miércoles, 22 de agosto de 2012

Libros sin hogar

Me lo ha hecho llegar Azote y (comprendedme) no he podido evitar traerlo aquí. Para leerlo bien, pulsad sobre la imagen.

Podéis encontrar el original y otros cómics del autor en su web, Incidental comics.

För en tid som bara går och aldrig kommer igen


Deambulando hace un par de días por la Biblioteca Pública Provincial de Granada, en su laberinto formado por muros de papel, se me dibujaban en la memoria tantos momentos allí vividos, las horas entre libros y las lecturas disfrutadas, y echaba de menos aquellos tiempos en los que regresaba a casa con la mochila repleta de páginas por leer, el rostro aterido por el frío viento que bajaba de la sierra, entre olores a pan caliente y castañas asadas. 

No llega el invierno aún (no con la prontitud que desearíamos más de uno), y el estío nos muestra estos días su rostro maldito de incendios forestales y temperaturas extremas, y de nada valdrá la nostalgia cuando, asentado en la realidad, recorra los tres pasillos de libros y audiovisuales de la biblioteca malagueña, con sus lomos marcados por la nomenclatura de un arcaico sistema de clasificación bibliográfica, y eche de menos la ciudad del Darro y el Genil. 

Por eso, mientras ocupo mis días estudiando Ecología (en el enlace a "Andanzas de un Trotalomas" os dejo un breve fragmento de un texto de Aristóteles que ya vaticina el estudio de esta ciencia, en el que describe todo tipo de relaciones intraespecíficas e interespecíficas y que encontré precisamente en la biblioteca granadina) y maldiciendo entre dientes este último año que ya nació torcido y ha crecido contrahecho, deseo que llegue septiembre y que pase volando este último tramo, plantarme ante los meses que están por venir y reorganizar mi vida (y nunca he sido de propósitos de año nuevo, ya sea este sideral o académico), fijar mis prioridades y retomar, entre otras cosas, un hábito lector que ha quedado maltrecho en los últimos tiempos y que siempre fue, para mal o para bien, uno de mis indicadores de salud y paz mental.

Posiblemente sí que sea esta vez la de mi regreso a estos pagos cibernéticos. No sé cuánto tardará en llegar ni si será duradero, pero me gustaría que fuese con unas ganas retomadas por escribir (disfrutar haciéndolo y sentirme bien con lo escrito) y, por supuesto, por compartir lecturas tanto aquí como en vuestros blogs, que nunca he dejado de visitar si bien de forma errática en la figura de un ente etéreo y silencioso que no dejaba huella ni tan siquiera en el cajoncito de los comentarios.

Nos vemos en unas semanas y, entretanto, os dejo con "Elegi", de Lars Winnerbäck, un hermoso descubrimiento que me brindó Azote tiempo atrás.



För en tystnad mellan väggarna som skar genom cement
Två ögonpar i tomhet från september till advent
För en man som gick till jobbet som om inget hade hänt
För en kvinna som sa allting är förstört, allt är brännt

En elegi för alla vägar som vi inte vandrat än
för en tid som bara går och aldrig kommer igen

¡Feliz lectura! 

jueves, 26 de julio de 2012

There Will Come Soft Rains


 Sara Teasdale, "There Will Come Soft Rains". The Flame and the Tale.

There will come soft rains and the smell of the ground,
And swallows circling with their shimmering sound;

And frogs in the pools singing at night,
And wild plum-trees in tremulous white;

Robins will wear their feathery fire
Whistling their whims on a low fence-wire;

And not one will know of the war, not one
Will care at last when it is done.

Not one would mind, neither bird nor tree
If mankind perished utterly;

And Spring herself, when she woke at dawn,
Would scarcely know that we were gone.

martes, 10 de julio de 2012

La isla del lago de Innisfree


Siempre es un placer leer a Yeats, máxime si es con un poema tan hermoso como el que traigo a esta entrada. Y si podemos escucharlo, además, en su voz, y recordar así su obra y la de Thoreau (pues la inspiración de Walden es más que manifiesta) mejor que mejor. Alegremos pues el día y nuestras lecturas con The Lake Isle of Innisfree.

