El viejo se despierta, como siempre, antes de amanecer. Allí se levantaría en seguida, para su ronda matinal: pisar la tierra húmeda todavía del relente nocturno, respirar aire recién nacido, ver ensancharse la aurora por el cielo, escuchar los pájaros... Allí sí, pero aquí...
[…]
El viejo se levanta, se pone el pantalón y pasa a la cocina. No enciende para no delatarse, le basta el difuso claror callejero. Abre el armario: en su despensa del pueblo le asaltaba una ráfaga de olores, cebolla y salami, aceite y ajos. Aquí, ninguno; todo son frascos, latas, cajas con etiquetas de colorines, algunas en inglés. Coge un paquete cuyo rótulo promete arroz, pero dentro aparecen unos granos huecos, medio tostados e insípidos.
En el frigorífico, el queso es un trozo amarillento, blando y sin sabor apenas; menos mal que puede mezclarlo con unos trocitos de cebolla encontrada en una caja hermética de plástico... El vino, toscano, y para colmo helado... Por todo pan, uno de fábrica: panetto... ¡Si al menos pudiera meter mano a una buena hogaza de verdad, del horno de Mario! ¡Qué sopas de leche!... Y eso negro en el cilindro transparente de ese chisme seguramente será café, pero ¿cómo se hace para calentarlo? Alarma súbita: un despertador en la alcoba. La casa se anima y aparece Renato dando en voz baja los buenos días. Acciona el aparato del café y saca otro artefacto del armario, lo enchufa y pone a tostar dos trozos cuadrados de panetto. Escapa al baño y se oye correr el agua. Aparece Andrea y exclama destempladamente:
-Pero, ¡papá! ¿Qué hace levantado tan temprano?
Sale sin esperar respuesta y tropieza en el pasillo con su marido, susurrándose palabras uno a otro. Se multiplican los ruidos: grifos abiertos, gorgoteo en sumideros, choquecitos de frascos, ronroneo de afeitadora, la ducha... Luego el matrimonio en la cocina, estorbándose ambos al prepararse los desayunos. El viejo acepta una taza de ese café aguado y pasa al baño a lavotearse. A poco entra Renato:
-¡Padre, que tenemos agua caliente central!
-No quiero agua caliente. No aviva.
Renuncia a explicar al hijo que la fría le habla de regatos en la montaña, olor a hoguera recién encendida, visión de cabras ramoneando unas matas aún blancas de la escarcha. Entre tanto, los hijos van y vienen cautelosos desde la alcoba a la cocina, vistiéndose mientras muerden las tostadas salidas del aparato.
La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro.
martes, 9 de abril de 2013
Nos quedamos sin Sampedro
No me salen más que lágrimas, la garganta se me contrae y las únicas palabras que me vienen a la cabeza son suyas. Descanse en paz, querido maestro.
domingo, 24 de marzo de 2013
Ese desconocido
Se cumplen hoy ciento ocho años del fallecimiento de Verne (Julio, en mis años mozos, y actualmente Jules, de un modo más acertado) y, aunque no siempre menciono en el blog este tipo de efemérides, sí que he considerado necesario recordar al ilustre francés en el día de hoy, cuando coinciden en el tiempo este aniversario y una de las lecturas que tengo entre manos actualmente: La isla de Bowen, un sentido homenaje a las novelas clásicas de aventuras, y muy especialmente a las de Jules Verne.
“Soy el más desconocido de los hombres”. Así se definía Verne a sí mismo en sus últimos días, de un modo tan acertado como triste. A pesar de la relevancia mundial de su obra y del reconocimiento público a su figura, Verne se sentía un incomprendido, atrapado como estaba por una vida personal con la que no terminaba de estar satisfecho y preso de una vida profesional en la que, a su pesar, no había alcanzado algunas de las metas que había deseado con más vehemencia. Todavía hoy el escritor francés es víctima de los prejuicios y estereotipos que se construyeron en torno a él y, así, resulta frecuente encontrar su obra entre la literatura infantil y juvenil, y no tanto entre la de adulto. Si bien es cierto que el público hacia el que dirigió su editor Hetzel la colección «Viajes Extraordinarios» fue el juvenil, no lo es menos que la obra de Verne se lee con deleite de adulto y con una profundidad que escapa, en muchos casos, a esas primeras lecturas que tantos hemos disfrutado de jóvenes.
