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miércoles, 13 de octubre de 2010

IMM semiseptuagenario

El Homo libris cumple hoy años, tantos que lleva recorrido medio camino hacia una jubilación que, como la zanahoria del caballo de las viñetas humorísticas, se aleja de él conforme avanza hacia el retiro. Aún queda, sin embargo, mucho camino por recorrer y tiempo del que disfrutar y así, celebra su semiseptuagenario cumpleaños en compañía de los suyos y en ausencia de muchos queridos que no están porque la distancia les separa pero siempre les lleva en el corazón y les siente muy, muy cerca.

No es habitual por parte de un servidor publicitar esta fecha, pero han sido tantos los presentes bibliófilos, para nada definibles como mathoms, si ustedes me entienden,  que no ha sido posible resistir la tentación de traerlos a una entrada breve que dé fe de lo mucho que he de sumar a la lista de pendientes aunque algunos, he de confesarlo, he comenzado a devorarlos de inmediato.

Por lo pronto, podré dar fin a la saga de Geralt de Rivia. Tras la jugarreta de Bibliópolis, que perdió en mí a un fiel seguidor por la mala gestión llevada a cabo con la traducción y publicación del último título (divido en dos volúmenes en aras de aumentar los ingresos pecuniarios de la editorial), finalmente tengo el final de la serie y, cuando me quede un poco más libre, procederé a releer los seis libros anteriores y disfrutar, a buen seguro, con el desenlace de las aventuras de Geralt, Jaskier y compañía.


Como muchos sabéis me encantan los libros de ciencia tanto como los de pura literatura, tanto es así que algunos libros de divulgación están entre mis libros de cabecera. Tenía muchas ganas de leer el libro de Bryson, Una breve historia de casi todo, tanto por las buenas críticas que conocía de él como porque como su título indica habla prácticamente de todo: desde el inicio del tiempo y de nuestro universo a la formación de la Tierra, el surgimiento de la vida sobre ella y la aparición del hombre, con los claroscuros que nos caracterizan. Todo ello narrado de un modo tan ameno (es uno de los libros a los que ya he hincado el diente) que su lectura engancha irremediablemente.


El siguiente título me recuerda que tengo pendiente una reseña de su "continuación", La España inexplorada, de los mismos autores. Fue uno de mis regalos del pasado año y lo cierto es que me encantó. Por lo que llevo visto de La España agrestre. La caza lo cierto es que las aventuras de Abel Chapman y Walter J. Buck en nuestro país siguen siendo apasionantes. Pronto os traeré mi opinión conjunta sobre varias obras, pero os adelanto desde ahora que
En primavera, otoño e invierno, Andalucía, más africana que África, es un verdadero paraíso, la huerta de Europa; son tierras bajas, protegidas del soplo mortal de la meseta central por las sierras Nevada y Morena. Pero en los meses estivales, Andalucía se convierte en un infierno, donde un sol ardiente quema todo lo verde, donde no existe sombra alguna y la vida sólo es soportable si se abandonan las costumbres europeas y se adopta el modo de vida árabe o de las razas orientales.

Podría pasarme horas y horas hablando apasionado sobre este hombre y su obra. Me gusta el cine, aunque no me considero cinéfilo (no, desde luego, al mismo nivel que bibliófilo), pero mi pasión por Hitchcock y su obra desde que era un crío se ha mantenido incólume a lo largo de estos... sí, 35 años. Es algo así como el mito de Holmes o la obra completa de Tolkien. Creo que no necesitaría mucho más (bueno, sí, unos prismáticos y una buena lente de aumento) si tuviera que pasar  unos años recluido en una isla desierta. Estoy deseando adentrarme en esta biografía del afamado director, el "maestro del suspense" y recuperar, de paso, alguna de sus películas.


Y termino ya con un autorregalo. Un librito que llevaba tiempo esperando poder pasar a recoger y que se vino conmigo esta misma tarde. Con él tengo un poco más completa la obra de J. H. Fabre, de quien os hablé no hace mucho en el blog (tanto aquí como en Andanzas de un trotalomas) y que me recuerda que tengo que preparar un par de entradas, o tres, sobre los insectos y la literatura. Y, con esto, os adelanto el tema de las próximas entradas con las que tengo el reto de interesaros realmente en él.


Un abrazo y feliz lectura.

miércoles, 5 de agosto de 2009

¡Más madera!

