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jueves, 20 de agosto de 2009

De lo que vemos y lo que no

Podemos encontrarnos con un libro de la manera más insospechada: viéndolo en manos de alguien durante un trayecto en transporte público, encontrándolo liberado en el banco de un parque al atardecer, topándonos con él en los estantes de una librería o biblioteca o encontrando buenas críticas en un programa de radio o leyendo un blog. Todo lo que se ve, la primera novela publicada por Alberto Ávila Salazar, la descubrí casualmente viendo una serie de televisión española.

A lo largo de la serie, aparece en ocasiones un libro que reconocí desde el primer instante como perteneciente a la editorial Lengua de Trapo, por su llamativa cubierta amarilla y el diseño de la portada. Sin embargo, no conseguía ver con claridad el título, y sólo fue tiempo después cuando, congelando la imagen en el momento adecuado, conseguí aprehender el ansiado nombre del libro. Lo busqué después en las bibliotecas públicas de un par de provincias andaluzas, y conseguí localizarlo en la Biblioteca Municipal de Rincón de la Victoria. Dejé pasar el tiempo hasta las vacaciones, y fui a por este libro y por una copia de Microsiervos (que en un alarde freak saqué para regodearme con la miseria propia de mi trabajo :) ). Por cierto, que la excursión a la biblioteca fue más productiva de lo esperado, ya que tenían sobre una mesa una montaña de libros antiguos, descatalogados, con el cartel "Adóptame". Y yo, que en palabras de Azote soy "la Angelina Jolie de los libros", tramité la adopción de unos cuantos que vinieron a casa conmigo.

Volviendo a Todo lo que se ve (cuando me veáis divagar así, llamadme la atención), la novela plantea, mediante breves fragmentos que parecen inconexos en un primer momento, una reflexión en torno al poder de las religiones, la forma en que surgen y crecen y cómo devoran a su paso su propia esencia, aquello que las creó y les dio sentido en un primer momento. También aparecen fragmentos de hipotéticas novelas que el narrador imagina, unidos a su propia historia y a la de su mujer, Felicidad, una hermosa muchacha de la que se enamoró viéndola día a día en el metro. Novela de novelas, reflexiona sobre el arte y la literatura, acompañando con su particular banda sonora las referencias y reflexiones en torno a libros de Javier Marías, Dovstoievski, Ortega y Gasset, Mircea Eliade u Oscar Wilde.

El hilo principal de la novela transcurre en torno a la escritura de El evangelio subterráneo, una obra primeriza que el narrador escribe encumbrando el amor y la belleza de su amada, Felicidad. Deja varias copias del libro en diversos lugares para sorprenderse, tiempo después, al ver que el libro ha adquirido vida propia y se ha convertido en una obra de culto. Su vida, a partir de entonces, habrá cambiado para siempre.

El libro de Ávila Salazar me ha sorprendido por su particular enfoque, y lo cierto es que tras un inicio algo errático ha terminado por absorberme hasta llevarme a concluirlo devorando sus escasas 140 páginas. Aunque tal vez sea lo justo con una novela que, cual serpiente Uróboros, termina referenciándose a sí misma; su comienzo, con un devorador de ostras profesional, es más significativo de lo que podría parecernos en un principio.

¡Feliz lectura!