Hay un par de libros que me gustaría recomendaros hoy. El primero de ellos lo leí hace más de veinte años y me fascinó. Me hice con él un Día del Libro, en un puesto que instalaron en el instituto, y su lectura me ofreció una visión mucho más amplia de un autor cuya vida ya había vislumbrado en las biografías que acompañaban, por ejemplo, a los títulos de la colección «Tus libros» de Anaya, todo un referente de buen hacer en aquella época. Estoy hablando de Julio Verne, ese desconocido, de Miguel Salabert, el que fuera traductor de tantas de sus obras al español. En esta obra, Salabert recorre la vida de Verne y gracias a él conoceremos la difícil relación con su estricto padre, Pierre, y su descocado hijo, Michel; su relación con el mar y la navegación, que después estaría presente siempre en su obra; sus inicios teatrales y el despertar de una vocación literaria que terminaría por constituir su modo de vida. Todo ello aderezado con referencias a sus obras, fragmentos de las mismas y reflexiones en torno a las decisiones que tomó Verne (o le fueron impuestas) a lo largo de su vida.
El segundo título es Sueños de ciencia. Un viaje al centro de Jules Verne, de Jesús Navarro. Este libro fue publicado recientemente, con motivo del centenario de su muerte, y ofrece un merecido acercamiento a la obra del que podemos considerar uno de los mayores divulgadores de ciencia que hayan existido. Porque Verne, en gran parte gracias a las exigencias de su editor, ofreció a los lectores de su época unas obras repletas de vastas descripciones científicas: por sus libros se pasean, como una protagonista más, la física, la química, las matemáticas y, sobre todo, la geografía, la ciencia de moda del siglo XIX. Y aunque algunas de sus argumentaciones hayan podido quedar obsoletas con el paso del tiempo, lo cierto es que en su mayoría estuvieron tan bien fundamentadas que se llegarían a considerar premonitorias, dotando a Verne de un halo de visionario que, en ocasiones, le ha hecho más mal que bien.
Personalmente, creo que aprovecharé el tirón de La isla de Bowen para releer algunas de las obras de Verne, leer alguna de sus obras menores que tenga pendientes, así como este par de interesantes ensayos sobre su vida y obra, una vez más. Lo último que leí suyo fue, por enésima vez, su obra más magnífica: La isla misteriosa. Una novela que me marcó poderosamente en mi infancia (la leí cuando tenía diez u once años, no más) y que he releído en varias ocasiones desde entonces sin que me deje indiferente en ninguna de ellas.
Os invito, pues, a recuperar a Verne de la estantería. A acercaros a él con la mente abierta y dispuestos a asombraros una vez más con las aventuras de sus personajes y con la lírica de la ciencia. Porque no hay viaje más extraordinario que el propulsado por nuestra increíble mente, por su poderosa imaginación y por el afán de descubrimiento que nos caracteriza como especie.
Por último, me gustaría compartir aquí un par de documentales producidos por la UNED: Julio Verne. Por los abismos de la imaginación y Julio Verne. La fascinación de la aventura.
¡Feliz lectura verniana!
jueves, 14 de febrero de 2013
Una de cal y una de arena
Hace solo unos días empezaba (y tal como lo hacía, acababa, pues es obra breve) la lectura de Lo que sé de los hombrecillos, la última novela publicada por Juan José Millás, un libro que había llamado mi atención tiempo atrás aunque, en aquel momento, había dejado pasar la oportunidad de leerlo. Aunque la historia fluye ante nuestros ojos con facilidad y Millás muestra en ella su preclara capacidad de llevarnos por los senderos más tortuosos de la mente humana sin que nos quede otra opción que acompañarle (más bien nos dejamos llevar por su acompasado y bien ajustado discurso), lo cierto es que al pasar la última página mi mente formuló una pregunta: «Bueno, ¿y qué?».