Houston, tenemos un problema. Y bien gordo, además. El fin de semana pasado, como ya anunciaba en alguno de los comentarios, Azote ortográfico y yo anduvimos por Valencia porque ella trabajaba en unos asuntos relacionados con la celebración en esta mediterránea ciudad de la Campus Party 2009. Decidiendo optimizar al máximo el escaso tiempo que pasaríamos en la ciudad, y ya que conocía las librerías París-Valencia con anterioridad (gracias a ellas me hice con las Segundas Crónicas de Thomas Covenant a través de Internet), nos pusimos a hurgar en su fondo bibliográfico encontrándonos con alguna que otra grata sorpresa. Así, antes de partir ya teníamos encargada una buena remesa de libros, y aprovechando la mañana del sábado, durante la cual los participantes de la Campus dormían el sueño de los justos (como antítesis del desvelo de la SGAE), aprovechamos para hacer una escapada y conocer la librería en la que debíamos recoger el pedido.

La librería París-Valencia (al menos la que pudimos ver, sita en la calle Pelayo) me recordó a la ya finada librería Urbano de Ocasión de Granada. Estantes hasta el techo, rebosantes de libros en ediciones de saldo, que parecían cerrarse en un laberinto del que con gusto no habría salido en todo el día, el olor a papel cansado, de libros con muchos años a sus lomos, coexistiendo con alguna que otra novedad editorial, un caballero que nos atendió con esmero y trato agradable, una librería magnífica, sin duda alguna.

De la excursión trajimos unos pocos libros. De ahí lo de Houston y la referencia al problema. Y es que aunque pensaba que con mi flamante Papyre iba a conseguir limitar el número de libros que venía comprando al mes, la verdad es que de lo único que he sido capaz ha sido de redirigirme hacia otro sector editorial, obviando un poco las novedades –al menos hasta que se hacen merecedoras de crédito-, y tirando mucho más de librería de saldo o de títulos que me llaman especialmente la atención (fundamentalmente relacionados con la Historia y la Biología).

En cuanto a la “caza” en sí misma, por un lado Azote, que sigue con su afán de aprender catalán, se hizo con una serie de libros de texto de la añorada EGB (Català amb els clàssics) que parecen ofrecer un curioso acercamiento a esta lengua desde la revisión de textos de autores clásicos. También consiguió el libro Contes per Vells Adolescents, de Miquel de Palol, y una hermosísima edición bilingüe (inglés-catalán) en dos volúmenes de una selección de poemas de Ausiàs March, con su estuche grabado y todo.

Por mi parte, me hice con títulos de todo tipo. Desde un ejemplar de El caballero del puente, de Wiliam Watson, hasta la tetralogía de las Nieblas de Avalon, de Marion Zimmer Bradley, pasando por la divertidísima novela de ciencia ficción Estado crepuscular, de Javier Negrete, las experiencias ornitológicas que comparte Tito Narosky en Entre hombres y pájaros, la fascinación por los océanos que plasma Rachel L. Carson (la conocidísima autora de La primavera silenciosa) en El mar que nos rodea, un libro de texto universitario sobre Paleoecología y, por último, la obra teatral A mitad de camino, de Peter Ustinov (exacto, el famoso actor que interpretara de forma extremadamente personal al Hércules Poirot de Agatha Christie, a Nerón en Quo Vadis?, y dirigiera a Sofía Loren y a Paul Newman en una de las últimas superproducciones de Hollywood: la adaptación de la novela de Romain Gary, Lady L).

En resumen, un buen surtido de títulos por poquitos euros, una librería que os recomiendo descubrir, y mucha lectura por delante.

¿Leemos? ¡Adelante!

lunes, 27 de julio de 2009

Una librería muy literaria

Después de una serie de días más que perdido de la blogosfera –motivos laborales y personales que han ido minando el ánimo y la disponibilidad de tiempo libre-, me encuentro nuevamente por aquí, y espero que por el club de lectura, para quedarme. Aunque el fin de semana que se avecina también será movido, ya que partimos para Valencia, donde Azote tendrá que trabajar un poco y yo intentaré aprovechar para hacer una visita a las librerías de la ciudad, aprovecho para dejaros una fotito de nuestras últimas adquisiciones. Esta misma tarde hemos descubierto una librería en pleno centro de Málaga, muy cerquita de la Plaza de la Merced, en la calle Frailes, llamada Librería Literaria. Al verla nos ha llamado la atención el cartel que tenía junto a la puerta con la tan apetecible como temible palabra “Liquidación”. Al tratarse de una librería de viejo pensábamos que iba a cerrar, así que hemos entrado para aprovechar el momento buscar algo interesante (¡Carpe Diem!), y he aquí la remesa que hemos conseguido:

  • Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, de Henry Miller.
  • Fiesta, de Ernest Hemingway.
  • Nuevas historias para leer a plena luz, una recopilación de historias de terror y suspense por el genio del cine, Alfred Hitchcock.
  • La roja insignia del valor, de Stephen Crane.
  • Toda la noche oyeron pasar pájaros, de J. M. Caballero Bonald.
  • Volverás a Región, de Juan Benet.
  • Señas de identidad, de Juan Goytisolo.
  • El prisionero de Zenda, de Anthony Hope.
  • El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
En total, 10 libros por 20€, toda una ganga. Charlando después con el librero y con un amigo suyo que le acompañaba, nos ha comentado que lo de la liquidación era una estrategia comercial que usa él de vez en cuando para llamar la atención de la gente. Que de momento no cierra, aunque sólo abre por las tardes. La librería me ha encantado, y tras recibir esta buena noticia, obvia decir que pasaré de vez en cuando por allí para seguir hurgando entre sus estantes con olor a polvo y libros viejos que me encanta y que constituye parte de la dieta de todo buen bibliobulímico. Ya os contaré un poco más sobre la librería en cuanto tenga ocasión de pasar por ella una vez más.

Y ahora, cómo no, ¡feliz lectura!

jueves, 19 de marzo de 2009

La vieja librería de Babel

Una de las cosas que más me gusta de las librerías de viejo es que suelen pertenecer a personas que albergan un especial amor hacia la letra impresa. Que no digo que no lo tengan otros libreros, o que estas librerías sean, al fin y al cabo, un negocio, pero creo que, en bastantes ocasiones, hay que estar hecho de una pasta especial para pasar el día entre libros viejos, usados, manoseados hasta la saciedad. Libros que, para quienes saben leer entre líneas sus páginas y apreciar el desgaste de sus cubiertas, pueden guardar otras historias distintas a las narradas.

Descubrimos la librería de libros de segunda mano Book Market, en el número 28 de la calle San Miguel de Torremolinos, un buen día que caminábamos por esta calle eminentemente comercial de la localidad malagueña sin un propósito definido. Al ver el cartel anunciador, amarillo y rojo, llamativo por su promesa de libros multiculturales, nos adentramos en el pasaje que la albergaba, el de la Virgen del Carmen, perpendicular a San Miguel,y subimos la empinada y estrecha escalera que daba acceso a una estancia atestada de libros que, alineados en sus baldas, nos esperaban. Nos saludó la propietaria de la librería, una amable mujer de mediana edad, en español. Pronto cambió de idioma al inglés, al dirigirse a ella Azote Ortográfico, algo nada extraño habida cuenta su nacionalidad, y que en estas localidades costeras, tan orientadas al disfrute turístico, existen amplias colonias de foráneos.

Entretanto, empecé a examinar los lomos de los libros más cercanos. ¿Rusos? En efecto, se apiñaban por colonias: los libros rusos, con sus caracteres cirílicos en rigurosa procesión lingüística, ejemplares daneses, suecos, franceses. Españoles, haciendo frente a la invasión que se les venía encima, e ingleses, la mayoría, ocupando una amplia sección de la librería.

Nos perdimos en la biblioteca de Babel, examinando antiguas ediciones, libros en rústica bien conservados que, no obstante, dejaban apreciar algún signo de sus antiguos propietarios: un punto de lectura que marcó su último uso, una dedicatoria, el Ex Libris… No importaba el idioma, sino el tacto de sus cubiertas, el amarillear de sus páginas, el dulce susurro al pasarlas, el olor a papel envejecido de la librería. Sobra decir que cargamos con algunos de estos libros. Y que volvimos después, siempre que tuvimos oportunidad o fuimos a Torremolinos con algún otro objetivo.

