E incluso ahora, a la triste edad de sesenta y seis años, noto que aún me tiemblan las rodillas cuando encuentro a alguien que aún piensa que es posible que llegue el día en que habite la tierra una gran familia feliz y pacífica: la Familia del Hombre. Si me conociese ahora a mí mismo tal como era en Milnovecientos Treintaitrés, me desmayaría de respeto y de lástima.Pájaro de celda narra las desventuras de Walter F. Starbuck, ex consejero de Nixon e implicado en los escándalos de Watergate. Tras abandonar sus ínfulas de comunista al ser nombrado Consejero de Juventud de Nixon, y siendo implicado de forma casual en el caso Watergate, Walter abandona la cárcel para reencontrarse casualmente con un antiguo amor de la adolescencia. Entretanto, nos contará su vida, el devenir de la Norteamérica desde algo antes de la mitad del siglo pasado hasta los años setenta, y todo tipo de tejemanejes políticos y sindicales en el nacimiento de los derechos de los obreros. Todo ello, eso sí, salpicado de las entrañables peripecias de personajes secundarios, familiares de Walter e historias de ciencia ficción escritas por Kilgore Trout, una caracterización-homenaje de Theodore Sturgeon (del que os recomiendo Los cristales soñadores), que ponen en relieve la calidad artística y moral de Kurt Vonnegut, nominado en dos ocasiones al Premio Nobel, aunque falleció sin que le fuese concedido tal galardón. Vonnegut, como autor de ciencia ficción, no tiene precio, ni tampoco parangón. Escribe sus novelas posmodernas con un estilo entrañable, divagando entre diversos temas que, finalmente, confluyen en un argumento sólido que elimina de un plumazo todo atisbo de incongruencia que, en principio, pudiera antojársenos.
Como apuntaba, el libro está plagado de citas memorables. Alguna de ellas viene dada por relatos del propio Kilgore Trout, y sin miedo a desvelaros nada en particular de la trama, os dejo algunos fragmentos de uno de sus cuentos, que me ha encantado, titulado Dormido en el cambio de vía. En él, Vonnegut, perdón, Trout, nos narra la llegada el periplo de Albert Einstein tras su defunción.
No podías entrar en el cielo hasta haber pasado por una revisión completa de lo bien que habías aprovechado las oportunidades financieras que Dios, por mediación de sus ángeles, te había ofrendado en la Tierra.El relato en sí es un despropósito sobre la llegada de Einstein al cielo, y la narración de cómo pudo hacerse millonario (¡ay, el materialismo exacerbado!) y no aprovechó su momento.
Einstein podría haberse hecho multimillonario si hubiese puesto una segunda hipoteca sobre su casa de Berna, Suiza, en Milnovecientos Cinco y hubiese invertido dinero en depósitos de uranio antes de decirle al mundo que E=mc2.
El gran físico, un poco desganado, asiente ante el funcionario que tiene ante sí. En todo tienen razón, no ha aprovechado su momento, pero lo que más desea es descansar. Así las cosas, le dejan pasar al cielo, y lo hace con una única pertenencia: su querido violín. Sin embargo, estando allí comienza a encontrarse con almas muy afectadas por lo que les ha dicho el auditor, a la entrada del cielo. Le da por cavilar, y se dedica a formular una serie de cálculos.
Einstein calculaba que si todos los habitantes de la Tierra hubiesen aprovechado al máximo todas sus oportunidades, y se hubiesen hecho millonarios y luego multimillonarios, etcétera, la riqueza dineraria del pequeño planeta habría sido superior al valor de todos los minerales del universo en cosa de unos tres meses. Además, no quedaría nadie para hacer trabajo útil.
Einstein cree que los auditores están estafando a la gente, y dirige una carta a Dios pidiéndole audiencia. Éste no le recibe, pero a cambio le envía una notificación a través de un arcángel loco de remate diciéndole que si no dejaba las cosas estar, le quitaría el violín para toda la eternidad.
Así que Einstein nunca volvió a hablar con nadie de los auditores. Aquel violín significaba mucho para él.
El libro está plagado de historias similares: nos hacen reír, nos estremecen por su crueldad, máxime si tenemos en cuenta que Vonnegut está reflejando una realidad no muy distinta a la que realmente se vivía hace unos decenios entre la clase obrera americana (y no digamos la de otros países). Os lo recomiendo encarecidamente. Como otras obras de Vonnegut, está escrita con un estilo bastante peculiar, pero a poco que os hagáis con él, os encantará.
Por último, a la imagen del libro le acompaña el segundo en discordia: Obi-Wan (sí, es una frikada, ¿y?), otro de nuestros felix libris silvestris, con una gran afición al posado fotográfico, que no quería ser menos que su querido amigo Lupi.
Por último, a la imagen del libro le acompaña el segundo en discordia: Obi-Wan (sí, es una frikada, ¿y?), otro de nuestros felix libris silvestris, con una gran afición al posado fotográfico, que no quería ser menos que su querido amigo Lupi.







