamo interbibliotecario (al menos aquí en Andalucía) el libro que pides en préstamo no puedes sacarlo de tu biblioteca, sino que es remitido desde la que lo posee y sólo puedes utilizarlo como consulta en las dependencias de la propia biblioteca destinataria. En cuanto a las desapariciones, fortuitas o no, lo cierto es que hacen que me hierva la sangre, como le ocurre a Estodevivir.

Jejeje, Borges, las bibliotecas, los laberintos, los tigres... ¡cuánto por reflexionar en torno al gran maestro argentino! No me tientes, no me tientes :)

Aunque eso sí, que Isi se proponga en serio lo de los cursos de formación a los usuarios de bibliotecas, que buena falta le hace a más de uno la formación de este tipo. Eso sí, con lo que comenta sobre no encontrar un libro en la propia casa… y yo que pensaba que era el único al que le pasaba algo así, y fijaos, incluso a Eva le ocurre :) A lo mejor es que tendría que buscar las monografías de la aplicación de Loque… que a saber cuál es :D

En fin, que visto lo visto no sé si seguiré incluyendo libros en esa biblioteca virtual de Google (sí, R., sí, lo cierto es que no es muy nutrida, ¿eh? Si fue únicamente para probar cómo funcionaba, je, je.), sobre todo porque los últimos trescientos los metí en los días de la pintura y por agilizar iba incluyendo únicamente título, autor y editorial. En el resto además añadía la colección, título original, nombre del traductor, número de páginas, ISBN… (lo sé, me paso un poco en lo sistemático). Pero para los primeros sí que puedo obtener la lista de ISBN y probar cómo funciona el tema de las portadas y demás. Por lo pronto, de los dos añadidos ninguno de ellos tiene portadas coincidentes con las de los míos.

Saludotes.

Fulgida dijo...

Bonito tema. Yo, que me dedico a la investigación humanística, piso bibliotecas de todo tipo y, la verdad, internet me ha facilitado la vida muchísimo, no sólo por los catálogos virtuales tipo el CCPBE, sino en concreto, Googlebooks, ya que estan digitalizando textos del XVIII y XIX de difícil acceso. Yo sí uso mucho MiBiblioteca y tengo guardados como mil títulos.
Lo de no encontrar libros está a la orden del día en mi trabajo, aunque a veces también me llevo una sorpresa y el bibliotecario aparece con una edición que no está en el catálogo (cosas del Fondo Antiguo).
F

loquemeahorro dijo...

Que el castigo por dejar un libro fuera de su sitio sea una monja pega-pellizcos, o un chaval pega-collejas, me ha gustado mucho!!

Homo libris dijo...

Fulgida, ese "buen uso" por parte de Google de los fondos bibliográficos me parece loable, pero temo, como tanta gente, la comercialización y privatización de los libros. Imagino que es un mal "menor" si hablamos de libros que, conforme pasen los siglos irán desapareciendo y destruyéndose y sólo quedará de ellos el recuerdo y su imagen digital...

Loque, cuidadín, cuidadín, que te veo venir con la cabeza llena de ideas para un nuevo relato ;)

La Belle Dame Sans Merci dijo...

Maribel ha dado con un tema que a mí me enerva:

"Observo de mal humor que mucha gente en la zona pública revisa un libro y luego lo deja donde quiere.
Esto también es común en las librerías donde a pesar de tener un libro en stock, no se encuentra."

Es que ¡groargh!, eso es algo muy común en mi maravillosa biblioteca de la facultad (maravillosa en serio), en la biblioteca general de la ciudad (donde moran también las "desapariciones")... y en mi librería. ¡Que no os pille nunca haciendo algo del estilo! ;) Me entra la furia asesina, en serio. Sobre todo, cuando la gente lo hace delante de nuestras narices. Mi opción personal es ir al instante, pillar el libro delante del cliente y decirle con una sonrisa: "Si no sabe dónde estaba el libro que estaba mirando, dénoslo a nosotros, no se preocupe, y lo pondremos en su sitio." Y huyen como alma que lleva el diablo. Pero es un tema preocupante, especialmente en una librería grande. Luego te piden ese libro otros clientes, o tienes que buscarlo para devolverlo a la editorial, y no hay manera. ¡Uf, voy a tomarme una tila! XDDDDD

Fulgida dijo...