Lo cierto es que las aventuras y desventuras de un viejo profesor de economía prácticamente retirado de la docencia, que irá dejando de lado a su tercera esposa, profesora universitaria también, en aras de vivir unas experiencias de las que desean hacerle partícipe los pequeños hombrecillos a los que únicamente él es capaz de ver, me han dejado completamente indiferente. Lo que podría resultar a priori una interesante revisión de Los viajes de Gulliver, y Millás no pudo ser ajeno a esta forzosa comparación cuando hilvanó la historia, no deja de convertirse en compendio de un lujurioso abandono, de una onanista decadencia, de un sumergirse en lo más abismal y, por ende, oscuro, prohibido y abyecto de los anhelos humanos.
Lo que sé de los hombrecillos al finalizar el libro es poco más de lo que conocía al empezar su lectura. Pero de Millás sí que sé que podría haber dado más de sí, y es que en cierto modo la lectura me ha recordado a algunas de las últimas novelas de Auster o Saramago que, puede que sobreprotegidas por sus hermanas mayores han visto la luz prematuramente, forzadas quién sabe si por contratos editoriales o por una necesidad de publicar que no estuvo en esta ocasión acompañada por la autoexigencia a la que habitualmente nos han tenido acostumbrados estos autores.
Cuando terminé la lectura pensé escribir una entrada titulada, justamente, «Bueno, ¿y qué?», pero finalmente me decidí a esperar, ya que precisamente unos días después iba a reencontrarme con Millás y su obra, y algo me decía que en esta ocasión el encuentro no iba a resultar tan desafortunado. Fue la pasada semana, precisamente, cuando Azote y este vuestro servidor nos dirigimos al teatro a disfrutar de la representación de La lengua madre, una obra de teatro inspirada en la conferencia Las palabras que se nos ofrece así remozada y adaptada a este nuevo formato tanto por el propio Millás como por el grandísimo actor Juan Diego.
En La lengua madre, Diego se nos presenta como un conferenciante algo despistado, enamorado de la lengua, que reflexiona y divaga maravillosamente entre el mundo casi onírico, inmaterial, de las palabras, y el tangible que las representa. “El orden alfabético es el único que no se han atrevido a alterar”, declama nuestro conferenciante, preocupado porque a nuestros pies caen el orden social, el político, el moral… ¿Cómo comienzan las catástrofes?, se pregunta, y las palabras se encadenan, nos llevan de la risa al llanto una y otra vez en apenas hora y cuarto, se arrebozan tras símiles imposibles, en un liberalismo que roba toda libertad, en eufemismos como la desregularización que nos venden los mercados (el padre de todos los eufemismos, ese monstruo sin ojos que a su vez nos ha cegado) y que no es más que la privatización de lo “público” (¡ja!) que buscan tantos políticos.
Nuestro conferenciante, el viejo profesor de literatura que viaja de su infancia a estos días aciagos que nos ha tocado vivir, no necesita asomarse a la ventana para ver la que está cayendo. Porque, como dice Emilio Hernández, el director de la obra,
Por eso nuestro hombre en vez de abrir la ventana abre el diccionario, porque allí se siente como en el útero materno, seguro de no encontrarse con un test de estrés, una hipoteca subprime, un cashflow o una prima de riesgo, todo ese lenguaje inventado por los que dominan el mundo para acomplejarnos, y que nos ha dejado huérfanos de la lengua madre que tan ricamente nos alimentaba de su teta y nos daba tanta seguridad.
Si tenéis oportunidad de verla, no dejéis de hacerlo. Os va a hacer reír y llorar, os va a traer miles de recuerdos de vuestra vida lectora, os va a hacer olvidar la triste realidad que vivimos y os la va a presentar con toda crudeza, porque nos están robando todo, hasta el significado de las palabras. ¿Os imagináis vivir en un mundo donde “madre” sea una palabra huera? ¿Que la hayan vaciado de significado?