The Lake Isle of Innisfree
por William Butler Yeats

I will arise and go now, and go to Innisfree,
And a small cabin build there, of clay and wattles made,
Nine bean-rows will I have there, a hive for the honey bee,

   And live alone in the bee-loud glade.
And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight's all aglimmer, and noon a purple glow,

   And evening full of linnet's wings.
I will arise and go now, for always night and day,
I hear lake and water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements gray,
   I hear it in the deep heart's core.
¡Feliz lectura!

miércoles, 4 de julio de 2012

El expediente Barcelona

No me prodigo últimamente demasiado con las entradas del blog, pero resultaría de todo punto impensable que dejase pasar la ocasión de hablaros de uno de los libros que posiblemente más haya citado por aquí. No hace mucho terminaba de leer El expediente Barcelona, la primera de las novelas de Francisco González Ledesma en la que hace aparición el inspector Méndez, protagonista de tantas obras imprescindibles del autor, y he de decir que me ha encantado. Si bien la lectura se ha prolongado mucho más de lo que habría sido habitual para un libro de poco más de 300 páginas, ya que lo he leído en el poco ortodoxo soporte de mi móvil, aprovechando momentos vacíos y trayectos en transporte público cuando no llevaba un libro encima, lo cierto es que la he disfrutado hasta el punto de releer sobre la marcha fragmentos y capítulos completos, y estoy deseando hacerme con una copia en papel, ya que fue reeditado no hace mucho (y es que, señoras y señores que “velan” por la cultura, los libros electrónicos no tienen que suponer forzosamente la muerte de los tradicionales).


En El expediente Barcelona Ledesma nos llevará a los barrios de Barcelona que tan bien conoce, como no podía ser de otro modo, para descubrirnos las entretelas de un caso de terrorismo en el que aparecen vinculadas figuras de la burguesía catalana y los nuevos sindicalistas del posfranquismo en una historia hilvanada con una fina ironía, con el profundo desencanto de los que abandonaron sus ideales y con un amor interesado e inconstante.

En la novela se palpa el conocimiento que tiene el autor sobre el mundo del periodismo, de la abogacía y del movimiento obrero en la Barcelona de la época (no hay que olvidar que este abogado, dedicado a la literatura desde su juventud a pesar de ser censurado por el franquismo, tuvo que trabajar para Bruguera como escritor de novelas populares y como abogado de la editorial, y que además llegó a ser redactor jefe de La Vanguardia), y constituye un fiel reflejo de la sociedad barcelonesa de aquel entonces; un ejemplo en toda regla de la novela negra de corte social en España que conviene no perder de vista.

Por lo pronto, a mí se me ha abierto el apetito por la novela negra, un mundillo en el que hacía tanto que no me adentraba más que por las imprescindibles reseñas de Lammermoor o de Alice Silver, y que me apetece saciar continuando con la lectura de la “Serie Méndez”. Me esperan, por tanto, en cuanto dé buena cuenta de los libros que tengo entre manos, Las calles de nuestros padres. Entretanto, os invito a disfrutar este verano de esta impactante novela y os dejo con algunas de las apariciones de fragmentos de la misma en el blog y con la entrevista a González Ledesma.
¡Feliz lectura!

miércoles, 27 de junio de 2012

#bibliotecasvspitbull

Todo el mundo con la lengua afuera
todo el mundo con la lengua afuera (no tengas pena)
todo el mundo con la lengua afuera
todo el mundo con la lengua afuera (dice)
dale que tu puede (dale que tu puede)
dale que tu puede (dale que tu puede)
 I'm feeling so (hot, hot, hot)
mami looking so (hot, hot, hot)
I wanna tickle her (spot, spot, spot)
until she says dont (stop, stop, stop)
it will be my pleasure to please you (lick, click, bite, bite, nibble, nibble, tease ya)
dime mami ay que rico (ay, ay, ay)
chico I wanna se C.L.I.M.A.X (climax yes)
I get of watching you get of
come on baby show me what your working with now set it off [...]
Yo no quiero agua,yo quiero bebida mami,
tu eres loca no te hagas la fina.
Yo no quiero agua,
yo quiero bebida mami,
tu eres loca no te hagas la fina.
No tengo nada en contra de que la gente disfrute con aquello que le gusta siempre y cuando se lleve a cabo desde el respeto, pero me parece lamentable que el Ayuntamiento de Málaga se dedique a subvencionar un concierto de reggaeton (que no es un estilo musical que predique precisamente esa igualdad entre sexos que las administraciones públicas tanto se esfuerzan en inculcar) mientras recorta en servicios porque, dice, no tiene dinero. Por ejemplo, en el horario de apertura de las bibliotecas. Queda clara así la apuesta por la cultura de este ayuntamiento, que duró lo que sus pretensiones a optar a la capitalidad europea de la cultura en 2016. Muerto el perro se acabó la rabia; muerto el sueño, se acabó la pasta.




Y como parte de ese dinero sale de mi bolsillo tanto como del resto de los contribuyentes, hoy he decidido usar el blog para manifestar mi pataleo particular. No soy el único, en Twitter podéis seguir las opiniones de la gente en el hashtag #bibliotecasvspitbull.