La digitalización de fondos antiguos era una Necesidad (con mayúscula). España va a la cola en este tema: no hay más que entrar en la ridícula colección digital de nuestra Biblioteca Nacional y compararla con la Gallica de la BN de Francia y, si no quieres mirar tan alto, la de la Universidad de Nuevo León, por ejemplo.
De ahí que lo de google (comercialización / privatización incluida), me parezca genial.

Homo libris dijo...

Alienor, creo que te hemos tocado la fibra sensible, jejeje. En esto no había entrado al tratarse de “campo vetado” por tratarse de un lugar privado, pero es cierto que en las librerías ocurre otro tanto. Yo lo he visto hacer en multitud, y me toca las narices. Porque con mi gafe propio y personal, voy a buscar un libro y ¡zas! no está en su sitio, y el librero de turno no sabe encontrarlo. Se deshace en disculpas, y sé entenderle… pero me toca la moral :) Así que tranquila. Además, en tu territorio descuida que procuraré no propasarme un pelo :D

Fulgida, coincido contigo en la necesidad, por lo que mencionaba antes: la desaparición de los fondos de no ser así. Respecto a Google, lo que me gustaría es que la iniciativa proviniese de fondos públicos, y no quede todo en manos privadas (máxime en las de Google, que ya barrunto como el Gran Hermano del futuro… y si no, al tiempo :)).

Carmina dijo...

En cuanto a la biblioteca, la unica con la que estoy familiarizada es la de mi pueblo y deja mucho que desear, los libros estan solo clasificados por autores, narrativa, valenciano castellano, novedades, y luego si ya por temáticas biología, ensayos, filosofía...etc Vamos que a veces en lugar de encontrar el libro que busco me tropiezo con otro que hacía tiempo buscaba... y a veces es tremendamente frustrante. Ni siquiera hay servicio informatico para consultar tu misma, le tienes que dar el titulo al bibliotecario y entonces el te dice si lo tiene o no, pero no si esta en prestamo, porque no se introduce. Vamos todo un adelanto para la sociedad lectora

Homo libris dijo...

Carmina, no sé porqué (bueno, sí, por la falta de fondos e interés que denota la clase política) pero las bibliotecas de los pueblos suelen tener esas carencias que mencionas. Aquí en Andalucía, al menos, se está intentando que todas las bibliotecas tengan acceso al catálogo global de la comunidad autónoma, con ordenadores con acceso a Internet y, por supuesto, uso de Guadalinex (la distribución GNU/Linux de Andalucía, un equivalente a Linex en Extremadura).

bibliobulimica dijo...

El tema da para hablar largo y tendido…me encantó el término “libro en situación desconocida” a mi me entra el desasosiego, la angustia extrema si no encuentro un título en casa que yo se que tenía y no descanso –literal, no me voy a dormir, no me dejo de decir cosas- hasta volver a encontrarlo. Como me pasaba que a veces lo había prestado (y ya se me había olvidado) ahora registro los libros que voy prestando.
Eso de ir a una librería, o una biblioteca, y dejar libros en otro lugar que no es el suyo es terrible y se merecen todos los castigos de los que ha hablado estodevivir…es terrible. Yo recuerdo a una compañera en la facultad, que cambiaba el libro que le urgía sacar de la biblioteca, para que nadie pudiera sacarlo en lo que ella se lo llevaba (a veces, no podía sacar el libro porque tenía demasiados en préstamo, y hasta no regresar uno, se podía llevar el suyo). Mañas estudiantiles…que mucho perjudican. Recuerdo que donde hice la secundaria (13-15 años) en la biblioteca de la escuela no podían entrar los alumnos. Había una ventanilla que arriba decía “biblioteca” y uno pasaba por ahí, decía título y autor, y el que estaba en la ventanilla veía si el libro estaba disponible y uno entonces hacía el trámite para sacarlo, pero todo a través de ese agujerito. Seguramente era para evitar esos libros mal acomodados que luego entraban en el reino de la dimensión desconocida.
Abrazos a todos,
Ale.