Las palabras que son el único tesoro que es patrimonio de todos porque lo hemos construido entre todos. Y eso significa que todos y cada uno de nosotros somos coautores, por ejemplo, de El Quijote. Aunque también de los discursos de Nochebuena del Rey. Vaya una cosa por la otra.
Notas:
La fotografía de la obra pertenece a esta página de El Mundo y es propiedad de sus autores.
La conferencia de Millás puede verse en YouTube: parte 1, parte 2, parte 3.
martes, 22 de enero de 2013
Biografía de Thoreau
Uno de los últimos libros que leí antes de que acabase 2012 fue la biografía de Thoreau escrita por Antonio Casado da Rocha y que, editada por Acuarela Libros, está disponible para su descarga gratuita ya que ha sido publicada según los términos de la licencia libre Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.0.
All good things are wild and free.
Afirmar que leí con gusto el libro sería quedarme corto en la descripción de lo que resultó ser un apasionante recorrido por la vida de este personaje tan singular y querido por mí. El que fuera inspirador de figuras de renombre como Gandhi o Martin Luther King se nos ofrece aquí sin ambages, tal cual fue, y así es como descubrimos al Thoreau enamorado, al joven rebelde que estudiara en Harvard y que se permitió el gusto de rechazar el diploma de Master of Arts que concediera la Universidad a los bachilleres pero que asistió a la ceremonia de graduación donde leyó un discurso en el que llegaría a afirmar:
Que los hombres sigan con autenticidad el camino que les indica su naturaleza y cultiven los sentimientos morales, viviendo vidas independientes y virtuosas; que hagan de las riquezas medios para la existencia, nunca fines, y no volveremos a escuchar una palabra sobre el espíritu comercial. El mar no va a detener su movimiento; la tierra seguirá siendo tan verde y el aire tan puro como siempre. Este curioso mundo que habitamos es más maravilloso que conveniente, más hermoso que útil; está más para ser admirado y disfrutado que para ser utilizado. El orden social de las cosas debería invertirse en cierto modo: el séptimo debería ser el día de labor en que el hombre se gane el pan con el sudor de su frente; los otros seis, su descanso dominical para el alma y los sentidos, para poder recorrer este amplio jardín y beber de los sutiles influjos y las sublimes revelaciones de la naturaleza.
Durante un par de tardes de un fin de semana invernal pude recorrer imaginariamente las aguas de los ríos Musketaquid y Merrimack embarcado con Henry David y su hermano, pasear a su lado en compañía de Emerson y Hawthorne, así como sufrir estoicamente una noche en prisión junto a él porque se negó a pagar un impuesto que consideraba injusto; no porque no pudiera afrontar el pago o porque quisiera una reducción de su importe, como le sugirió el alguacil que habría podido solicitar, sino por (simples, claros y habitualmente escasos) principios. Esta vida suya, regida por estos y el que resultara ser el germen de la desobediencia civil, constituyó la forma de entender el mundo de Thoreau y le llevó a alejarse de la sociedad para instalarse durante un par de años en su famosa cabaña junto al lago Walden.
Las obras sobre Thoreau, desgraciadamente, escasean en nuestro idioma. Por tanto, la oportunidad de poder acceder libremente a esta más que interesante biografía constituye una loable iniciativa por parte del autor y de la editorial del libro, y os animaría a disfrutar con la lectura de un texto que resulta tremendamente ameno y que acerca al lector del siglo XXI un personaje histórico que conviene (hoy más que nunca) tener presente.
Pues sólo amanece el día que nos encuentra despiertos. Y quedan muchos aún por alborear. El sol no es sino la estrella de la mañana.
Podéis encontrar el libro en formato electrónico en el blog de Acuarela Libros e impreso en su catálogo.
¡Feliz lectura!