Nuestra última visita fue hace sólo unos días, y en exclusiva para visitar la librería, ya que hacía algún tiempo que, por obligaciones varias, habíamos dejado de hacerlo. Nos sorprendimos al ver a un hombre cargar con cajas de libros, cajas en las que estaban siendo embalados de forma displicente por su propietaria y algunos colaboradores. Pánico. ¿Cerraban? No, simplemente nos mudamos, nos tranquilizó aquella. El local empezaba a quedar pequeño, las empinadas escaleras echaban para atrás a los más mayores, por la dificultad del acceso, y a los más pequeños o a sus padres, por la difícil subida de los carritos portabebés. El pasaje, solo, desvalido, sólo albergaba al humilde negocio librero, de modo que habían encontrado un lugar cercano en el que alojar estos cofres de sueños. No será necesario añadir que nos llevamos otros cuantos títulos. Encima (como la vez anterior), tres por dos en volúmenes en inglés, 10% de descuento en las publicaciones en español. Una ganga en toda regla.

Así las cosas, os animo a descubrir esta librería si tenéis oportunidad de pasar por Torremolinos. La nueva ubicación es la calle Cauce, número 11, paralela a la calle San Miguel.

¿Cómo veis el negocio de los libros de segunda mano y de ocasión? ¿Os gustan los libros de segunda mano? ¿Por su precio o por su historia? ¿Qué librerías de viejo nos recomendaríais de vuestra ciudad?

miércoles, 18 de febrero de 2009

Fuera de catálogo

Con la crisis global cerniéndose sobre las cabezas de dos terceras partes del mundo (la última de ellas la sufrió siempre, a costa del desarrollo de las otras), el mercado editorial ha disfrutado de un repunte en las ventas que ha resultado claramente apreciable en las pasadas navidades, donde el libro ha sido el producto estrella en los regalos: es bueno, bonito, (relativamente) barato y permite quedar bien: al que regala, por su presunta cultura, y al regalado, por idéntico motivo. Pero no seré irónico al respecto; simplemente me ceñiré a las cifras: en España (como en tantos otros países, por otro lado), se edita infinitamente más de lo que se lee, y se reedita muchísimo menos de lo necesario.

Hace unos días escribía en esta bitácora una entrada referente a la caza de libros, y los medios con que contamos hoy día para localizar títulos que ya no es posible encontrar ni tan siquiera en las librerías de viejo de nuestras ciudades. Hay que cruzar, en ocasiones, medio país, varias fronteras o algún que otro océano para encontrar un libro que nos recomendaron, que leímos antaño o, simplemente, que han decidido dejar de editar porque no resulta rentable, o porque existe una nueva hornada de títulos que ofrecer. El mercado del libro fue devorado, tiempo atrás, por el consumismo exacerbado que tan bien ostenta el hombre moderno.

Dispuesto a no fenecer ahogado por la vorágine editorial, con mucho menos tiempo para leer debido al trabajo y, por tanto, con pocas ganas de acaparar los libros de la biblioteca pública más cercana durante semanas, con el consiguiente apremio de terminar su lectura, en los dos últimos años me he vuelto más consumista de libros: los compro de forma más compulsiva que antes, por lo que he debido buscar la forma de controlarme para no adquirir demasiados, y para no hacerlo según el arbitrio de la publicidad editorial de turno. Por un lado, ando sumergido en una larga saga, una novela río que me está apasionando y que os recomendaría encarecidamente: Canción de Hielo y Fuego, del autor norteamericano George R.R. Martin. Por otro, suelo indagar más que antes en los títulos que llaman mi atención, y para esto han resultado de gran ayuda los numerosos blogs literarios que sigo, y de los cuales cada vez cuento con más en mi lector de RSS. Por último, estoy dedicándome a buscar en mi memoria títulos que me gustaron de pequeño, o cuando era más joven, y las bibliotecas públicas constituían mi principal suministro de libros. Obviamente, su relectura a día de hoy me producirá una sensación distinta a la que me regalaron en su día, pero os aseguro que estoy disfrutando de lo lindo con algún que otro reencuentro. Para esta búsqueda me ayudan, por supuesto, las librerías de viejo e Internet (fundamentalmente con páginas web y buscadores de estas librerías), ya que la mayoría de títulos están descatalogados. Mi afán recolector sufre además el acicate de encontrar libros que me parecieron maravillosos en su día y que, llegado el momento, me gustaría compartir con mis hijos, y esperar que los disfruten como yo. Sé que es pecar de iluso, pero según se dice, este pecado es el último que se pierde.

Por último, ¿os soléis encontrar con el problema de libros descatalogados que andéis buscando? ¿Qué libros os marcaron u os gustaría recuperar, pasado el tiempo?