En los últimos días han surgido algunos temas recurrentes, entre las entradas y los comentarios del blog, sobre los que no he podido resistirme a reflexionar. Por un lado, en la entrada sobre la simbología de las cifras en los cuentos e historias tradicionales, se hizo referencia al mundo árabe, a su cultura y a obras literarias como Las mil y una noches o Los cuentos de la Alhambra. De ahí, llegar a los cuentos populares rusos, de la entrada anterior a la presente, fue fácil y casi necesario. Para más inri, ando leyendo, entre otros libros, La Córdoba de los Omeyas, de Antonio Muñoz Molina, y si al cariño que guardo hacia esta hermosísima ciudad le añadimos mi amor por Granada, ciudad de la que provengo, o más concretamente de Santa Fe, la que fuese campamento de los Reyes Católicos durante la Reconquista y lugar de encuentro con Colón antes de su partida hacia las Indias, con intenciones tan buenas como pésimos fueron los resultados para la población local de la aún desconocida América, no os sorprenderá que venga a compartir con vosotros un documental que, a su vez, me ha enviado hace unas horas un amigo. Se trata de un trabajo de fin de carrera de unos estudiantes, que han decidido dejar en la red para su libre visualización y descarga. La página es Leyendas de Granada, y con ellas os dejo. Que las disfrutéis.
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lunes, 15 de junio de 2009
Granada, tierra soñada por mí...
En los últimos días han surgido algunos temas recurrentes, entre las entradas y los comentarios del blog, sobre los que no he podido resistirme a reflexionar. Por un lado, en la entrada sobre la simbología de las cifras en los cuentos e historias tradicionales, se hizo referencia al mundo árabe, a su cultura y a obras literarias como Las mil y una noches o Los cuentos de la Alhambra. De ahí, llegar a los cuentos populares rusos, de la entrada anterior a la presente, fue fácil y casi necesario. Para más inri, ando leyendo, entre otros libros, La Córdoba de los Omeyas, de Antonio Muñoz Molina, y si al cariño que guardo hacia esta hermosísima ciudad le añadimos mi amor por Granada, ciudad de la que provengo, o más concretamente de Santa Fe, la que fuese campamento de los Reyes Católicos durante la Reconquista y lugar de encuentro con Colón antes de su partida hacia las Indias, con intenciones tan buenas como pésimos fueron los resultados para la población local de la aún desconocida América, no os sorprenderá que venga a compartir con vosotros un documental que, a su vez, me ha enviado hace unas horas un amigo. Se trata de un trabajo de fin de carrera de unos estudiantes, que han decidido dejar en la red para su libre visualización y descarga. La página es Leyendas de Granada, y con ellas os dejo. Que las disfrutéis.
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domingo, 14 de junio de 2009
Cuentos populares rusos
Hace ya unos cuantos años, descubrí en la biblioteca pública de mi pueblo natal unos libros de Anaya, en una edición parecida a la de la colección Tus Libros pero de mayor formato, con los Cuentos Populares Rusos que recopilara Aleksandr N. Afanásiev. Los libros me llamaron la atención desde el primer momento por la promesa de fantasía sin límites que parecía adivinarse en las ilustraciones maravillosas de Iván Bilibin, y cuando los tomé en mis manos me encantaron por su edición excelente encuadernación, su presentación en tapa dura y su papel, muy ligeramente satinado y de excepcional calidad, que ya me gustase acariciar en la mencionada colección, que reúne entre sus catálogos algunos de los mayores clásicos juveniles de todos los tiempos.Por supuesto, me llevé el primero de los tomos a casa, y comencé a devorarlos sin freno. Me encantaban esas historias de agudos viejitos y malvadas ancianas, de hijos terceros de campesinos que se imponían, con su imaginación e inteligencia, a sus hermanos mayores, avariciosos y torpes. Me aterraba la presencia de la bruja Baba-Yaga, montada en su almirez, recorriendo los espesos bosques nórdicos y la estepa infinita. Las cabañas con patas de gallina, los lechos sobre el hogar de estufas de ladrillo, para mantener el calor durante toda la noche fría de la Siberia, o las versts recorridas por un caballo que permitía atravesar sus orejas a un joven leñador para salir convertido en un zarevich se convirtieron en referencias continuas de las noches de invierno. Me levantaba justo cuando mi hermano menor se quedaba dormido para continuar leyendo (siempre agradeceré a mis padres esta relajación de las normas que me permitía prolongar las horas de lectura, aunque para los días en que esto no era posible guardaba en la recámara una pequeña linterna con las pilas recién cargadas y uno de los libros de Jim Botón y Lucas, el maquinista, de Michael Ende) estos cuentos imperecederos. Posteriormente, los releería todas las Navidades, y esta tradición se ha mantenido hasta la fecha, aunque sea leyendo un par de cuentos, y no uno de los libros por completo.