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Thoreau
miércoles, 9 de enero de 2013
Los años del miedo
Hay que afrontar el mal tiempo con buena cara, y más nos vale hacerlo con lo que nos espera a quienes sufrimos en nuestras carnes lo descarnado de la crisis (esto es, a los españolitos de a pie y, por extensión, a la ciudadanía sometida a la dictadura de esos no por eufemísticos menos reales “mercados”). Y dado que no todo tiempo pasado fue mejor y que siempre viene bien conocer lo que ocurrió no hace tanto por estos pagos (y cómo nos las gastamos con el prójimo), retomo la actividad del blog y arranco el año (¡Feliz 2013!) reseñando mi última lectura del anterior: Los años del miedo, de Juan Eslava Galán.
El historiador y novelista jiennense recupera con este título la línea temporal de Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, un libro que a pesar de lo vaticinado por el título a mí me encantó. No por lo narrado, claro está, pero sí por la forma de hacerlo, sin posicionarse con ninguno de los bandos y dándoles a los dos para el pelo, pues tanto uno como otro tuvieron sus luces y sus sombras (e, independientemente de la legitimidad de cada cual, más de estas que de aquellas). Además de estos dos títulos sobre la Historia de España, el de Arjona ha publicado De la alpargata al seiscientos y La década que nos dejó sin aliento.
Eslava Galán, sin llegar a hacer una novela de los hechos históricos que describe en estos libros, sí que dota a la narración de una mayor humanidad destacando la historia de algunas de las personas que deambulan entre sus páginas y acercando así al lector los hechos del periodo histórico en cuestión. En Los años el miedo nos enfrentaremos a la dura posguerra, al hambre y la miseria que se extendieron por España como una plaga tras la contienda que recoge Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie. Conoceremos de primera mano el miedo a las represalias, a “significarse” ante los vencedores como un rojo, a terminar sepultado en una fosa común. Y pese a lo horrendo de la situación, aun cuando nos parezca abominable observar por la mirilla la reunión entre Franco y Hitler en Hendaya o comprobar lo cerca que estuvimos de entrar en la II Guerra Mundial a pesar de la agónica situación de los españoles, Eslava Galán, conocedor de su oficio, consigue que una sonrisa asome en nuestros labios cuando describe los retoques que la censura (de la que no se libró ni el propio dictador) imponía en la letra de las canciones de la época.
Las cartillas de racionamiento, la literatura popular, el gallinero de los cines, recetas tan singulares como la tortilla española (sin huevos ni patatas) y anuncios de la época se vuelven a encontrar en un libro que nos recuerda que esta época no nos queda tan lejos en el tiempo como en la memoria. Y, por qué no, nos puede hacer reflexionar sobre el camino que estamos tomando actualmente en esta España mía, esta España muerta.
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domingo, 11 de noviembre de 2012
Los pantalones de Thoreau
Alguna vez que otra he loado las excelencias de la pana como la tela perfecta. Lo que no imaginaba es que un querido amigo mío, hace bastante más tiempo, ya lo había hecho.
Así describía Thoreau sus pensamientos sobre la misma en su diario un 8 de mayo de 1857, con la sapiencia del naturalista y del que permanece alejado de la caducidad de cualquier moda. Podéis leer otros fragmentos del mismo en:
domingo, 4 de noviembre de 2012
Nuestro ingenioso planeta
¿Qué es la biodiversidad? ¿Cómo se relaciona con la evolución? ¿Qué relación tiene su pérdida con las acciones del hombre? ¿Y la erosión genética? ¿Y la sostenibilidad? Cada día escuchamos infinidad de términos que, siendo sistemáticamente repetidos, quedan asimilados parcialmente en la mentalidad colectiva. Y digo parcialmente porque o no se entienden en toda su extensión o se repiten las palabras, huecas, vacías de significado, como "loritos" que no se cuestionan qué significan realmente. Y lo que es peor, nadie se preocupa de explicarlas porque se asume que son conocidas por todos.
