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sábado, 15 de agosto de 2009

Cuarteto

Estoy haciéndome con los libros de Vázquez Montalbán que están apareciendo con la edición dominical de un diario de tirada nacional. De Manuel me gusta su prosa descarnada, su visión crítica e irónica de la vida, su paciente y escrupulosa disección de los momentos históricos del antiguo régimen y la posterior transición y, por supuesto, su inolvidable personaje, Pepe Carvalho, el detective arquetípico de afanosas cualidades culinarias que le sirvió, a lo largo de los años, para retratar y criticar la situación social, política e histórica de la segunda mitad del pasado siglo.

En Cuarteto, el último que he leído suyo, se vale del recurso narrativo de la investigación policial para presentarnos a un curioso conjunto de personajes; un cuarteto, que en realidad es quinteto, formado por el narrador, Ventón, y sus juicios implacables de los amigos que le acompañaron en tantos viajes y con su presencia a lo largo de los años. La doble pareja formada por Carlota y Luis, Pepa y Modolell, ha quedado rota tras el asesinato de Carlota. Se acusa a su marido y a un potencial amante, ya que apareció muerta por ahogamiento, vestida como una dama decimonónica, cual una moderna Ofelia de rasgos prerrafaelitas, y en estado de gravidez.

La investigación del inspector Dávila será el arranque de una historia en la que nuestra menor preocupación como lectores será el descubrimiento de la identidad del criminal. Es más, aunque en algún momento podamos presumir de conocerla, el devenir de los acontecimientos terminará por asombrarnos al ir encajando todas y cada una de las piezas que constituyen este mosaico, mordaz reflexión en torno a unos personajes despreocupados, casi cuarentones, que viven holgadamente en la tranquilidad e inconsciencia de su elevado estatus social. Los pensamientos del narrador se nos irán presentando de forma paralela al devenir de los hechos, sin que por ello deje de divagar en torno a situaciones pasadas, mirando en retrospectiva las motivaciones que pudieron tener todos ellos para acabar con la vida de Carlota.

A pesar de la brevedad de la novela (apenas llega al centenar de páginas), las situaciones que nos ofrece se nos antojan creíbles, no necesitamos más que una simple afirmación por parte de Ventón para que lo que nos narra acontezca tal y como nos está contando… y aun así, seamos reacios a creerlo todo. Incluso cuando la acción concluya estableciendo un hermoso círculo que cierre la historia tal y como comenzó.