Afanásiev se dedicó, a mediados del siglo XIX, a recopilar los cuentos tradicionales eslavos que, difundidos hasta entonces por tradición oral, conformaban un acervo cultural propio de la idiosincrasia rusa. El resultado de su trabajo fueron ocho volúmenes, con 680 cuentos que estaban en peligro de desaparecer ante la revolución campesina previa a la instauración del socialismo, y a la asimilación de los usos y costumbres del sur de Europa. Además de recopilar estos cuentos, trabajó durante toda su vida en el Archivo Central del Ministerio de Asuntos Exteriores, y fue un enamorado de la Literatura, la Historia y la Etnografía. De estas pasiones se derivaron varios ensayos y artículos periodísticos, como Historias de los cosacos, El Domovói o Brujos y Brujas, entre otros.
Como ya avanzaba, la temática de estos cuentos es innovadora, para quienes nos acercamos desde una cultura distinta, evocadora de lugares lejanos y maravillosos, y la prosa de Afanásiev está repleta de palabras exóticas que hacemos nuestras. Las historias se repiten con variaciones, algo habitual en la tradición oral, ya que todos estos cuentos conforman el corpus narrativo de la clase trabajadora (en aquella época, fundamentalmente campesina), y así es habitual encontrar alguna que otra historia que se asemeja a otra que hemos leído pero incluyendo, eso sí, algunas variaciones.
Uno de los personajes que encontraremos con relativa frecuencia en los cuentos es Baba-Yaga, y por su peculiar forma de ser, es uno de los que queda más marcado en nuestra memoria cuando nos acercamos a la literatura popular rusa. Baba-Yaga es una bruja, aunque en ocasiones se nos presenta como una vampiresa u ogresa, pero siempre bajo un aspecto similar: huesuda, demacrada, es una vieja de feo rostro y peores intenciones, que se alimentaba de carne humana cruda, especialmente de la de los niños. Tiene dientes de acero y una de sus piernas es de hueso, simbolizando su caminar entre el mundo de los vivos y el de los difuntos. Para desplazarse de un lugar a otro utiliza un inmenso almirez volador, y vive en una casa elevada del suelo sobre dos inmensas patas de gallina, rodeada de una verja construida de huesos de sus víctimas e iluminada por macabros candelabros de calaveras humanas, que se desplaza durante la noche de un lugar a otro, provocando la muerte de los animales y el agostamiento de cosechas y arboledas.Poco más puedo decir sobre estos cuentos, mas que invitaros a descubrirlos si no los conocéis y a disfrutar de ellos leyéndolos en alguna de las ediciones existentes en la actualidad, aprovechando que han vuelto a ser editados en español, ya que durante unos años estuvieron en la siniestra oscuridad del “fuera de catálogo” editorial. He de confesar que la edición actual pierde, respecto a la original que conocí, el encanto de las ilustraciones que en su día realizase Bilibin, pero qué le vamos a hacer; los tiempos cambian inexorablemente. También podéis aproximaros a los cuentos populares rusos gracias a la edición electrónica que la Biblioteca Virtual Cervantes ha incluido en Internet. Y, por último, si os enamoráis de ellos, no dudéis en hacérmelo saber.
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