
¡Albricias! ¡
Homo libris cumple un añito de existencia!
1 año que equivale a
54 semanas o
365 días, en los que escribí
109 entradas, agrupadas mediante
113 etiquetas distintas en las que
36 seguidores y muchos lectores más dejaron
1.703 comentarios. Por todo ello, os doy
1.000.000 de gracias.
Cuando hace un año me senté ante el ordenador una fría tarde de otoño con la idea de crear un nuevo blog no imaginaba las grandes satisfacciones que me depararía. Ya había emprendido anteriormente andaduras similares mediante la creación de otros y, por aquél entonces, uno de ellos era la niñita de mis ojos.
Lobosoft, que a día de hoy presenta algunas telarañas entre sus entradas, sigue manteniendo un buen ritmo de visitantes (unos 300 diarios, a pesar de llevar un par de meses, si no tres, sin ser actualizado como debería). Desde un principio este blog sobre informática demostró ser un recurso interesante para los desarrolladores pero no tanto para otros usuarios. Salvo tres o cuatro honrosas (magníficas, realmente) excepciones, los lectores de ese blog son “paracaidistas” que llegan a través de Google buscando la solución para alguno de sus problemas, la encuentran (o no, quién sabe) y se van.
Los otros blogs que creé podrían considerarse en cierto modo experimentales, parcialmente fallidos y, en buena parte, obviados por la blogosfera ya que dejaron transcurrir su existencia sin llamar demasiado la atención. Aunque recientemente he recuperado la fórmula en las
Andanzas de un Trotalomas (versión 2.0) con mejor fortuna, esta es otra historia que no viene al caso narrar en este momento.
Aquel domingo de frío prácticamente invernal me traía a la memoria una de las novelas más apasionantes y recomendables de cuantas he leído en alguna ocasión. Así,
una breve reseña de El nombre de la rosa en la que apenas decía nada nuevo dio el pistoletazo de salida al blog que, con diferencia, más satisfacciones me ha dado. Por un lado, porque me ha permitido recuperar el espíritu de un proyecto que emprendí años atrás, cuando lo habitual en Internet eran las páginas estáticas, la mayoría estaba en obras (o así lo afirmaban los
gifs animados que aparecían por doquier en la red de redes) y al informático en ciernes que era un servidor se le pasó por la cabeza la idea de crear una página web cultural. En aquellos días colaboraba en la redacción de varias revistas (incluso fui miembro fundador de alguna que otra:
Bajo Cuerda, Fronteras, Al-margen…), e Internet me ofrecía posibilidades cuasi infinitas para lanzar una obra propia. Durante algún tiempo estuvo en funcionamiento, saltando de un servidor gratuito a otro hasta caer en el olvido. Posteriormente llegaría la tan traída y llevada web 2.0 y, con ella, un sistema de publicación que me pareció que democratizaba la difusión de contenidos en la red: los blogs. Tardé bastante en crear uno de ellos, pero cuando lo hice descubrí que me picaba nuevamente el gusanillo de la escritura que durante tanto tiempo había permanecido latente.
Todo esto que os cuento (y que parece uno de los relatos del siempre entrañable abuelo Cebolleta) pierde la hipotética importancia que pudiera tener frente a los parabienes de vuestra presencia. El blog me ha regalado miles de alegrías de manos de vuestra complicidad lectora, innumerables títulos que sumar a mi Plan Infinito y el descubrimiento de tantos y tantos blogs indispensables, con vosotros como autores y comentaristas de los mismos, que tanto me han enriquecido. Por todo ello, espero y deseo que Homo libris siga su andadura durante mucho tiempo (por más que en los últimos decenas de obligaciones me impidan estar tan al día como quisiera) y, ante todo, que pueda seguiros a quienes os encontré gracias a él y a todos aquellos cuantos me quedan por descubrir.
A todos, un millón de gracias y muchísimas felicidades. Me siento orgulloso de este, vuestro blog.