De partida, me parece mal que dediquen ese dinero a financiar los conciertos de artistas más que consolidados, como podría ser el de Serrat y Sabina, en lugar de dedicarlo a dar a conocer e impulsar la carrera de artistas locales. Pero ya puestos a financinar, que no me comparen la calidad artística y cultural de estos con la de aquel, por ejemplo.


Nota: El párrafo que encabeza la entrada es un fragmento de letra de una canción de Pitbull. La he tomado de una página web y no he sido capaz de corregirla para que quede bien (tengo miedo a, desde mi ignorancia, destrozar una manifestación artística que, quién sabe, tal vez deba estar escrita así). 



lunes, 18 de junio de 2012

Recordando

Mi abuelo, también

Tal vez el día lluvioso sea el responsable de esta melancolía. Somos una máquina complicada en la que los hilos del presente activo se enredan en la tela del pasado muerto y todo eso se cruza y entrecruza de tal modo en lazos y apreturas, que hay momentos en los que la vida cae toda sobre nosotros y nos deja perplejos, confusos y súbitamente amputados del futuro. Cae la lluvia, el viento disloca la compostura árida de los árboles deshojados- y de tiempos pasados viene una imagen perdida, un hombre alto y flaco, viejo, que ahora se aproxima, por una senda encharcada. Trae un cayado en la mano, un capote embarrado y antiguo, y por él resbalan todas las aguas del cielo. Delante, avanzan los animales fatigados, con la cabeza baja, rasando el suelo con el hocico. Hombre y animales avanzan bajo la lluvia. Es una imagen común, sin belleza, terriblemente anónima.
Pero este hombre que así se aproxima, lento, entre cortinas de lluvia que parecen diluir lo que en la memoria no se ha perdido, es mi abuelo. Viene cansado, y viejo. Arrastra consigo setenta años de vida difícil, de dificultades, de ignorancia. Y con todo, es un hombre sabio, callado y metido en sí, que sólo abre la boca para decir las palabras importantes, las que importan. Habla tan poco (son pocas las palabras realmente importantes) que todos nos callamos para oír cuando en el rostro se le enciende algo como una luz de advertencia. Eso aparte, tiene un modo de estar sentado, mirando a lo lejos, aunque ese lejos sea sólo la pared más próxima, que llega a ser intimidante. No sé qué diálogo mudo lo mantiene ajeno a nosotros. Su rostro está tallado a hachuela, fijo, pero expresivo, y los ojos, pequeños y agudos, tienen de vez en cuando un brillo claro como si en ese momento algo hubiera sido definitivamente comprendido. Parece una esfinge, diré yo más tarde, cuando las lecturas eruditas me ayuden en estas comparaciones que abonan una fácil cultura. Hoy digo que parecía un hombre.
Y era un hombre. Un hombre igual a muchos de esta tierra, de este mundo, un hombre sin oportunidades, tal vez un Einstein perdido bajo una espesa capa de imposibles, un filósofo (¿quién sabe?), un gran escritor analfabeto. Algo sería, algo que nunca pudo ser. Recuerdo ahora aquella noche tibia de verano cuando dormimos, los dos, bajo la higuera – lo oigo hablar aún de lo que había sido su vida, del Camino de Santiago que sobre nuestras cabezas resplandecía (cuántas cosas sabía él del cielo y de las estrellas), del ganado que lo conocía, de las historias y leyendas que eran su caudal de la infancia remota. Nos dormimos tarde, enrollados en la manta lobera, porque al amanecer refrescaría sin duda y el rocío no caía sólo sobre las plantas.
Pero la imagen que no me abandona es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado y silencioso, como quien cumple un destino en el que nada se puede modificar. A no ser la muerte. Pero entonces, este viejo, que es mi abuelo, no sabe aún cómo va a morir. Aún no sabe que pocos días antes de su último día va a tener la premonición (perdona la palabra, Jerónimo) de que ha llegado el fin. E irá, de árbol en árbol de su huerto, abrazando los troncos, despidiéndose de ellos, de los frutos que no volverá a comer, de las sombras amigas. Porque habrá llegado la gran sombra, mientras la memoria no lo haga resurgir en el camino encharcado o bajo la concavidad del cielo y la interrogación de las estrellas. Sólo esto – y también el gesto que de repente me pone en pie y la urgencia de la orden que llena el cuarto tibio donde escribo.

José Saramago.
Y hoy, dos años después de tu pérdida, te seguimos extrañando, abuelo nuestro, también.