
Existe, desde el principio de los tiempos, una estrecha relación entre el mundo de las letras y el de las matemáticas, y en particular entre aquellas y la simbología de los números. En numerosos escritos suelen encontrarse referencias a cifras mágicas, con un significado oculto reservado para unos pocos iniciados. Esto es tanto más cierto cuanto más nos acercamos a los escritos de origen místico o religioso, en los que abundan textos que podrían ilustrar claramente lo que afirmo: los doce apóstoles de Jesucristo, los cuarenta día con sus cuarenta noches de diluvio universal, los siete pecados capitales e igual número de brazos de la
menorah judía o los cinco pilares del Islam recogidos en el
Corán, por poner unos pocos ejemplos. Sin embargo, esta preferencia por los números de significado cabalístico no es exclusiva de los libros sagrados de las religiones, sino que se encuentra con frecuencia en el folclore de los pueblos y en los escritos cultos de toda la Historia.
Por ejemplo, el número tres es uno de los más recurrentes. Podemos encontrarlo en la mitología griega, donde Paris, hijo del rey de Troya, es llamado por Zeus para dirimir quién sería, de entre las diosas Atenea, Hera y Afrodita, la más bella. Paris elegiría a la tercera, Afrodita, diosa del amor, que le otorgaría a cambio el amor por Helena, mujer de Menelao, rey de Esparta, y que traería desastrosas consecuencias por todos conocidas, y narradas para la inmortalidad en la Ilíada de Homero.
También eran tres las hermanas de la fábula que aparece en el cuarto libro de El asno de oro de Apuleyo. Psiches, la más joven y hermosa de todas, comienza a ser adorada como una diosa, por lo que sus coetáneos olvidan el culto a Venus. Ésta, enfadada, ordena a Cupido que la condene a enamorarse del más desgraciado de entre los mortales, pero es salvada in extremis por él, aunque no será la última desgracia de Psiches, que deberá enfrentarse a la envidia de sus hermanas mayores.
En El rey Lear, Shakespeare plantea una situación similar, al obligar el viejo rey a sus tres hijas a que le demuestren su amor. Las dos mayores de deshacen en carantoñas y alabanzas a su padre, pero la tercera no cree que ésta sea la manera de demostrar el inmenso amor que siente hacia su padre, y rehúsa actuar así. El rey Lear, no entendiendo la actitud de su hija, decide desheredarla y someterla a escarnio.
También en El mercader de Venecia, el bardo inmortal -como le llamaría Asimov en un genial relato-, introduce una situación similar, mostrando a la joven Porcia que, a petición de su padre, elegirá por esposo a aquél de entre sus pretendientes que sepa escoger con acierto entre tres cofrecillos, uno de oro, otro de plata y un último de plomo, el que contiene un retrato de la amada. Adivinad, o recordad, cuál es el correcto.
Soy un confeso amante de los cuentos tradicionales, especialmente de los cuentos populares rusos. Algún día debería escribir sobre mi particular pasión por la recopilación de Afanasiev, y las lecturas y relecturas que suscitaron sus libros durante mi infancia. Entre la variada temática de estos cuentos es habitual encontrar a tres hermanas, de las cuales la más inocente es la menor, o tres hermanos el último de los cuales parece ser siempre de cortas entendederas, y que tras sufrir la mofa de los mayores consiguen, gracias a su inteligencia e ingenio, salir victoriosos de cuantos obstáculos les son impuestos. La vaquita parda, Fomá Berénnikov, El adivino o El gato, el gallo y la zorra, son algunos de estos cuentos.
No es el tres el único número habitual de la literatura, aunque sea uno de los más abundantes, y su presencia se produzca acompañada de una particular simbología: el tercero siempre será el menor, el más desvalido, pero sabrá imponerse por encima de quienes intentan oprimirle. El siete también es una cifra bastante significativa y generalmente viene acompañada de la fortuna, aunque todo jardín tiene su ortiga. Siete es el número que ocupa Alvin Maker dentro de la familia de los Miller. Es el séptimo hijo de un séptimo hijo, lo que le concede una serie de poderes mágicos que le llevan a convertirle en un Hacedor, algo que le traerá terribles consecuencias de manos de un implacable enemigo. Como curiosidad, enhebrando el tema con el de la entrada de hace unos días, la banda inglesa Iron Maiden lanzó el disco Seventh Son of a Seventh Son basándose en esta saga de Orson Scott Card, convirtiéndose en uno de los más grandes álbumes conceptuales de todos los tiempos.
El uso de números para transmitir un significado oculto o místico a los textos ha trascendido a todos los géneros literarios, incluso el humorístico. Terry Pratchett, en su libro Ritos iguales, lleva a cabo una inigualable parodia de la saga de Alvin Maker al presentarnos a una joven Eskarina, octava hija de un octavo hijo, que adquiere poderes de bruja y mago a un mismo tiempo. La parodia no ha hecho más que comenzar.
Haciendo un singular y mal chiste: rememorando lecturas en las que los números cobrasen una especial importancia, ¿qué os contáis?
P.S.: Ya que el tres ha sido el número simbólico más referido en la entrada, os dejaba arriba una fotografía de Trotalomas Pissoni (Trotty para los amigos) junto a la madre de Firmin y su segundo esposo, Azufaifo de Indias. Trotty es una cobaya de biblioteca y gran amigo de Obito y Lupi, nuestros gatos lectores.