Posiblemente haya transcurrido más tiempo que nunca sin que escriba, desde el inicio de esta aventura bloguera, en Homo libris o en Andanzas de un Trotalomas. Aunque en los últimos tiempos mi ritmo de escritura había descendido bastante, lo cierto es que diversas circunstancias se han aliado para dificultarme aún más la labor. He dejado pasar efemérides tan queridas para mí como la semana en la que Verne y Dickens cumplían años, he dudado una y mil veces sobre la decisión de cerrar los blogs, dejar de escribir en ellos indefinidamente, hasta que las musas me alcancen (no estoy nada contento con lo que vengo escribiendo últimamente) o unirlos todos en uno solo, personal e intransferible, que denote algo de actividad incluso en estos malos momentos. Pero (¡ay!) como suele ser habitual en mí, sigo sin tomar una decisión al respecto.
No obstante, ahora que algunas de las circunstancias que me apartaban de aquí han desaparecido (si bien no creo que pueda contar con tanto tiempo como antes) he vuelto. Espero que para quedarme, aunque a estas alturas del partido no tengo nada claro. Intentando ver la situación desde una perspectiva positiva, si bien habréis notado quienes tenéis blog que también ando desaparecido del vuestro, he de decir que sigo presente en ellos, si bien de una forma silente. En diciembre del año pasado mi ajado, vetusto y heredado móvil sucumbió, así que me vi “obligado” a hacerme con otro (con lo felices que éramos sin ellos ;)). Aunque mi intención era otra, finalmente opté por uno de esos mal llamados teléfonos inteligentes y, como el buen retro-geek que soy, además de instalar en él alguno que otro emulador de ordenadores de 8 bits (Spectrum is forever), lo estoy usando para leer vuestras entradas, al tener los blogs vinculados a través lector de RSS correspondiente. Por el contrario, me da una pereza enorme escribir con mis torpes dedos en ese engendro de teclado táctil que incorpora, motivo por el cual no aparezco en los comentarios, aunque espero ir solucionando esto.
Por el camino han quedado unas cuantas lecturas y mucho trabajo acumulado. Pero como por algún lado hay que comenzar, os traigo aquí un brevísimo IMM, teniendo en cuenta que son tantos los libros que se me acumulan, con los primeros que aparecerán por aquí dentro de unos (pocos, espero) días.
La juguetería errante, de Edmund Crispin, ha sido un verdadero descubrimiento. Como con otros libros, me enamoró su portada, me intrigó su título y, solo después, conocí un argumento que me interesó sobremanera. La edición de Impedimenta es preciosa y el libro me encantó cuando lo leí, si bien posiblemente haya sido la más irregular de cuantas lecturas haya disfrutado en los últimos tiempos. Os hablaré de él dentro de poco.
José Antonio, propietario de la granadina editorial Traspiés, me hizo llegar a finales del mes pasado un par de libros que están promocionando actualmente. Ya hablé de la editorial en su día y de la buena impresión que causó en mí su libro de Jonathan Swift Una humilde propuesta. Los dos que me hace llegar gentilmente (muchas gracias, José Antonio) son El club de los parricidas, de Ambrose Bierce, y Un puesto avanzado del progreso, de Joseph Conrad. Dos libros satíricos, como el de Swift, que vienen a acrecentar la buena impresión que me causó la colección de libros ilustrados “Vagamundos”.
Actualmente estoy disfrutando de lo lindo con la aproximación a la historia de la agricultura y de la ingeniería genética que realiza magistralmente Francisco García Olmedo, catedrático de biología molecular vegetal, en su libro La tercera revolución verde. Creo que lo terminaré pronto, ya que es breve y la mar de ameno, y decididamente lo traeré al blog.
Y poco más, de momento. Espero ir retomando un ritmo aceptable de escritura y que mi presencia, para mal o para bien, se deje notar en los vuestros.
Un abrazo y, como siempre, ¡feliz lectura!