Hace un par de años, en 2010, se celebró el Año Internacional de la Biodiversidad. Una celebración marcada por la vergüenza de no alcanzar ni de lejos los mínimos que los líderes mundiales se habían marcado ocho años antes y que buscaban frenar la pérdida de biodiversidad que se está produciendo a nivel global en el planeta. Una pérdida de especies que es, aproximadamente, mil veces superior a lo que debería y que ha provocado que numerosos científicos, muchos de ellos reconocidos divulgadores (Sir David Attenborough, Edward O. Wilson, James Lovelock…) pidan que, en un ejercicio de responsabilidad, todos trabajemos unidos para combatir este preocupante hecho.
Entre las numerosas publicaciones que aparecieron en 2010 me había pasado desapercibida esta que os traigo y recomiendo enfervorecidamente hoy: Elemental, queridos humanos. Vida y andanzas del ingenioso planeta Tierra contadas por Juan Luis Arsuaga con dibujos de Forges. No sé cómo se me pudo pasar en su día, pero cuando vi el libro en su nueva y flamante edición de bolsillo no pude hacer otra cosa que llevármelo conmigo y devorarlo. Devorarlo, sí, porque es un libro que se lee con gusto, con una sonrisa en los labios y que divulga sin que nos demos ni cuenta (como ha de ser). Las ilustraciones de Forges son, en ocasiones, didácticas, y las más de las veces simplemente divertidísimas.
Los contenidos del libro nos llevan en un viaje en el tiempo desde la formación de la Tierra hasta nuestros días, repasando conceptos y presentando otros con una claridad expositiva admirable. No da nada por sabido pero tampoco cansa, a mi parecer, al que ya conoce de qué se está hablando. Así, conoceremos lo antigua que es la vida sobre la Tierra, cómo su evolución ha generado una asombrosa diversidad de especies entre las que una muy particular, que apareció sobre la faz del planeta hace nada, anteayer, como quien dice, está trastornando el entorno que le rodea gracias a su espectacular crecimiento y capacidad de adaptación. Y que en esos cambios que imprime a su alrededor hay numerosísimas especies que son incapaces de adaptarse y terminan desapareciendo. Algo que, si bien es consuetudinario a la propia esencia de las especies, no ocurría a una velocidad similar desde las anteriores extinciones masivas que afectaron al planeta.
Cómo puede afectar esto al hombre es algo que está por determinar, pero en el mejor de los casos no nos va a favorecer, así que imaginad en el peor de ellos. El libro trata de hacernos pensar sobre la importancia de la diversidad biológica del planeta, de nuestro hogar, y hasta qué punto necesitamos de ella.
Para terminar, os dejo con una reflexión que hacía Miguel Delibes de Castro sobre la biodiversidad. Como buen divulgador presentaba un ejemplo que a todos nos resultará claro: imaginad esa lavadora que tenemos en casa funcionando y que retiramos cada cierto tiempo para limpiar. A veces puede aparecer algún tornillo o arandela debajo. Nos preguntamos de dónde procederá, pero nos olvidamos pronto de esa pieza: al fin y al cabo la lavadora sigue funcionando. Puede que con el tiempo sigan apareciendo tornillos y tuercas y la lavadora haga más ruido en el centrifugado. Pero oye, pensamos, qué tontos son los fabricantes de lavadoras que, pese a todo, colocan piezas inservibles a la lavadora. Hasta que un mal día la lavadora deja de funcionar. Los tornillos, tuercas y arandelas que imaginábamos sin cometido, de los que desconocíamos su función, servían para algo. Y tal vez la pérdida de una, dos o diez de estas piezas pequeñitas no impedirían que la lavadora (que el sistema) dejase de funcionar. Pero en conjunto, su pérdida lleva a la rotura de la misma.
Leed este libro. Interesaos por el planeta. Es nuestra casa tanto como la del resto de especies que nos acompañan desde que hace unos 3500 millones de años empezamos a interactuar con el entorno y, tal vez, hacerlo idóneo para sostener la vida. No cerremos el ciclo haciéndolo inhóspito y adverso a ella.
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