
Hoy, como cada 5 de junio desde 1972, celebramos el
Día Mundial del Medio Ambiente. Nació por una iniciativa de la Asamblea General de Naciones Unidas, y la idea del mismo es impulsar la concienciación de la población en materia medioambiental, algo que debería hacerse de forma continuada, a mi parecer, ya que el impacto de nuestras actividades diarias sobre nuestro entorno es cada día mayor y, por ende, más grave.
Multitud de asociaciones y colectivos celebran este día con todo tipo de actividades: reparto de plantones de especies forestales autóctonas, material informativo, impartición de charlas, etc. Así, desde Homo libris quería sumarme a esta iniciativa comentando algunos libros relacionados con el tema que me parecen imprescindibles para conocer hacia donde nos dirigimos en nuestra querida pero maltratada aldea global.
Empiezo con un clásico, Primavera silenciosa, de Rachel L. Carson. Escrito a principios de los años 60, en él se denuncia el uso de pesticidas (fundamentalmente DDT) en el control de plagas en la agricultura intensiva. Durante su lectura, descubriremos cómo hasta los años 50 los esquimales no conocían lo que era el cáncer, pero diez años después comenzaron a sufrirlo, y a descubrir trazas de plaguicida en sus organismos. También la increíble masacre sufrida en Sheldon, EEUU, durante esa misma época, cuando al intentar exterminar el escarabajo japonés, el DDT fue escalando en la pirámide trófica, matando a escarabajos y lombrices, también a los roedores y dejando estériles a los pájaros que no murieron por el veneno. Sin duda, un libro que denuncia duramente el uso de sustancias químicas que, a día de hoy, aún están presentes en la producción de algunos alimentos.
Ya que hablamos de comida, algo que nos llega muy de cerca, también me gustó muchísimo Otra manera de vivir, de la conocida primatóloga Jane Goodall. La autora es a los chimpancés lo que Dian Fossey a los gorilas de montaña (recordad la inolvidable película Gorilas en la niebla, basada en su trayectoria vital). En este libro, Goodall trata de forma amena la importancia de la alimentación en el desarrollo de los primates y, por supuesto, del hombre. Repleto de vivencias de la propia escritora, defiende la agricultura ecológica, y el consumo de alimentos locales y de temporada, para evitar la sobreexplotación de la tierra. Nos hace reflexionar en torno al modo en que se obtienen determinados alimentos (como las granjas donde viven masificados cerdos, vacas o gallinas ponedoras), y lanza un reto al lector: con nuestro voto silencioso, cuando vamos a la tienda a comprar, estamos decidiendo el modelo de vida que deseamos, para nosotros y, por extensión, para otros seres vivos.
Sí, colectivamente, nosotros, el pueblo, somos la fuerza que puede traer el cambio. Cada vez que salimos a comprar, cada vez que elegimos una comida en un restaurante, nuestras elecciones –lo que decidimos comprar o pedir- tiene importancia no solo para nuestra salud y equilibrio mental, sino también para el futuro del planeta. Afortunadamente, cada vez más gente se da cuenta de ello. Cada vez que un individuo cambia en su modo de vida, una persona más se apunta a la alimentación sana y ética.
De la pluma de uno de nuestros más reputados científicos, Miguel Delibes de Castro, y de su padre, el gran literato Miguel Delibes, nos llegó hace unos años un libro interesantísimo para comprender los problemas que aquejan a la tierra, y discernir cómo podemos enfrentarnos a ellos. Se trata de
La Tierra herida, una obra en la que padre e hijo dialogan, preguntándose mutuamente de qué modo podemos afrontar los problemas medioambientales y sociales que estamos creando y dejaremos por herencia a nuestros hijos. Trata temas como el cambio climático, la reducción de la capa de ozono, la desertificación o la pérdida de biodiversidad. Una obra magnífica que podemos encontrar en ediciones de bolsillo, la “normal” de tapa dura y una de lujo, acompañada por un impactante trabajo fotográfico.
Últimamente se habla de crisis, crisis, crisis. Pero la económica no es la única, ni la más importante. De hecho, viene provocada por una crisis de valores medioambientales y sociales, propia del paradigma del consumismo exacerbado. Durante prácticamente el último siglo, la economía se ha basado en el consumo insaciable, en la ambición de tener más, a costa de todo y de todos. No importan las consecuencias, no cabe pensar en el otro. Vivimos en crisis continua, y en deuda con los países más pobres y nuestro medio ambiente. Ante esto, la única salida posible es apostar por un mundo más justo, más equitativo, más sostenible (palabra ésta que no se cae de boca de los políticos, y que está siendo vaciada de todo sentido, por desgracia). El decrecimiento, el vivir y disfrutar más, con menos, es la apuesta que nos hace Mejor con menos, de Joaquim Sempere, que considero muy interesante para descubrir cómo podemos mejorar nuestros hábitos de ocio y consumo.
Pero para los más jóvenes también hay propuestas. Por ejemplo, el clásico Momo, de Michael Ende, transmite valores de aprovechamiento y buen uso del tiempo, de cómo lo disfrutamos y a qué lo dedicamos. Vivimos con prisas, sin tiempo para la familia, para disfrutar, para aprender y mejorar como personas. Desde nuestro nacimiento, competimos por ser más rápidos, más altos, mejores que los demás. En nuestra sociedad se exalta la competitividad en todas las facetas posibles: en la escuela, en el trabajo, en el deporte… ¿Y de qué nos sirve? ¿Cómo nos hace mejores personas? Momo, nuestra protagonista, vive sin familia, sola, en un anfiteatro romano a las afueras de la ciudad. Sus amigos le llevan comida, y acuden a visitarla porque tiene un inmenso don: es capaz de escuchar como nadie. Cuando aparezcan los hombres grises, instando a todos a ahorrar el tiempo y dedicarlo a otros menesteres, ella y sus amigos serán los únicos que puedan alertar a la población del grave riesgo que corre.
Una novela que me encantó en su día (como ya lo hiciera años antes la versión cinematográfica, protagonizada por Harrison Ford) fue La Costa de los Mosquitos, de Paul Theroux, en la que un moderno Robinsón, genial inventor y descreído de la sociedad, aleja a su familia del consumismo imperante en Norteamérica para llevarles a la Costa de los Mosquitos, en Honduras, para hacer realidad su utópica forma de entender la vida. Un personaje que amaremos u odiaremos, pero que no deja a nadie indiferente.
Obviamente, existen muchos más libros que tratan de profundizar en la problemática medioambiental, o concienciar sobre la necesidad de preservar nuestra naturaleza. No quería terminar la entrada sin citar al más grande divulgador medioambiental de nuestra historia reciente: Félix Rodriguez de la Fuente, a quien perdimos hace 29 años, pero cuya obra y recuerdo quedará siempre con nosotros. Como director de diversas obras, entre la que se cuenta la magnífica enciclopedia Fauna, y como padre espiritual de toda una generación de biólogos, ambientólogos y apasionados del medio natural, Félix supo transmitir, como nadie, su pasión y amor por la naturaleza y el hombre. Vaya para él este sencillo homenaje.
Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.
Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.
Extracto de la Carta del jefe indio Seattle.